- Fuerzas rusas emplearon terminales Starlink integradas en drones de ataque para sostener enlaces de datos resistentes a interferencias.
- SpaceX implementó bloqueos técnicos y controles de acceso para negar ese uso ilícito.
- Autoridades ucranianas y fuentes prorrusas reconocen una degradación significativa del mando y control (C2) ruso en el frente.

Las Fuerzas Armadas de Rusia perdieron conectividad crítica de mando y control tras la decisión de SpaceX de bloquear el acceso no autorizado a la red Starlink, luego de verificarse su integración en drones de ataque empleados contra Ucrania. La medida se adoptó a fines de enero, después de que sistemas no tripulados alcanzaran objetivos en Kyiv, según autoridades ucranianas y reconocimientos públicos de blogueros militares rusos.
El asesor del Ministerio de Defensa ucraniano Serhii Beskrestnov afirmó que, tras activarse los bloqueos, la conectividad satelital desapareció de forma masiva para unidades rusas a lo largo de la línea de contacto. De acuerdo con su evaluación, Starlink se había convertido en un componente central del C2 ruso, habilitando coordinación de asaltos, ajuste de fuegos y control de drones; su interrupción produjo efectos inmediatos sobre la conducción táctica.

Según la información difundida por Kiev, Rusia había comenzado a emplear drones de ataque identificados como BM-35 y BM-36 equipados con terminales Starlink adquiridas a través de terceros países. El enlace satelital habría permitido operación a baja altitud, resiliencia frente a guerra electrónica y alcance extendido en entornos donde las comunicaciones terrestres resultan vulnerables. Aunque con cargas menores que plataformas de mayor tamaño, estos sistemas destacaron por su relación costo-efectividad.
Ante ese empleo irregular, SpaceX activó controles de acceso y geocercas técnicas para impedir la operación de terminales no autorizadas. En paralelo, el ministro de Defensa ucraniano Mykhailo Fedorov anunció la creación de una “lista blanca” de dispositivos habilitados: solo los terminales registrados bajo control ucraniano podrán operar dentro del territorio. El objetivo es preservar la conectividad propia y negar su explotación al adversario.
Las restricciones también generaron ajustes operativos del lado ucraniano. Beskrestnov reconoció incidencias puntuales en unidades que no habían registrado a tiempo sus terminales para la lista blanca, aunque indicó que el proceso de validación continúa para normalizar el servicio autorizado sin comprometer el control.
Implicancias operativas y estratégicas
Desde una perspectiva técnico-operacional, el episodio expone la dependencia de redes satelitales comerciales para C2 en conflictos de alta intensidad y la capacidad del proveedor para imponer gobernanza del acceso (listas blancas, geocercas y desactivaciones selectivas). La rápida degradación del C2 ruso tras el bloqueo sugiere déficits de redundancia de enlaces y subraya la necesidad de integrar comunicaciones militares soberanas para sostener operaciones en entornos disputados.
En términos estratégicos, el caso confirma que el control del acceso a la conectividad puede ser tan decisivo como la plataforma aérea o la carga útil. La adaptación rusa a la pérdida de Starlink —mediante enlaces alternativos, relés terrestres o satelitales propios— y la eficacia de las contramedidas ucranianas serán claves para evaluar el impacto duradero de esta interrupción en el campo de batalla.
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