
El Tronador II es el proyecto emblema de Argentina en materia de acceso al espacio. Con 20 metros de altura, 2,5 metros de diámetro y la capacidad de colocar 500 kg en órbita baja, marca la escala tecnológica a la que aspira nuestro país. Detrás del programa está la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), que lo impulsa y coordina el desarrollo, y VENG que cumple el rol de brazo tecnológico e industrial. Ese marco permite entender en qué punto se encuentra hoy su desarrollo y cuáles son los avances consolidados en áreas críticas como propulsión, aviónica y estructuras.

¿Cómo se desarrolla un lanzador?
En general, un lanzador espacial pasa por cuatro fases de desarrollo críticas, siguiendo un modelo estándar de ingeniería. La primera es la Mission Requirements Review (MRR) o definición preliminar del proyecto. En esta instancia, se establecen los objetivos generales, como capacidad, tipo de órbita y carga útil; y se identifican los requisitos técnicos y operativos.
La segunda es la Preliminary Design Review (PDR) o ingeniería preliminar del lanzador. En esta fase, se lleva a cabo el diseño inicial de sistemas críticos (propulsión, estructura, aviónica) y el análisis de viabilidad técnica y económica. Después, sigue la Detailed Design Review (DDR) o ingeniería de detalle: el desarrollo completo del diseño del lanzador, donde se especifican todos los componentes y sistemas, y se realizan pruebas en subsistemas.
Por último, se tiene la Critical Design Review (CDR) o revisión del diseño final del lanzador. En esta instancia, se realiza la aprobación para iniciar la fabricación y pruebas completas, y se valida que el diseño cumple con todos los requisitos.

¿En qué fase se encuentra el Tronador II?
El proyecto Tronador II logró avanzar significativamente en varios aspectos técnicos. Se desarrollaron propulsores y motores de combustible líquido capaces de generar 35 toneladas de empuje cada uno, un sistema de aviónica avanzado que combinaba sensores inerciales y sistemas de navegación GPS para asegurar un guiado preciso, y una estructura optimizada para soportar las fuerzas del vuelo sin un exceso de peso.
Además, se trabajó en un sistema de separación de etapas, permitiendo que las distintas fases del cohete se desprendan de manera controlada a medida que se agotaba su combustible. Luego de los avances alcanzados con el Tronador II, el proyecto sufrió un golpe significativo en 2022, cuando las restricciones presupuestarias obligaron a suspender su desarrollo formal en la fase de ingeniería preliminar (PDR). Sin embargo, esto no significó el fin del programa. VENG decidió enfocar los recursos disponibles en el desarrollo y perfeccionamiento de los sistemas de propulsión, un área crítica para cualquier lanzador espacial.
El segmento de propulsión de VENG, aún de pie
Los esfuerzos actuales están concentrados en el desarrollo de los motores de primera y segunda etapa del Tronador II. Los motores de primera etapa están diseñados para generar 35 toneladas de empuje cada uno y son de tipo regenerativo. Esto significa que utilizan un sistema de enfriamiento regenerativo donde el combustible circula alrededor de la cámara de combustión antes de ser inyectado, evitando el sobrecalentamiento y mejorando la eficiencia.
Para alimentar estos motores, se diseñó y fabricó una turbobomba compacta de alto rendimiento, capaz de entregar hasta 3.000 HP. Sin embargo, mientras que los motores fueron probados en múltiples ensayos, la turbobomba no pasó por pruebas de validación.
Los ensayos de los motores se han llevado a cabo bajo condiciones cuidadosamente controladas. Estos ensayos son considerados de alta criticidad, ya que la probabilidad de falla siempre está presente. Para minimizar riesgos, las pruebas se realizan limitando la cantidad de personal involucrado, lo que reduce la presión operativa y permite a los ingenieros concentrarse en los parámetros críticos.
Los ensayos de alta criticidad de motores
Existen dos tipos principales de ensayos. Por un lado, los ensayos de encendido, que son pruebas de corta duración, típicamente de 3 a 4 segundos. El objetivo es verificar que el motor encienda correctamente y que todos los parámetros relacionados con el encendido y apagado funcionen de manera segura. Esto incluye verificar las presiones de arranque en la cámara de combustión, monitorear el tiempo de apertura de las válvulas, tanto de combustible (queroseno) como de comburente (oxígeno líquido), y controlar los parámetros de flujo y mezcla para evitar desajustes peligrosos.
Uno de los aspectos más críticos de estas pruebas es el control del suministro de oxígeno y queroseno. Normalmente, al apagar el motor, el suministro de oxígeno debe cerrarse primero, seguido del queroseno milisegundos después. Esto garantiza que no haya acumulación de oxígeno puro en la cámara de combustión, una situación que podría provocar un sobrecalentamiento crítico, fundiendo el material de la cámara por exceso de temperatura. El ajuste preciso del encendido y apagado es, por lo tanto, fundamental para la integridad del motor.
- Por otro lado, también se tienen los ensayos de performance. Son pruebas más largas, donde el motor se mantiene encendido durante el tiempo necesario para evaluar su comportamiento en condiciones operativas reales. Aquí se monitorean la estabilidad del empuje, las temperaturas de la cámara de combustión y toberas, el consumo de combustible y eficiencia, y el comportamiento de los sistemas de enfriamiento regenerativo.
Estos ensayos son esenciales para garantizar que los motores del Tronador II puedan operar de manera confiable durante todo el vuelo.

Avances en los propulsores de segunda etapa
Además del desarrollo y prueba de los motores de la primera etapa, se han logrado avances importantes en los propulsores de segunda etapa. Se fabricó con éxito la primera cámara de empuje regenerativa mediante manufactura aditiva –impresión 3D y electrodeposición–, un hito tecnológico que reduce costos y tiempos de fabricación, además de permitir diseños más complejos y optimizados. Esta cámara está destinada al motor RS de la segunda etapa del lanzador.
Las pruebas del prototipo de este motor de segunda etapa se realizaron en las instalaciones de la empresa Valthe, en Córdoba, donde los ensayos fueron exitosos, validando su diseño y funcionalidad.
Por otro lado, también se completó la soldadura por fricción de los tanques estructurales de la primera etapa, una tecnología avanzada que garantiza una unión fuerte y sin defectos, crucial para almacenar de manera segura el queroseno y el oxígeno líquido necesarios para la propulsión.

El presupuesto 2026 y las proyecciones sobre la continuidad del proyecto
En resumen, el Tronador está en una fase de cierre de ingeniería, integración y ensayos para madurar subsistemas críticos. Esto implica que, hacia adelante, el programa va a necesitar financiamiento para, como mínimo, sostener el desarrollo, integración y ensayos de todos los componentes y sistemas que requiere el cohete.
En paralelo, el Presupuesto 2026 le otorga al proyecto unos US$ 893.000 para este período. En este contexto, la inversión es insignificativa frente a la necesidad: alcanza, como mucho, para mantener la línea viva un año más.
Si bien no hay una cifra exacta de cuánto tendría que recibir el cohete para prosperar, sí un criterio realista. Si el objetivo es llegar a un demostrador con campaña de ensayos, integración y una secuencia de vuelos que genere aprendizaje, el financiamiento tiene que ser sostenido y estar en un orden compatible con esa etapa del ciclo de vida. En términos prácticos, sería razonable pensar en algunos millones de dólares por año durante varios años, con picos cuando empiezan las pruebas integradas y los vuelos. Visto así, las cifras del Presupuesto 2026 se parecen más a un esfuerzo mínimo de continuidad que a una apuesta de avance real.
Los desarrollos que sigue realizando VENG con un mínimo de ingresos demuestra que la capacidad tecnológica está. Lo que falta es que el Estado decida apostar a que el programa prospere. Si esa decisión existe, en algún momento el presupuesto tiene que dejar de parecerse a un respirador y empezar a parecerse a un plan de vuelo. Solo así, Argentina finalmente podrá llegar al espacio con un lanzador que lleve su bandera.
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