El Ejército de Estados Unidos avanza en un proceso de transformación profunda orientado a prepararse para los escenarios de guerra del futuro, con el foco puesto en ganar la primera batalla de un eventual conflicto. Así lo planteó el secretario del Ejército, Daniel P. Driscoll, al detallar una agenda de reformas que combina modernización tecnológica, cambios institucionales y un endurecimiento de los estándares operativos como respuesta a un entorno estratégico cada vez más competitivo.

El planteo parte de una premisa central: los conflictos no se definen solo en el campo de batalla, sino mucho antes, en la capacidad de adaptación, entrenamiento y equipamiento de las fuerzas. En ese marco, Driscoll vinculó la transformación actual con las reformas impulsadas desde abril de 2025 por el presidente Donald Trump y el secretario de Defensa Pete Hegseth, orientadas a reducir la inercia burocrática y acelerar la modernización militar.
Innovación desde la trinchera: drones, software y prototipos al ritmo de la unidad
Desde el punto de vista operativo, el Ejército busca que la innovación surja directamente desde las unidades. Formaciones como la 25ª División de Infantería en Hawái o la 101ª División Aerotransportada en Fort Campbell comenzaron a emplear tecnologías de fabricación aditiva para producir drones y sistemas adaptados a misiones específicas. El objetivo es acortar los ciclos entre necesidad, diseño y empleo en combate, una lógica cada vez más relevante en entornos dinámicos y altamente disputados.
A la par, iniciativas como la Army Software Factory promueven que los propios soldados desarrollen soluciones digitales para mejorar la eficacia operativa. En la misma línea, las unidades de Transformation in Contact integran ingenieros y programadores dentro de los despliegues, permitiendo iteraciones rápidas y una retroalimentación directa entre quienes combaten y quienes diseñan las herramientas. El énfasis está puesto en reducir la distancia entre la innovación tecnológica y su aplicación real en el terreno.

En el plano institucional, el Ejército introdujo reformas en los procesos de adquisición para acelerar la incorporación de capacidades. Se delegó mayor autoridad a los responsables ejecutivos de programas y se recortaron capas burocráticas, con el fin de escalar con rapidez aquellas tecnologías que ya demostraron su utilidad. Modelos como FUZE, el esquema de financiamiento tipo venture del Ejército, buscan identificar, probar y madurar soluciones emergentes sin los plazos tradicionales de los grandes programas.
La modernización también alcanza a la producción. A través del Army Materiel Command, se expandieron capacidades de manufactura avanzada para fabricar equipos de manera orgánica, responder con rapidez a la demanda y reducir dependencias externas. Esta lógica apunta a sostener la preparación de la fuerza en escenarios donde las cadenas de suministro podrían verse tensionadas o interrumpidas.
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