
Este lunes 26 de enero, Elon Musk publicó en X que intentaría un nuevo vuelo del Starship “en 6 semanas”, seguido de un video del último despegue. Por ahora, esta es la única mención directa a ese plazo, y no viene acompañada de un anuncio formal con fecha y ventana de lanzamiento en los canales públicos de SpaceX.

El antecedente inmediato es el Starship Flight Test 11, realizado el 13 de octubre de 2025, desde Starbase, en Boca Chica, Texas. Starship repitió un perfil de misión que ya había resuelto con éxito en el vuelo 10: separación, ensayo de encendido en vuelo de un motor Raptor, pruebas del escudo térmico durante la reentrada y el despliegue de simuladores tipo Starlink. Además, la misión se coronó con dos amerizajes controlados: el Super Heay en el Golfo de México y la nave en el Índico.
La lógica iterativa, cara pero efectiva
El próximo vuelo era esperable dentro del método iterativo del Starship, donde vuelo apunta a acercarse a las dos metas grandes que habilitan operaciones reales. La primera es reutilización consistente del Super Heavy y la recuperación de la nave. La segunda es validar reentrada y protección térmica con márgenes suficientes para traer un vehículo de ese tamaño de vuelta con control fino, sin perder integridad estructural ni capacidad de maniobra.
En ese marco, Starship es la apuesta de SpaceX para sostener una alta cadencia de lanzamientos y bajar el costo por vuelo mediante reutilización. Y, en el plano estratégico, es la nave que impulsaría la arquitectura lunar norteamericana y las misiones más allá de la Luna.
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