La verdadera razón por la que Trump quiere Groenlandia: su potencial tecnológico

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Donald Trump Groenlandia Estados Unidos

Lejos de un comienzo de año tranquilo, 2026 arrancó con Estados Unidos en el medio de un nuevo cruce diplomático internacional por la soberanía territorial y los recursos estratégicos de países que no forman parte de su jurisdicción. Después de invadir Venezuela y capturar a Nicolás Maduro, generando una crisis internacional inmediata, Donald Trump apuntó contra Groenlandia. El presidente estadounidense volvió a afirmar que la isla “es parte de Norteamérica” y que ya no hay vuelta atrás sobre su decisión de tomar el control.

Después de invadir Venezuela, Donald Trump apuntó contra Groenlandia, afirmando que la isla "es parte de Norteamérica".
Después de invadir Venezuela, Donald Trump apuntó contra Groenlandia, afirmando que la isla “es parte de Norteamérica”.

La discusión sobre la incorporación de Groenlandia al régimen norteamericano no es nueva: comenzó en 2019, cuando Trump intentó, sin éxito, comprar la isla. Más recientemente, a fines de 2025, el presidente estadounidense reavivó la conversación, insistiendo con que la isla es clave para la seguridad nacional e internacional.

Según Estados Unidos, Groenlandia queda justo en el camino corto entre Eurasia y Norteamérica por el Ártico. Eso la vuelve ideal para la vigilancia espacial y control de satélites, y la alerta temprana y defensa antimisiles. De hecho, en el noroeste de la isla está la Base Pituffik Space, parte del esquema de defensa de EE.UU. y el North American Aerospace Defense Command (NORAD), donde opera un radar de alerta temprana que detecta y reporta amenazas de misiles balísticos.

Sin embargo, detrás del argumento de la seguridad, aparecen las segundas intenciones de Washington. Y es que la mayoría de las grandes intervenciones estadounidenses del último siglo terminaron orbitando alrededor de países con algún activo estratégico –petróleo, minerales, rutas comerciales, puertos, y hasta infraestructura crítica. Groenlandia no es la excepción: mientras el discurso oficial habla de las potencias asiáticas y sus misiles, los líderes de las grandes compañías tecnológicas de EE.UU. ya están invirtiendo en iniciativas que buscan explotar los minerales críticos y las tierras raras de la isla.

¿Qué tan importante son los minerales y las tierras raras en la industria tecnológica?

La denominación tierras raras hace referencia a un grupo de 17 elementos metálicos que cumplen un rol muy importante en la industria tecnológica moderna. Incluye los 15 lantánidos –del lantano (La) al lutecio (Lu) en la tabla periódica–, más el itrio (Y) y el escandio (Sc).

En general, estos elementos no suelen aparecer en nuestro planeta de forma concentrada como el cobre o el oro, sino que se encuentran más dispersos y mezclados con otros minerales, y separarlos es complejo.

Las tierras raras constituyen el punto de partida para la innovación industrial integrada, puesto que tienen cualidades únicas que permiten crear mejores imanes. La explicación está en la química: la disposición de los electrones en los elementos de tierras raras generan un mayor magnetismo. Además, ese magnetismo se ve aumentado por la anisotropía característica de estos materiales, que es la tendencia de formar estructuras internas en distintas direcciones particulares. De esta forma, los imanes producidos con tierras raras tienen alta remanencia y potencial energético, lo que se traduce en motores con mayor par y, por ende, mayor potencia. De aquí, cualquier equipo o sistema que se produzca con estos motores, será tecnológicamente superior.

El rol de Groenlandia como cantera industrial

Según el Registro Geológico de los Estados Unidos (USGS), en 2024, la producción minera de óxidos de tierras raras estuvo concentrada en 12 paises. Del total producido, estimado en 390.000 toneladas a nivel mundial, un 70% corresponde a China (unas 270.000 toneladas). En un tercer plano, un 11,5% de esa producción corresponde a Estados Unidos (unas 45.000 toneladas), y casi un 8% a Myanmar (unas 31.000 toneladas). El resto de la producción de ese período se dividió entre Australia, Nigeria, Tailandia, India, Rusia, Madagascar, Vietnam, Malasia y Brasil.

Sin embargo, según el mismo registro, las reservas internacionales en tierras raras –lo que se estima que existe y que podría extraerse con la tecnología y condiciones económicas actuales– para Groenlandia ascienden a los 1,5 millones de toneladas, de un total de 90 millones de toneladas, lo que representa un 1,7% del total mundial.

Un ejemplo de este potencial se observa en un documento de factibilidad de Kvanefjeld, un yacimiento mineral en el sur de la isla, difundido por Greenland Minerals and Energy LTD, la empresa del proyecto. Allí, la compañía resalta que el yacimiento contiene neodimio, praseodimio, europio, disprosio, terbio e itrio. Además, afirma que la empresa habla de el sitio tiene una base de 1010 millones de toneladas de mineral, conteniendo 11,14 millones de toneladas de óxidos de tierras raras, además de uranio, superando altamente las estimaciones del USGS.

Además, un reciente repaso de Reuters por los minerales de los que dispone la isla también incluye grafito, cobre, níquel, zinc, oro, diamantes, hierro, titanio, vanadio y tungsteno.

Kvanefjeld, un yacimiento mineral en el sur de Groenlandia.
Kvanefjeld, un yacimiento mineral en el sur de Groenlandia.

Los multimillonarios del ámbito de la tecnología que ya están invirtiendo en la isla

Si las razones de Estados Unidos para querer colonizar Groenlandia no son sus activos estratégicos, entonces ¿por qué los capitales del corazón tecnológico-financiero de EE.UU ya tienen apuestas privadas en la isla?

Un caso evidente es KoBold Metals, una empresa que usa inteligencia artificial para localizar y desarrollar yacimientos de metales críticos. KoBold desembarcó en Groenlandia a través del proyecto Disko–Nuussuaq, donde financió exploración para buscar níquel, cobre, cobalto y metales del grupo del platino.

La compañía está respaldada por Bill Gates, a través de Breakthrough Energy, Jeff Bezos y Michael Bloomberg, a través de Breakthrough Energy Ventures, y Sam Altman, a través de Apollo Projects. Así, mientras Trump discute soberanía en el plano diplomático, el sector privado estadounidense ya está jugando fichas sobre el subsuelo groenlandés.

De cualquier forma, el problema no es que Estados Unidos quiera explotar la industria minera de las tierras raras. Lo mismo es esperable de cualquier potencia que entienda que este es el camino a la innovación industrial integrada. El problema es que Donald Trump haya determinado que, para hacerlo, debe pasar sobre la soberanía de Groenlandia, una isla bajo jurisdicción de una nación independiente. Y que lo haga en el falso nombre la seguridad internacional, para hacerse de recursos estratégicos ajenos con impunidad.

Si la libertad y la autonomía son los pilares de la administración estadounidense, lo mínimo que puede hacer EE.UU. para desarrollar su industria es conseguir establecer una cadena de suministro a través de los canales adecuados, sin necesidad de hostigar a un país con mejores recursos que los suyos.

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