El decano de ingeniería de la UBA explica la misión del satélite argentino ATENEA que partirá rumbo a la Luna con la NASA

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Placa electrónica diseñada y fabricada por FIUBA para el satélite argentino ATENEA.
Placa electrónica diseñada y fabricada por FIUBA para el satélite argentino ATENEA.

Alejandro Martínez, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), explicó en una entrevista la misión de ATENEA, el satélite de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) que partirá rumbo al espacio con la NASA. El satélite argentino viajará a bordo de Artemisa II, la misión que volverá a llevar humanos a sobrevolar la Luna después de 53 años sin vuelos tripulados a nuestro satélite natural.

ATENEA satélite argentino de la CONAE.
ATENEA, el cubesar argentino de la CONAE, del que participó la Facultad de Ingeniería de la UBA. Fuente: CONAE.

Una órbita extremadamente alta

Según explicó Martínez en una entrevista en la Radio Con Vos (89.9), uno de los aspectos más llamativos de la misión es que ATENEA será desplegado a 70.000 km de altitud, en una órbita que supera ampliamente las ubicaciones de los satélites convencionales. En contraste, los satélites de observación terrestre, o las constelaciones como Starlink, orbitan alrededor de los 1.000 km de altitud; mientras que los geoestacionarios de telecomunicaciones se ubican a unos 36.000 km.

Además, entre los objetivos generales de misión, Martínez explica que el satélite busca validar componentes. La industria espacial nacional viene desarrollado componentes espaciales, que se prueban y certifican. Sin embargo, una nueva tendencia para abaratar costos y simplificar las misiones es utilizar componentes de industrias diversas, como la automotriz. Esos elementos deben validarse, con una historia de vuelo, para poder utilizar de forma segura en el espacio. En paralelo, ATENEA también va a medir la radiación del espacio, factor clave que afecta a los satélites, a la electrónica y equipos del espacio.

Por otro lado, el cubesat va a probar un sistema de GPS. En general, los satélites responsables de brindar servicios de GPS en la Tierra orbitan a 20.000 km de altitud. Ahora, el GPS que se evaluará estará ubicado a 70.000 km. Y, en esa línea, también se van a validar las comunicaciones, para control y transmisión de datos.

El aporte de la Facultad de Ingeniería de la UBA

En ATENEA, FIUBA fue la encargada de darle el corazón electrónico al satélite. Su contribución se centró en el desarrollo de placas de circuito impreso y electrónica asociada al manejo de energía. Este es un punto crítico para cualquier cubesat, pero particularmente sensible en una misión tripulada como Artemisa II.

Como el vuelo lleva astronautas a bordo, los requerimientos generales de seguridad de toda la misión son mucho más estrictos que en el lanzamiento de un satélite convencional. En ese contexto, no basta con que ATENEA funcione, sino que debe comportarse de manera predecible y segura en todas las fases previas al despliegue. En esa línea, FIUBA trabajó en electrónica vinculada a la preparación de las baterías antes del lanzamiento y en lógicas de control que aseguran estados seguros del sistema durante la integración y el despegue.

Placa que FIUBA diseñó y fabricó para ATENEA como parte de un módulo de seguridad y manejo de energía.
Placa que FIUBA diseñó y fabricó para ATENEA como parte de un módulo de seguridad y manejo de energía. Fuente: FIUBA.

Un reclamo igual de importante que la misión

Recientemente, el presidente Javier Milei se pronunció sobre el proyecto ATENEA a través de sus redes sociales. Al respecto, emitió un comunicado oficial en donde afirma que “el desarrollo tecnológico y la investigación en asuntos estratégicos es la prioridad de la inversión en ciencia de este Gobierno”.

En la entrevista, Martínez opinó sobre la expresión del presidente. “Me parece bien que todos coincidamos en que este es un logro positivo”, aseguró. Sin embargo, no perdío la oportunidad de hablar de un reclamo que está atravesando al sector universitario hace varios meses. “Todos en la universidad estamos de acuerdo en que en estos momentos tenemos que sacar a la luz el tema que nos afecta, que es el presupuestario. Estoy hablando fundamentalmente de los salarios”.

El decano se mostró orgulloso de los logros de la facultad pública y del trabajo de los profesionales de la universidad: “en la facultad de ingeniería de la UBA hay mucho esfuerzo y vocación”. Pero también expresó su preocupación respecto a la situación salarial.

Según Martínez, el mayor problema es que con la falta de aumentos salariales, los docentes y profesionales especializados se están yendo de las facultades públicas. “Los llaman de empresas privadas y se van, porque acá no hay presupuesto. El principal factor en todo esto es el humano, que no se consigue tan fácilmente como se compra un equipo”, aseguró.

Para el decano, ATENEA muestra dos caras de la misma moneda: la capacidad tecnológica que nace en las universidades nacionales y el desafío de sostener el capital humano que vuelve posibles misiones de alta complejidad y prestigio.

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