Los que pensaban que la órbita terrestre ya estaba saturada, no conocían los planes de China. La potencia oriental acaba de registrar dos constelaciones satelitales no geoestacionarias (NGSO) ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) que, en conjunto, suman casi 200.000 satélites.
Los registros se identifican como CTC-1 y CTC-2, y cada uno declara 96.714 satélites que estarán distribuidos en 3.660 altitudes orbitales. Se trata de una de las presentaciones más grandes reportadas hasta la fecha.
En este contexto, el rol de la UIT es administrar la coordinación internacional para que los satélites no se interfieran entre sí en radiofrecuencia y uso orbital. La primera etapa del trámite es la Advance Publication Information (API), una notificación inicial que incluye datos básicos. Luego sigue el Coordination Request, una instancia de coordinación técnica con otras administraciones que podrían verse afectadas. Y, finalmente, el uso queda registrado formalmente con la Notificación.
¿Para qué se hace el registro? ¿China ya está lista para desplegar 200.000 satélites a la órbita terrestre?
El registro de las constelaciones, más que para comenzar el despliegue, se hace para “primerear”. La idea es tener prioridad en el proceso internacional, para que Beijing salga ventajoso ante alguna disputa por el espectro o la órbita satelital. En un contexto en el que cada vez más países y actores suman nuevas constelaciones espaciales, entrar antes puede definir quien gana una dividida.
Sin embargo, para prevenir justamente que se declaren frecuencias sin desplegar los satélites luego, la UIT exige desplegar el 10% de los ejemplares en 2 años, el 50% en 5 años y el 100% en 7 años.
Ahora, luego de este primer registro, China deberá realizar el examen técnico del Radiocommunication Bureau de la UIT. Más adelante, si corresponde, se llevará a cabo la apertura de rondas de coordinación entre administraciones. Es importante comenzar con tiempo, porque el camino es largo: se puede tardar de 9 meses a 7 años en atravesar el proceso completo.
China, Estados Unidos y la carrera global por megaconstelaciones
Actualmente, China está desarrollando dos constelaciones: Guowang y Qianfan, también llamada Thousand Sails, con proyecciones de hasta 15.000 satélites cada una. Mientras tanto, SpaceX domina el escenario internacional con Starlink, que ya tenía en órbita unos 7.800 ejemplares en julio de 2025, y que proyecta llegar hasta los 42.000.
La diferencia entre la capacidad de Beijing y Washington de desplegar constelaciones a gran escala radica en dos aspectos fundamentales: la producción en masa y el medio de acceso al espacio.
En primer lugar, para poder lanzar 200.000 satélites, es claro que primero hay que poder producir 200.000 satélites. Esta parece ser, en el contexto actual, la barrera más sencilla. El avance de los buses satelitales, la posibilidad de utilizar materiales y componentes generales en el sector espacial, y los avances en infraestructura tecnológica industrial hacen que hoy, para una potencia, la producción en masa no sea un obstáculo real.
En segundo lugar, para poder poner en órbita 200.000 satélites, hay que tener un medio capaz y económicamente viable para llevarlos al espacio. Ahí es donde entra en juego una capacidad que Estados Unidos viene dominando hace tiempo: la reutilización de cohetes. Tener la posibilidad de lanzar una y otra vez el mismo vehiculo es lo que eleva el estatus de una constelación de intención a negocio.

La barrera de China: Zhuque-3 y el Long March 12A
Para superar la barrera de la reutilización, China viene desarrollando en paralelo dos alternativas que buscan competir con el Falcon 9 de SpaceX. La startup Landscape avanza con Zhuque-3, con apoyo del gobierno local, mientras que el conglomerado estatal aeroespacial CASC desarrolla el Long March 12A. Ambos programas realizaron su primer intento de vuelo en diciembre de 2025, sin embargo, ninguno logró la recuperación.
Hasta que esa capacidad esté desbloqueada, la escala de CTC-1 y CTC-2 se leerá como posición regulatoria y no como un plan industrial listo para despegar. Pero incluso así, estos registros marcan una nueva tendencia internacional en la órbita baja. Los movimientos estratégicos no están determinados únicamente por quién lanza primero, sino por quién es capaz de asegurar su lugar en el espectro antes de que el tablero orbital se llene.
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