Por Melina Blanco
La búsqueda de vida fuera de la Tierra ha sido, durante décadas, uno de los motores silenciosos de la astronomía moderna. Con el Habitable Worlds Observatory (HWO), la NASA propone que esa pregunta deje de ser un objetivo indirecto para convertirse en el eje central de su próximo gran observatorio espacial.
El HWO es el concepto de misión insignia recomendado por el Astrophysics Decadal Survey 2020 de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el documento que establece las prioridades científicas de la agencia para las próximas décadas. Su propósito es detectar y caracterizar exoplanetas potencialmente habitables alrededor de estrellas similares al Sol, con la sensibilidad necesaria para estudiar sus atmósferas en detalle.
En los últimos años, observatorios espaciales de la NASA como Kepler y TESS han demostrado que los exoplanetas son abundantes en la galaxia. Sin embargo, la mayoría de estos descubrimientos se limitan a parámetros básicos como tamaño, masa u órbita. El HWO, en cambio, estará optimizado para trabajar en infrarrojo y principalmente en el rango visible y ultravioleta cercano, una ventana espectral clave para identificar moléculas como oxígeno, ozono, vapor de agua, dióxido de carbono y metano. La presencia simultánea de algunos de estos compuestos, especialmente en desequilibrio químico, podría constituir una señal compatible con procesos biológicos.

En qué se diferencia del James Webb
Aunque el James Webb Space Telescope (JWST) ya está realizando estudios pioneros de atmósferas exoplanetarias, su diseño responde a objetivos distintos. El JWST observa mayormente en el infrarrojo y se apoya en métodos indirectos, como el análisis de tránsitos, lo que favorece el estudio de planetas grandes y calientes.
El HWO, en cambio, estará diseñado para observar directamente planetas pequeños y templados, comparables a la Tierra. Esta capacidad permitiría estudiar sistemas planetarios completos y analizar exoplanetas que no transitan frente a su estrella, ampliando de forma sustancial el tipo de mundos accesibles a la observación detallada.
Un desafío tecnológico sin precedentes
La imagen directa de un planeta tipo Tierra implica separar una señal extremadamente débil del brillo abrumador de su estrella anfitriona. Para lograrlo, el HWO dependerá de tecnologías de muy alta precisión.
Uno de los elementos centrales será un coronógrafo avanzado, capaz de suprimir la luz estelar con una precisión de hasta una parte en diez mil millones. De forma complementaria, la NASA evalúa el uso de un starshade, una estructura independiente que volaría a gran distancia del telescopio y bloquearía la luz de la estrella antes de que ingrese al sistema óptico.
A esto se suma un requisito crítico: una estabilidad óptica y térmica extrema, superior a la alcanzada por cualquier telescopio espacial previo. Sin ese nivel de control, la detección de biofirmas sería inviable.
Ciencia y estrategia a largo plazo
Más allá de su valor científico, el HWO refleja una decisión estratégica sobre el rumbo de la astronomía espacial. Desarrollar un observatorio de este tipo implica compromisos tecnológicos y presupuestarios a varias décadas, así como la definición de prioridades claras frente a otras áreas de investigación.
En ese sentido, el HWO consolida una visión en la que la búsqueda de vida se convierte en un eje central de la astrofísica del siglo XXI, al mismo nivel que lo fueron en su momento la cosmología observacional o el estudio del universo temprano.
Un cambio de perspectiva
El observatorio se encuentra todavía en una fase conceptual temprana. Durante la década de 2020, la NASA evaluará arquitecturas posibles y tecnologías críticas. El desarrollo completo del observatorio se proyectan para la década 2030, con un lanzamiento previsto para 2040.
Si el HWO logra su objetivo, podría ofrecer la primera evidencia observacional sólida de vida fuera del sistema solar. O, quizás, demostrar que los mundos como la Tierra son mucho más raros de lo que imaginamos.
En ambos escenarios, el impacto sería profundo: no solo científico, sino también cultural y filosófico. A lo largo de la historia, ciertos instrumentos han cambiado de manera irreversible nuestra visión del universo.
Copérnico no descubrió nuevos planetas, pero al proponer un sistema heliocéntrico desplazó a la Tierra del centro del cosmos. Galileo, con un telescopio rudimentario, mostró que los cielos no eran perfectos ni inmutables: lunas orbitaban otros mundos, y la Tierra no era única. Siglos después, el telescopio espacial Hubble reveló que el universo está poblado por cientos de miles de millones de galaxias, ampliando de forma radical la escala de nuestra existencia.
El Habitable Worlds Observatory podría inscribirse en esa misma tradición: no solo aportando nuevos datos, sino obligándonos a replantear, una vez más, qué lugar ocupa la humanidad en el universo.
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