El rover Perseverance de la NASA tomó una imagen en Marte que pone el foco en un protagonista decisivo del Planeta Rojo moderno: el viento. El equipo del Jet Propulsion Laboratory (JPL) compartió la fotografía más detallada hasta ahora de unas formaciones llamadas megaondulaciones eólicas, enormes olas de arena que pueden formar crestas de hasta 2 metros.
La protagonista de la escena fue denominada Hazyview. Se observa dentro de un campo de ondulaciones denominado Honeyguide, ubicado cerca del borde del cráter Jezero, la región que Perseverance explora desde que tocó suelo marciano en febrero de 2021.
La imagen muestra una superficie arenosa ondulada, con una gran cresta definida. Pero lo relevante no es solo el tamaño, sino que estas megaonedulaciones son mayormente inactivas en Marte. Esto es, a diferencia de las ondulaciones pequeñas, que migran con facilidad, estas estructuras grandes tienden a quedarse en el mismo lugar durante mucho tiempo.
Esto es muy útil para los investigadores, ya que si la arena no se reacomoda todo el tiempo, puede conservar pistas sobre vientos y condiciones atmosféricas antiguas. Es como si el paisaje guardara un registro de cómo soplaba Marte en otras etapas de su historia.

¿Por qué en Marte la arena “se pega”?
En la Tierra, el viento reorganiza los granos de arena de forma continua en zonas costeras y desiertos. En Marte, aunque su atmósfera es mucho más tenue, pasa algo parecido. El viento esculpe el planeta, erosionando rocas, generando granos del tamaño de arena y transportándolos de aquí a allá. Sin embargo, estas megaondulaciones se resisten a moverse.
El equipo del JPL plantea un mecanismo que explica este comportamiento. Cuando el agua de la atmósfera, presente en forma de humedad o escarcha, interactúa con el polvo sobre la superficie marciana, puede favorecer la formación de una costra salina, que aumentaría la cohesión entre granos. Como resultado, el viento tiene más dificultad para desplazar la arena.
Sin embargo, no todas las megaondulaciones están completamente estáticas. En Marte ya se observaron indicios de movimiento en algunos casos, lo que abre una nueva hipótesis. Tal vez eventos raros de vientos muy fuertes logran erosionar esas costras, modificando la superficie.
Para estudiar mejor este fenómeno, Perseverance se desplazó hacia el campo Honeyguide y allí analizó Hazyview. Según el comunicado de la NASA, el rover acumuló más de 50 observaciones usando varias de sus herramientas, para entender cómo se forma la ondulación y evaluar si está tan latente como se cree.
¿De qué sirve estudiar las megaondulaciones de Marte?
En primer lugar, si las megaondulaciones de Marte están inactivas, guardan un registro valioso del clima y los vientos recientes. Si pueden reactivarse, entonces el Planeta Rojo todavía puede moldear su superficie de manera más dinámica de lo que asumíamos.
Además, la química y la cohesión del suelo son fundamentales en la exploración espacial, porque condicionan la operaración en superficie. Afectan la tracción de vehículos, el comportamiento del polvo alrededor de equipos y hasta la accesibilidad de recursos para uso local, como el regolito. Entender qué tan estática o móvil es la arena marciana es parte de diseñar cómo se podría trabajar allá.
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