El Centro de Ensayos de Alta Tecnología SA (CEATSA), creado en 2010 como una sociedad entre INVAP y ARSAT para probar satélites y equipos de alta complejidad, fue puesto en proceso de liquidación por la Agencia de Transformación de Empresas Públicas. La medida implica la suspensión inmediata de sus servicios y marca el cierre de uno de los hitos más ambiciosos de la política espacial argentina.
El centro, ubicado dentro del predio de INVAP en Bariloche, había demandado una inversión cercana a los US$ 40 millones. Su construcción respondía la necesidad de contar con un laboratorio nacional capaz de ensayar satélites de última generación, sin depender de costosos traslados al exterior. Desde su inauguración, en septiembre de 2013, se transformó en un espacio único en Sudamérica y un verdadero orgullo para la ciencia y la tecnología argentinas.

Durante más de una década, CEATSA fue escenario de ensayos decisivos para proyectos que hoy forman parte de la memoria tecnológica del país. Por allí pasaron el ARSAT-2, los dos satélites de observación SAOCOM y el satélite ambiental SABIA-Mar, todos evaluados en condiciones que reproducían con precisión el desafío del espacio: vibraciones en los tres ejes, ruidos de hasta 141 decibeles, variaciones térmicas extremas y la exposición al vacío en cámaras de termovacío. También se realizaron mediciones en cámaras anecoicas, fundamentales para garantizar el correcto desempeño de las antenas.
Cada uno de estos ensayos representaba un paso más en la consolidación de la soberanía tecnológica argentina. Que hoy ese centro cierre sus puertas implica, en los hechos, la pérdida de una herramienta que permitió al país mirar al espacio con independencia.
De la inversión millonaria a la liquidación
El año pasado, INVAP ya había anticipado que el cierre de CEATSA respondía a una “optimización administrativa”. Desde entonces, el gobierno nacional y ARSAT mantienen un convenio para alquilar las instalaciones a terceros, aunque hasta ahora no se registraron avances concretos en esa línea. Se barajó la posibilidad de aplicar el complejo a sectores como la telefonía o la industria automotriz, pero el futuro del predio sigue sin definirse.
El cierre no solo deja a INVAP sin un socio estratégico para consolidar el desarrollo satelital. También pone en cuestión la continuidad de una política espacial que había encontrado en Bariloche un polo de referencia y proyección.

El orgullo de Bariloche que se apaga
CEATSA fue concebido en 2010 y comenzó a operar en 2012. Estaba compuesto en un 80% por capital de ARSAT y en un 20% por INVAP. Durante años, su existencia aseguró que los satélites argentinos pudieran validarse en territorio nacional, sin depender de terceros países.
La liquidación del centro no significa que la infraestructura desaparezca. Las cámaras de termovacío, los sistemas de vibración o las salas anecoicas continúan en Bariloche. Lo que se pierde es la estructura organizada que garantizaba su operación, la continuidad de un equipo especializado y la disponibilidad inmediata para proyectos espaciales.
Sin una entidad que gestione y sostenga esas capacidades, Argentina vuelve a quedar atada a la posibilidad de contratar ensayos en el extranjero, con costos elevados y pérdida de autonomía. Más que el cierre de un edificio, la disolución de CEATSA implica resignar una herramienta que había fortalecido la soberanía tecnológica y que convirtió al país en un actor de peso en la región.
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