Más del 40% de los participantes en expediciones recientes de investigación en la Antártida reportaron haber sufrido agresión o acoso sexual, según una encuesta realizada por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF). Los resultados exponen la vulnerabilidad de quienes trabajan en entornos extremos y ponen en evidencia un problema con implicancias más allá del continente helado.
Por sus características de aislamiento y confinamiento, la infraestructura en la Antártida se consideran un escenario comparable a una nave espacial o a una base en la Luna o Marte. Estos entornos se definen como ICE (entornos aislados, confinados y extremos), que incluyen submarinos, estaciones polares y hábitats espaciales. Décadas de estudios han demostrado que la supervivencia y el desempeño en estas condiciones dependen tanto de la preparación técnica como de la capacidad de los equipos para gestionar dinámicas interpersonales, liderazgo y salud mental.
La NASA y otras agencias espaciales han utilizado investigaciones en ambientes polares para diseñar programas de entrenamiento. Astronautas de la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, realizan simulaciones en cuevas, hábitats submarinos y zonas remotas antes de sus misiones. Durante los vuelos espaciales, los tripulantes consultan regularmente con psicólogos y disponen de días dedicados al descanso y a actividades personales para preservar la salud mental. El antecedente antártico sugiere que los mismos problemas sociales podrían trasladarse a futuras colonias lunares o marcianas si no se abordan a tiempo.

Resultados y repercusión de la encuesta
El relevamiento de la NSF incluyó a 2.760 personas vinculadas a la Oficina de Programas Polares entre 2022 y 2024, de las cuales 679 completaron la encuesta.
- En el inventario de victimización, respondido por 521 personas, el 40,7% declaró haber sido víctima de agresión o acoso sexual. El 59% de esas víctimas fueron mujeres. En el inventario de testigos, con 572 respuestas, casi el 70% aseguró haber presenciado incidentes de este tipo, y el 44,5% indicó que no se trató de hechos aislados sino de problemas recurrentes.
La NSF clasifica los casos en cuatro categorías: acoso sexual y acecho, atención sexual no deseada, coerción sexual y agresión sexual.
La situación en la Antártida ya había sido objeto de investigación por parte del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes. Tras un informe de 2022 que denunciaba incidentes en el Programa Antártico de Estados Unidos (USAP), el comité concluyó en 2024 que existían “graves deficiencias” en la gestión de la NSF. Desde 2017, este organismo también ha investigado problemas de acoso y exclusión en programas científicos federales.
La respuesta institucional
La NSF aseguró que los resultados servirán para rediseñar políticas internas y reforzar mecanismos de prevención. Entre las medidas ya aplicadas se incluyen el registro sistemático de incidentes y la capacitación en intervención de testigos. Además, la oficina de programas polares dispone de un portal específico para asistencia y denuncias. “El objetivo es garantizar la mejora continua basada en experiencias reales”, señaló un portavoz de la fundación.
Sin embargo, el informe aparece en un contexto de incertidumbre presupuestaria. Tanto la NSF como la NASA han enfrentado amenazas de recortes por parte de la administración Trump, en paralelo con cuestionamientos a programas de diversidad, equidad e inclusión. Esto genera dudas sobre la capacidad de la NSF para implementar medidas sostenidas de prevención y seguimiento.
Las conclusiones del reporte enfatizan la necesidad de reducir la victimización, aumentar la denuncia formal e informal, promover la intervención activa de testigos y fortalecer la participación de supervisores en la prevención. También subrayan la importancia de modificar normas culturales que sostienen conductas problemáticas y de reconocer tempranamente comportamientos que pueden derivar en agresión.
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