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No cabe ninguna duda de que, en el siglo XX, Estados Unidos se terminó imponiendo sobre la Unión Soviética en la ya conocida carrera espacial.

Durante un tiempo, Moscú llevó la delantera gracias a hitos como el que logró Yuri Gagarin en 1961, cuando se convirtió en el primer hombre en ir al espacio y orbitar alrededor de la Tierra. 

Sin embargo, EE.UU. y la NASA dieron el golpe final el 20 de julio de 1969, cuando la misión Apolo 11 llegó a la Luna y Neil Alden Armstrong se convirtió en el primer ser humano en caminar sobre el satélite natural.

Pero más de 50 años después de esa cruzada, EE.UU. nuevamente se encuentra en una carrera espacial, pero esta vez con otro gigante asiático: China.

Pekín planea enviar seres humanos a la Luna en 2030 y para Bill Nelson, administrador de la NASA, “China tiene un plan muy agresivo (…) Creo que les gustaría aterrizar antes que nosotros, porque eso podría darles algún golpe de relaciones públicas. Pero el hecho es que no creo que lo hagan”.

Con estas declaraciones, Nelson volvió a dejar en claro que hay una importante competencia entre Washington y Pekín para ver quién llegará primero a la Luna en el siglo XXI.

¿La NASA lleva la delantera?

Hasta el momento, se cree que nuevamente Estados Unidos llegará primero a la Luna. Sin embargo, los tiempos han cambiado y la NASA ya está sufriendo las consecuencias.

A diferencia de lo que ocurrió el siglo pasado, donde la NASA se encargaba de toda la logística y además era dueña de sus cohetes, ahora la agencia norteamericana se está asociando con empresas privadas, como SpaceX, para reducir los costos de sus misiones.

Pero el problema es que estas empresas estadounidenses deben adquirir una experiencia y una cultura espaciales que a la NASA, a la que nunca le faltaron recursos económicos, le llevó décadas desarrollar.

En este sentido, aunque la NASA y sus socios tenía un cronograma claro, diversos retrasos de las empresas han obligado a la agencia espacial a posponer sus planes de enviar astronautas a orbitar la Luna este año, algo que ahora no sucederá hasta septiembre de 2025.

Además, como consecuencia de este último, la NASA tampoco podrá enviar astronautas para alunizar sobre el satélite, como mínimo, hasta septiembre de 2026, un año después de lo planeado.

Imagen tomada durante la misión Apolo 11.

Un importante revés

La NASA tuvo un importante revés esta semana, cuando se confirmó que el módulo Peregrine, de la empresa Astrobotic, sufrió una pérdida de combustible que le impedirá llegar a la Luna.

Antes de enviar astronautas al satélite, los países planean lanzar primero varias misiones robóticas más pequeñas para examinar la superficie de la Luna. En esta línea, Peregrine llevaba siete instrumentos de la NASA destinados a inspeccionar el satélite.

Sin embargo, la buena noticia es que otras tres misiones lunares privadas, patrocinadas por la NASA, están previstas para este año. Entre ellas se destaca la de Intuitive Machines, con su módulo Nova-C, que se llevará a cabo en febrero.

China quiere tomar la delantera

Mientras tanto, China ya confirmó que este año lanzará una misión automatizada para recuperar muestras en la cara oculta de la Luna, lo que sería un hecho sin precedentes.

La propia China, que en diciembre de 2013 logró alunizar por primera vez con su nave no tripulada Chang’e-3, fue el primero país en llegar a la cara oculta de la Luna, hito que logró en enero de 2019 cuando Chang’e-4, también sin tripulación, aterrizó allí.

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