El retiro del Falcon 9 preocupa a la Fuerza Espacial de EE.UU. y complica los lanzamientos militares

La compañía de Elon Musk prepara una transición hacia Starship, pero el nuevo cohete todavía no está listo para sustituir todas las misiones del Falcon 9. La Fuerza Espacial de EE.UU. ya encontró dificultades para contratar el lanzamiento de tres misiones militares, en medio de los retrasos de otros fabricantes.

El retiro del Falcon 9 preocupa a la Fuerza Espacial de EE.UU. y complica los lanzamientos militares.

La Fuerza Espacial de Estados Unidos enfrenta dificultades para garantizar el lanzamiento de sus próximos satélites militares ante los planes de SpaceX de retirar progresivamente el Falcon 9 y reemplazarlo con Starship. Según una investigación publicada este 22 de octubre por Business Insider, basada en información de Politico, el organismo intentó contratar el lanzamiento de tres futuras misiones, pero SpaceX no presentó ofertas y tampoco consiguió propuestas de otros proveedores.

El problema refleja la dependencia estadounidense de SpaceX, que concentró aproximadamente el 85% de los lanzamientos orbitales realizados desde Estados Unidos durante 2025. El Falcon 9 se convirtió en el principal vehículo para colocar satélites comerciales, científicos y militares en órbita, pero la compañía pretende trasladar progresivamente sus operaciones a Starship, un sistema mucho más grande y completamente reutilizable que todavía se encuentra en desarrollo.

Estados Unidos tiene dificultades para encontrar reemplazos del Falcon 9

Las tres misiones militares que no consiguieron ofertas forman parte del programa National Security Space Launch (NSSL), mediante el cual la Fuerza Espacial contrata lanzamientos para colocar sus satélites en órbita. Dos de ellas corresponden a la Agencia de Desarrollo Espacial (SDA), responsable de construir una constelación de satélites militares para comunicaciones, vigilancia y detección de misiles.

El problema sería que SpaceX decidió no presentar propuestas para estas misiones y ninguna otra empresa ofreció sus cohetes. No se conocen públicamente las fechas previstas para los lanzamientos ni los detalles de la tercera misión.

El general de brigada Eric Zarybnisky, responsable interino de adquisiciones de acceso al espacio de la Fuerza Espacial, reconoció que la incorporación de nuevos proveedores podría generar dificultades temporales. Sin embargo, sostuvo que el organismo está trabajando con las empresas y no considera que existan misiones cuya ejecución esté definitivamente comprometida.

La situación se ve crítica si se contrasta con el rol crítico del Falcon 9 dentro del programa espacial militar estadounidense. En julio, la Fuerza Espacial adjudicó a SpaceX contratos por US$ 1.600 millones para realizar 18 lanzamientos con este cohete antes de finalizar 2027. Las misiones están destinadas a desplegar satélites de vigilancia y adquisición de objetivos desde la base de Vandenberg, en California.

Si bien el Falcon 9 continuará operando durante los próximos años, la incertidumbre se concentra en su disponibilidad para nuevos contratos a largo plazo, especialmente después de 2028, cuando SpaceX prevé reducir su oferta comercial mientras incrementa la utilización de Starship.

El Flight 13 de Starship se llevó a cabo el 24 de julio de 2026, desde Starbase, Texas, y tuvo un éxito parcial. Crédito: SpaceX.

Por qué Starship todavía no puede reemplazar al Falcon 9

SpaceX desarrolla Starship para transportar cargas mucho mayores que las del Falcon 9 y reducir los costos mediante la reutilización completa de sus dos etapas. La empresa pretende utilizarlo para desplegar satélites Starlink, transportar grandes cargas a la órbita terrestre y realizar futuras misiones hacia la Luna y Marte.

Sin embargo, reemplazar al Falcon 9 no depende únicamente de disponer de un cohete más potente. Starship todavía debe completar su desarrollo, demostrar una capacidad operacional confiable y adaptarse a los requisitos de los distintos satélites militares.

Una de las dificultades está relacionada con la integración de las cargas útiles. Los satélites diseñados para viajar en Falcon 9 utilizan determinadas interfaces mecánicas, sistemas de separación y configuraciones de lanzamiento. Starship tendrá una arquitectura diferente, por lo que trasladar algunas misiones podría exigir modificaciones en los satélites o desarrollar nuevos sistemas de integración.

Además, los lanzamientos militares requieren procedimientos específicos de certificación, seguridad y verificación de confiabilidad. Aunque Starship alcance su capacidad orbital prevista, deberá demostrar que puede cumplir esos requisitos antes de reemplazar al Falcon 9 en determinadas operaciones de seguridad nacional.

La Fuerza Espacial también deberá coordinar sus necesidades con los proyectos de la propia SpaceX, que pretende utilizar gran parte de la capacidad de Starship para desplegar sus sistemas satelitales.

Los competidores de SpaceX todavía no ofrecen una alternativa suficiente

Estados Unidos cuenta con otros fabricantes de cohetes, pero varios enfrentan dificultades para aumentar su frecuencia de lanzamiento y atender la demanda militar.

United Launch Alliance (ULA) desarrolla y opera el Vulcan Centaur, un cohete concebido para sustituir a los Atlas V y Delta IV en misiones comerciales y gubernamentales. Sin embargo, el vehículo sufrió problemas técnicos y demoras que obligaron a la Fuerza Espacial a modificar parte de su calendario.

En marzo de 2026, por ejemplo, el organismo decidió transferir a SpaceX el lanzamiento de un satélite GPS III originalmente asignado a Vulcan, mientras continuaba la investigación de una anomalía en sus propulsores de combustible sólido.

Blue Origin también busca competir con su cohete pesado New Glenn, pero el programa sufrió contratiempos que limitaron su disponibilidad. Ambas empresas forman parte de los contratos de lanzamiento de seguridad nacional, aunque todavía deben consolidar la capacidad necesaria para asumir una mayor cantidad de misiones.

A estas alternativas se suman Rocket Lab, Stoke Space y Relativity Space, que trabajan en nuevos vehículos de lanzamiento. Sus desarrollos podrían ampliar la oferta estadounidense durante los próximos años, pero todavía necesitan completar pruebas y demostrar operaciones confiables antes de asumir misiones militares exigentes.

La Fuerza Espacial intentó diversificar sus proveedores mediante contratos de distintas categorías, para permitir que empresas emergentes compitan por misiones menos complejas. En julio de 2026 incorporó nuevos participantes al programa NSSL, aunque obtener un contrato no significa que sus cohetes ya estén disponibles para operar.

El problema inmediato es que Estados Unidos depende de un lanzador que SpaceX pretende reemplazar, mientras sus competidores todavía no cuentan con suficiente capacidad para absorber toda la demanda.

La transición hacia Starship podría ampliar considerablemente las posibilidades de acceso al espacio cuando el sistema alcance su madurez operativa. Pero, hasta entonces, la Fuerza Espacial deberá garantizar la continuidad de los lanzamientos militares existentes y definir cómo contratar nuevas misiones sin depender de la disponibilidad futura de un único fabricante.

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