La inteligencia militar ucraniana publicó un informe sobre los módulos de navegación Kometa, utilizados por Rusia para mantener la precisión de sus armas frente a la guerra electrónica. El relevamiento revela una importante dependencia de tecnología extranjera, incluso en sistemas producidos bajo sanciones internacionales.
La inteligencia militar de Ucrania identificó 28 componentes electrónicos de origen estadounidense entre las 37 piezas extranjeras documentadas en los sistemas de navegación rusos Kometa, utilizados en misiles, drones y bombas guiadas para resistir interferencias electrónicas. La información fue publicada el 19 de octubre por la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania (GUR), que también identificó empresas y equipos industriales relacionados con su fabricación.
El hallazgo revela la dependencia de la industria militar rusa de componentes extranjeros para producir una tecnología fundamental en el campo de batalla: los sistemas de navegación resistentes a las interferencias. Aunque Rusia fabrica e integra estos equipos, parte de su capacidad para mantener la precisión de sus armas depende de microelectrónica desarrollada fuera del país, especialmente en Estados Unidos.
Los componentes estadounidenses encontrados en los sistemas rusos
El informe ucraniano identifica 37 componentes electrónicos extranjeros utilizados en los módulos Kometa, de los cuales 28 corresponden a fabricantes estadounidenses. Los restantes proceden de Japón, China, Suiza y Taiwán. Entre las empresas identificadas aparecen Altera, Analog Devices, Micron y Texas Instruments, fabricantes de circuitos integrados y otros componentes utilizados en numerosas aplicaciones civiles e industriales.
Los módulos Kometa se utilizan en una amplia variedad de armamento ruso, incluidos los drones de ataque Geran-2, basados en el diseño iraní Shahed-136; los misiles balísticos Iskander-M; los misiles aerobalísticos Kinzhal y las bombas convencionales equipadas con kits de guiado UMPK. También se identificaron en drones de reconocimiento como los Orlan-10. En todos estos sistemas, su función es mejorar la recepción de señales de navegación satelital frente a las interferencias electrónicas.
Uno de los elementos más importantes es el procesador programable Cyclone de Altera, una tecnología utilizada para procesar las señales recibidas por las antenas. El organismo ucraniano también destacó convertidores de señales y circuitos de radiofrecuencia de Analog Devices y su marca Linear Technology. Estos componentes intervienen en el procesamiento de la información necesaria para distinguir señales legítimas de interferencias.
La investigación no se limitó a las piezas electrónicas. También identificó 28 empresas vinculadas con la producción y el suministro de los módulos Kometa, además de 13 equipos industriales extranjeros utilizados en su fabricación. Según la inteligencia ucraniana, el principal fabricante es VNIIR-Progress, una empresa rusa que trabaja con proveedores e intermediarios nacionales y chinos.
El origen estadounidense de un componente no significa necesariamente que haya sido vendido directamente a Rusia ni que su fabricante conociera el destino final. Las restricciones comerciales pueden eludirse mediante intermediarios, distribuidores y circuitos de reexportación. Sin embargo, el informe público no permite reconstruir individualmente la trayectoria comercial de cada pieza identificada.
Cómo funciona Kometa y por qué es importante para los misiles rusos
Kometa es un sistema de navegación diseñado para mejorar la resistencia de misiles, drones y bombas guiadas frente a la guerra electrónica. Su función es permitir que estas armas continúen recibiendo señales de posicionamiento satelital cuando el enemigo intenta bloquearlas o alterarlas.
Los sistemas de navegación por satélite, como GPS y GLONASS, utilizan señales de radio que llegan desde el espacio con una potencia muy baja. Por eso pueden verse afectados por equipos de interferencia que emiten señales más intensas para impedir que el receptor determine correctamente su posición. Otra técnica, conocida como spoofing, consiste en transmitir señales falsas para provocar errores de navegación.
Para reducir estas amenazas, Kometa utiliza una tecnología denominada CRPA, basada en un conjunto de antenas que reciben y procesan las señales desde distintas direcciones. Mediante circuitos electrónicos y algoritmos de procesamiento, el sistema puede identificar la dirección de determinadas interferencias y reducir su influencia sobre la recepción satelital.
La cantidad de antenas es uno de los factores que determina su capacidad de respuesta. Según la inteligencia ucraniana, Rusia ya utiliza ampliamente versiones Kometa con 16 elementos y trabaja en la producción de modelos con 20, mientras que también se ha identificado el empleo de configuraciones de 32 antenas fabricadas mediante cooperación industrial china y rusa.
Esta evolución forma parte de la competencia tecnológica entre Rusia y Ucrania. Mientras las fuerzas ucranianas desarrollan y utilizan sistemas para interferir la navegación de las armas rusas, Moscú incorpora receptores más sofisticados para mantener su funcionamiento en entornos donde las señales satelitales están sometidas a ataques electrónicos.
Sin embargo, disponer de más antenas no garantiza inmunidad frente a cualquier interferencia. El desempeño también depende de su distribución, la electrónica de procesamiento, los algoritmos utilizados y las características de la señal enemiga.
La dependencia tecnológica de Rusia y el impacto de las sanciones
El informe expone una dificultad para la industria militar rusa: algunos de los componentes necesarios para fabricar estos sistemas son difíciles de sustituir con alternativas nacionales.
La inteligencia ucraniana sostiene que VNIIR-Progress busca constantemente nuevos proveedores y reemplazos para los productos de Altera y Analog Devices, debido a las dificultades de abastecimiento provocadas por las sanciones y los controles de exportación.
Al mismo tiempo, el organismo afirma que los pedidos de módulos Kometa destinados a la industria militar rusa durante 2026 superan ampliamente las 100.000 unidades, considerando sus distintas configuraciones. Se trata de pedidos reportados, no de una cantidad verificada de sistemas terminados o desplegados.
El dato permite dimensionar el papel que desempeña esta tecnología en el armamento ruso. Kometa no es un componente exclusivo de un misil determinado, sino una familia de sistemas de navegación que puede integrarse en diferentes plataformas, desde drones de ataque hasta misiles balísticos y de crucero.
La dependencia de electrónica extranjera no implica que Rusia sea incapaz de fabricar estos módulos, como demuestra su utilización. Pero sí identifica una posible vulnerabilidad en su cadena de suministro: la dificultad para obtener determinados circuitos podría condicionar los costos, los tiempos de producción o la disponibilidad de algunas versiones.
La publicación de Ucrania aporta así información sobre dos dimensiones de la guerra tecnológica. Por un lado, muestra cómo Rusia adapta sus sistemas de navegación para enfrentar las contramedidas electrónicas ucranianas. Por otro, identifica los componentes y proveedores extranjeros que intervienen en esa capacidad, en un momento en que los controles de exportación buscan restringir el acceso de la industria militar rusa a tecnologías avanzadas.
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