Astrónomos encuentran la primera estrella verde del Universo: está a 280 años luz y su color se debe a restos planetarios

Astrónomos encuentran la primera estrella verde del Universo: está a 280 años luz y su color se debe a restos planetarios.

Astrónomos encuentran la primera estrella verde del Universo: está a 280 años luz y su color se debe a restos planetarios.

Un equipo de astrónomos liderado por la Universidad de Warwick, en Reino Unido, identificó la primera estrella verde observada: su luz se percibiría verde para el ojo humano, un color sin antecedentes entre las estrellas conocidas. Se trata de WD J1330+6435, una enana blanca situada a unos 280 años luz de la Tierra, en la constelación de Draco. Su apariencia está relacionada con restos rocosos de su sistema planetario que incorporaron sodio a su atmósfera. El hallazgo se realizón con el forma parte de una investigación publicada en el repositorio RAS Techniques and Instruments, que también describe remanentes estelares con tonalidades rosadas, violetas y cian.

El telescopio Sloan de 2,5 metros, en el Observatorio Apache Point (EE. UU.), obtuvo los espectros utilizados en el estudio. Su instrumentación permite descomponer la luz estelar para analizar su composición química.

Las enanas blancas son los núcleos que quedan cuando estrellas como el Sol «mueren», es decir, agotan su combustible y expulsan sus capas exteriores. Estas luminarias concentran una masa muy grande en una estrella muy pequeña: su masa es comparable con la del Sol, y su tamaño es similar al de la Tierra. Y si bien ya no mantienen la fusión nuclear que alimentaba a la estrella, conservan calor y continúan brillando mientras se enfrían durante miles de millones de años.

En la mayoría de las estrellas, la temperatura determina el color. Generalmente, las más frías presentan tonos rojizos o anaranjados y las más calientes, azulados. Sin embargo, en algunas enanas blancas, la composición y la densidad atmosféricas modifican esa relación.

La estrella verde y el espectro visible

WD J1330+6435 tiene una temperatura de unos 4.000 °C y una atmósfera compuesta principalmente por helio. También contiene sodio, calcio y litio que llegaron con los restos rocosos de su sistema planetario que cayeron sobre ella.

Su atmósfera es tan densa que las partículas interactúan constantemente entre sí, modificando qué colores de la luz absorben. En estas condiciones, el sodio absorbe una parte importante de los amarillos, naranjas y rojos, mientras que el calcio absorbe luz violeta. Al atravesar esa atmósfera, la luz pierde parte de esos colores y la mezcla restante se percibe verde amarillenta.

La estrella sigue emitiendo luz de distintos colores, pero su atmósfera cambia la proporción que logra salir de cada uno. Este efecto ocurre en condiciones extremas: en las enanas blancas más frías, la atmósfera puede alcanzar una densidad similar a la del agua líquida.

Para determinar esa apariencia, el equipo encabezado por el astrofísico Mark Hollands combinó espectros observados y modelos de atmósferas estelares con cálculos de la respuesta del ojo humano. Un espectro separa la luz según su longitud de onda y permite conocer cuánto aporta cada región del visible.

A partir de esa distribución, los investigadores calcularon el color resultante y cómo representarlo en una pantalla. Por lo tanto, el resultado describe cómo se percibiría la luz de estos objetos al observarlos suficientemente cerca.

Por su parte, el estudio advierte que el espectro de WD J1330+6435 presenta ruido, lo que introduce incertidumbre en el matiz exacto, aunque distintos modelos respaldan su apariencia verdosa. También identifica otras dos enanas blancas con verdes más pálidos.

Diagramas cromáticos qie muestran cómo cambia el color de las estrellas según su temperatura y composición atmosférica. En algunas enanas blancas, ciertos elementos absorben parte de la luz y producen tonalidades poco habituales, como el verde. Crédito: Mark A. Hollands, Boris T. Gänsicke, Pier-Emmanuel Tremblay, Detlev Koester.

La investigación examinó además una muestra de 151 enanas blancas ubicadas a menos de unos 65 años luz de la Tierra. Cinco presentaron colores inusuales: dos amarillas y tres rosadas, una proporción cercana a una de cada treinta. Entre los casos destacados aparece WD J1011+2845, situada a 48 años luz, que podría ser la estrella de apariencia más roja conocida. En ella, las corrientes internas transportan carbono hacia la superficie, donde forma moléculas que absorben parte de la luz y producen un tono rosa salmón intenso.

Estos resultados muestran que el color también puede revelar procesos diferentes: la incorporación de restos planetarios desde el exterior o el ascenso de material desde el interior estelar.

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