El 7 de octubre de 2018, Argentina lanzó el SAOCOM 1A, uno de los satélites más complejos desarrollados por su industria espacial. Hace ocho años, un cohete Falcon 9 despegó desde California con una tecnología poco habitual para la observación de la Tierra: un enorme radar para obtener información de la superficie de día, de noche y bajo cualquier condición climática. Ocho años después de aquel lanzamiento, el satélite continúa formando parte de la constelación SAOCOM 1 y produciendo información destinada, entre otras aplicaciones, al sector agropecuario, el monitoreo ambiental y la gestión de emergencias. Su misión marcó además un salto tecnológico para el programa espacial argentino al incorporar por primera vez un radar de apertura sintética en banda L.
Un lanzamiento desde California
El SAOCOM 1A se lanzó el domingo 7 de octubre de 2018 desde la Base Vandenberg, en California, Estados Unidos. El encargado de llevarlo al espacio fue un cohete Falcon 9 Block 5 de SpaceX, que colocó al satélite en una órbita terrestre baja.
Una vez separado del lanzador, comenzó una delicada secuencia de puesta en funcionamiento. Primero se desplegaron los paneles solares y posteriormente las dos alas de su enorme antena radar, una estructura que había permanecido plegada durante el lanzamiento para soportar las vibraciones y cargas del despegue. Las operaciones se supervisaron desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT) de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), en Córdoba, junto con distintas estaciones terrestres distribuidas alrededor del mundo.
La CONAE desarrolló el satélite con participación de numerosas instituciones y empresas del sistema científico y tecnológico argentino. INVAP fue contratista principal y estuvo a cargo de la plataforma satelital, mientras que la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) participó, entre otros trabajos, en los paneles solares y en componentes de la antena radar. También participaron VENG y decenas de organismos, universidades y empresas nacionales.
Un radar de 35 metros cuadrados mirando hacia la Tierra
La principal característica del SAOCOM 1A se encuentra en su instrumento SAR (Radar de Apertura Sintética), que opera en banda L. A diferencia de un satélite equipado con cámaras ópticas, que toma fotografías de la Tierra, el SAOCOM no necesita utilizar la luz del Sol para observar la superficie. Su radar emite señales –pulsos de microondas– hacia la Tierra, que rebotan en la superficie y regresan al satélite. Las señales «rebotan» distinto según las características de la superficie –si se trata de agua, vegetación, o distintos tipos de suelo–, y a partir del análisis de estas ondas se confeccionan imágenes de la Tierra.
El hecho de utilizar radar y no cámaras ópticas hace que el satélite pueda trabajar tanto de día como de noche. Además, las señales pueden atravesar la cobertura de nubes o condiciones ambientales como humo, algo especialmente importante cuando se necesita observar una región durante una inundación, una tormenta, un incendio o cualquier situación en la que una cámara convencional podría quedar limitada.
Para hacerlo utiliza una antena desplegable de 35 metros cuadrados, formada por siete paneles. El satélite tiene una masa cercana a los 3.000 kg y opera a unos 620 kilómetros de altura. Su radar está diseñado especialmente para estudiar propiedades del suelo y generar productos que puedan transformarse posteriormente en información útil para distintos sectores.
Uno de los productos más importantes de la misión son los mapas de humedad del suelo. Con ellos es posible conocer la cantidad de agua presente en las capas superficiales del terreno, información que puede utilizarse para planificar siembras, riego o fertilización y para evaluar condiciones que favorecen determinadas enfermedades en los cultivos.
Sin embargo, sus aplicaciones son mucho más amplias. Las imágenes radar también permiten monitorear inundaciones, detectar zonas extremadamente secas asociadas al riesgo de incendios, estudiar glaciares, analizar desplazamientos del terreno e incluso colaborar en la detección de derrames de hidrocarburos sobre el mar.
De un satélite a una constelación
El SAOCOM 1A fue sólo la primera mitad de una misión mayor. El 30 de agosto de 2020 se lanzó el SAOCOM 1B, exactamente igual a su par, completando la constelación SAOCOM 1.
Ambos trabajan además en cooperación con los satélites italianos COSMO-SkyMed dentro del Sistema Ítalo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE). Esta constelación global permite disponer de observaciones realizadas con distintas tecnologías de radar y aumentar la frecuencia con la que pueden estudiarse determinadas regiones.
Ocho años después
Actualmente, el SAOCOM 1A continúa formando parte de la constelación operativa SAOCOM 1 junto al SAOCOM 1B. La CONAE mantiene planes sistemáticos de adquisición organizados en ciclos orbitales de 16 días, a los que también pueden sumarse pedidos específicos de usuarios. En septiembre de 2025, el organismo presentó incluso un nuevo visor destinado a consultar las adquisiciones programadas de ambos satélites.
A ocho años de aquel despegue desde California, el SAOCOM 1A continúa así cumpliendo el objetivo para el que fue construido: convertir una compleja tecnología espacial desarrollada en Argentina en información concreta sobre lo que ocurre sobre la superficie terrestre.
Su importancia no está solamente en haber logrado colocar en órbita un satélite de 3.000 kg, sino en haber desarrollado una herramienta capaz de observar de una manera diferente el territorio argentino y generar datos que pueden terminar utilizándose muy lejos de una sala de control espacial: desde un campo agrícola hasta una región afectada por una inundación.
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