El Ejército británico completó una serie de pruebas con un enjambre de ocho drones que actúan de manera coordinada en un entorno militar realista. La demostración, desarrollada junto con el Laboratorio de Ciencia y Tecnología de Defensa del Reino Unido (Dstl) y empresas del sector, busca determinar cómo incorporar sistemas autónomos a las operaciones terrestres. El objetivo no es solamente utilizar varios drones al mismo tiempo, sino lograr que funcionen como un conjunto, compartan tareas y puedan ser dirigidos colectivamente por un número reducido de operadores. Según el Gobierno británico, la experiencia representa uno de los ensayos nacionales más avanzados de esta tecnología.
Las pruebas corresponden a la primera fase del programa Software Defined Swarms Concept Demonstrator, que se traduce como “demostrador conceptual de enjambres definidos por software”. El proyecto reúne más de una década de investigaciones británicas sobre inteligencia artificial, autonomía y coordinación entre vehículos no tripulados. También toma como base trabajos realizados dentro del Pilar II de AUKUS, la alianza estratégica entre Australia, Estados Unidos y el Reino Unido que, además de su componente de submarinos nucleares, contempla la cooperación en inteligencia artificial, sistemas autónomos, guerra electrónica y otras tecnologías militares avanzadas.
En este caso, la prioridad consiste en evaluar el empleo de enjambres para misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento en apoyo de unidades desplegadas.
¿Qué es y para qué sirve un enjambre de drones?
Un enjambre no es simplemente un grupo de drones volando en la misma zona. En una operación convencional, cada aeronave suele requerir un piloto o una secuencia de órdenes independiente. En un enjambre, por el contrario, el operador transmite objetivos generales al conjunto y el sistema distribuye las funciones entre sus integrantes: explorar diferentes sectores, mantener una formación, cubrir un área o reorganizarse ante cambios en la situación.
Para comprobar estas capacidades, Dstl evaluó dos soluciones desarrolladas por equipos industriales diferentes. Una fue presentada por BlueBear, compañía británica perteneciente a Saab. La otra estuvo a cargo de Disruptor Group, un consorcio de empresas del Reino Unido liderado por Applied Intuition.
Ambas propuestas se sometieron a tareas representativas del campo de batalla para medir su capacidad de control colectivo y su utilidad operacional. El resultado fue la creación del Swarm Capability Test Bed, una plataforma experimental compuesta por ocho vehículos aéreos no tripulados que ya se transfirió a operadores del Ejército.
El Gobierno no informó qué modelos de drones se utilizaron ni publicó datos de características técnicas, por lo que el anuncio sólo confirma una capacidad de coordinación avanzada, y no permite determinar cuánto depende todavía el sistema de la supervisión humana ni cómo respondería frente a interferencias, pérdida de comunicaciones o ataques electrónicos.
Un enjambre basado en una arquitectura abierta
La arquitectura abierta es otro componente central del proyecto. Esto significa que el sistema está diseñado para integrar nuevos drones, sensores y aplicaciones sin tener que reemplazar toda la infraestructura de control. El enfoque permitiría modificar comportamientos mediante software, adaptar el enjambre a distintas misiones y actualizarlo frente a amenazas que evolucionan con rapidez. La misma tecnología de coordinación podría aplicarse en el futuro a vehículos terrestres o embarcaciones no tripuladas, no solamente a aeronaves.
No obstante, esa flexibilidad también plantea desafíos. El enjambre debe evitar colisiones, mantener comunicaciones confiables, asignar tareas en tiempo real y continuar funcionando si uno o varios vehículos quedan fuera de servicio. A ello se suman la ciberseguridad, la identificación correcta de objetivos y la necesidad de establecer límites claros para las decisiones automatizadas, especialmente si estos sistemas llegaran a incorporar armamento.
El Ejército británico realizó ocho semanas de experimentación con la plataforma y prevé continuar con vuelos, ensayos de campo y nuevas evaluaciones entre 2026 y 2027. Los resultados servirán para definir futuras capacidades y orientar decisiones de adquisición, de modo que todavía no se trata de un sistema declarado operativo ni de una compra a gran escala.
La experiencia se inscribe en una tendencia acelerada por la guerra en Ucrania, donde los drones demostraron su valor para observar el terreno, corregir fuego, atacar objetivos y obligar al adversario a gastar recursos costosos en defensa. Frente a ese escenario, el Reino Unido estudia sistemas relativamente económicos que puedan emplearse en grandes cantidades y cuya pérdida resulte asumible. El salto que ahora intenta validar consiste en pasar del uso intensivo de aeronaves individuales a grupos capaces de coordinarse como una sola unidad, reduciendo la carga de los operadores y ampliando la zona que puede vigilarse o cubrirse en cada misión.
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