El Presupuesto 2027 destina $194.169 millones para la CONAE: ¿alcanza para reactivar el plan espacial argentino?

El proyecto de Presupuesto 2027 destina $194.169 millones a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la agencia espacial argentina.

El proyecto de Presupuesto 2027 destina $194.169 millones a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la agencia espacial argentina.

El proyecto de Presupuesto 2027 destina $194.169 millones (US$ 105,1 millones) a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la agencia espacial argentina. La cifra incluye desde la operación de satélites y estaciones terrenas hasta los proyectos SARE, SAOCOM II y el lanzador Tronador. Sin embargo, la división de los fondos muestra prioridades marcadas: la mayor parte se concentra en misiones satelitales e infraestructura terrestre, mientras que el acceso nacional al espacio recibe una porción mucho menor.

La CONAE podría recibir $194.169 millones como parte del Presupuesto 2027, un total previsto que registra una caída nominal del 6,6% respecto del 2026.

El dato positivo es que el presupuesto mantiene un fuerte componente de inversión. De los fondos previstos, $146.728 millones (US$ 79,4 millones), casi el 76%, corresponden a gastos de capital, destinados principalmente a equipamiento, infraestructura y desarrollos tecnológicos. Los restantes $47.441 millones (US$ 25,7 millones) cubren gastos corrientes, como salarios, servicios y funcionamiento del organismo.

¿Dónde se concentra el dinero?

El presupuesto de la CONAE se divide en tres grandes bloques. El principal es el programa de Generación de Ciclos de Información Espacial Completos, que recibe $163.788 millones (US$ 88,6 millones) y concentra el 84% del total. Allí se incluyen las misiones satelitales, las estaciones terrenas, los servicios tecnológicos y la generación de información espacial.

Otros $19.480 millones (US$ 10,5 millones) corresponden a las actividades centrales del organismo, que comprenden su administración y los salarios de los 269 cargos presupuestados. Finalmente, el programa de acceso al espacio recibe $10.901 millones (US$ 5,9 millones), equivalentes a menos del 6% del presupuesto.

O sea, por cada $100 asignados a la CONAE, $84 se destinan a satélites, estaciones e información espacial, $10 al funcionamiento central, y menos de $6 al desarrollo del cohete nacional Tronador.

Además, el total previsto para 2027 representa una caída nominal del 6,6% respecto de 2026, sin considerar el efecto de la inflación. La asignación pasaría de $207.968 millones en 2026 a $194.169 millones en 2027, lo que supone una reducción de $13.799 millones en valores corrientes.

Este retroceso se suma a la reducción nominal del 25% registrada en 2026 respecto de 2025. Así, los recursos asignados a la agencia acumulan una caída nominal cercana al 30% en dos años. En términos reales, la contracción sería todavía mayor debido al efecto de la inflación acumulada durante ambos períodos.

Casi todo el financiamiento provendrá del Tesoro Nacional. Los recursos propios tendrán una participación mínima, mientras que otros $1.050 millones (US$ 568.000) corresponderán a crédito externo destinado al proyecto de optimización de la conectividad, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Satélites y estaciones terrenas, las principales prioridades

Las dos partidas más grandes corresponden a la operación de estaciones terrenas y servicios tecnológicos, con $68.389 millones (US$ 37 millones), y al proyecto Misiones Satelitales – Etapa III, con $67.345 millones (US$ 36,4 millones). Juntas concentran cerca del 70% de todo el presupuesto de la agencia espacial.

También se asignan $25.801 millones (US$ 14 millones) al diseño, fabricación, integración y ensayo de cuatro satélites SARE II A. El desarrollo de los futuros SAOCOM 2 A y 2 B recibe otros $801 millones (US$ 434.000).

El documento confirma además la continuidad del satélite SABIA-Mar, incluyendo las tareas de integración, ensayos, certificación, preparación del segmento terreno y contratación de su lanzamiento. Sin embargo, el presupuesto no identifica una partida exclusiva para esta misión, por lo que no es posible determinar cuánto dinero recibirá.

La infraestructura terrestre también ocupa un lugar central. Los fondos previstos deberán sostener las estaciones de Córdoba y Tierra del Fuego, los centros de control de misión y los servicios de seguimiento, telemetría y recepción de datos. El plan incluye además avanzar con infraestructura espacial en la Base Antártica Belgrano II.

Una de las partidas más grandes del presupuesto corresponde a la operación de estaciones terrenas y servicios tecnológicos, con $68.389 millones para 2027.

Tronador y el acceso argentino al espacio

El programa de Investigación y Desarrollo de Medios de Acceso al Espacio recibe $10.901 millones (US$ 5,9 millones). Esta partida comprende el proyecto ISCUL (Inyector Satelital Para Cargas Útiles Livianas), los lanzadores Tronador II y Tronador III y la infraestructura necesaria para su desarrollo.

Los fondos alcanzan a sistemas de propulsión, estructuras, navegación, guiado y control, bancos de ensayo, instalaciones de fabricación e integración y futuras bases de lanzamiento. Dentro del programa, $7.810 millones (US$ 4,2 millones) se destinan específicamente a maquinaria y equipos.

No obstante, la inclusión de una partida en el proyecto de presupuesto no garantiza que los fondos sean efectivamente ejecutados ni que el programa avance. En 2026, por ejemplo, se contemplaron $1.271 millones para el proyecto Tronador dentro de las transferencias destinadas a VENG, la empresa contratista principal. Sin embargo, el desarrollo permaneció paralizado casi todo el año, mientras que la asignación efectiva de los recursos recién se autorizó en septiembre de 2026 y todavía no se ejecutó.

La diferencia con el segmento satelital, por su parte, es amplia. Mientras las actividades de información espacial reciben $163.788 millones, el desarrollo de lanzadores obtiene $10.901 millones. El acceso autónomo al espacio aparece así como una línea activa, aunque claramente secundaria dentro de las prioridades presupuestarias.

El programa de Investigación y Desarrollo de Medios de Acceso al Espacio recibe $10.901 millones.

¿Alcanza para reactivar el Plan Espacial Nacional?

El Presupuesto 2027 asegura recursos para mantener en funcionamiento las principales capacidades espaciales del país y avanzar con varios proyectos, fundamentalmente del sector satelital. Sin embargo, la reducción nominal frente a 2026 y la concentración de los recursos en pocas áreas no permiten hablar de una reactivación general de todo el Plan Espacial Nacional. El presupuesto prioriza la continuidad de las misiones satelitales y la infraestructura terrestre, mientras que el acceso autónomo al espacio conserva una participación reducida.

Los antecedentes de 2026 también obligan a interpretar estas cifras con cautela, ya que algunos proyectos incluidos en la planificación presupuestaria no se tradujeron luego en desembolsos o avances reales. El primer ejemplo es el caso del proyecto Tronador, pero no fue el único. El satélite de comunicaciones ARSAT-SG1 –un proyecto del ecosistema espacial, pero a cargo de la empresa estatal ARSAT y no de la CONAE– tenía prevista una inversión de $7.946 millones en 2026, pero no registró durante el año ningún avance. Por lo tanto, el presupuesto representa una previsión y una autorización de gasto, pero no garantiza que los recursos sean efectivamente asignados.

En una primera lectura, si las inversiones previstas se concretan, la CONAE podrá mantener proyectos activos y sostener capacidades importantes durante 2027. Sin embargo, la distribución de los fondos apunta más a garantizar la continuidad de áreas estratégicas y concentrar recursos en determinados proyectos que a financiar una expansión simultánea de todo el programa espacial argentino.

Además, las cifras todavía no son definitivas. El proyecto de ley presentado por el Poder Ejecutivo ingresó a la Cámara de Diputados como expediente 0011-JGM-2026, Mensaje 0029/26. Deberá ser tratado y aprobado por ambas cámaras y posteriormente promulgado para convertirse en ley, proceso durante el cual las asignaciones pueden sufrir modificaciones.

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