La tripulación de la Estación Espacial Internacional (ISS) puso en marcha un nuevo microscopio para estudiar células y tejidos vivos, y continuó una serie de controles médicos para observar cómo afecta la microgravedad a cuerpo humano y la circulación sanguínea. Las actividades se llevaron a cabo entre el 9 y el 10 de septiembre por los integrantes de la Expedición 75 y formaron parte de dos jornadas centradas en investigación biomédica, física de materiales y mantenimiento de sistemas. Al mismo tiempo, los astronautas y cosmonautas trabajaron sobre trajes espaciales, equipos de soporte vital y cámaras de observación terrestre, tareas necesarias para mantener operativo el laboratorio orbital.
La Expedición 75 comenzó el 26 de julio y se extenderá hasta la primavera de 2027. La tripulación está integrada por Jessica Meir, Anil Menon y Jack Hathaway, astronautas de la NASA, y Sophie Adenot, de la Agencia Espacial Europea (ESA). Además, participan los cosmonautas de Roscosmos Andrey Fedyaev, Pyotr Dubrov y Anna Kikina. El programa científico de la expedición incluye investigaciones sobre fabricación en el espacio, salud de las tripulaciones, biomedicina y nuevas tecnologías para misiones de larga duración.
Esta etapa llega además después de un período particularmente intenso de actividad extravehicular. Entre el 6 de agosto y el 1 de septiembre se realizaron cuatro caminatas espaciales, para llevar a cabo tareas de mantenimiento, instalación y actualización de sistemas externos de la estación.
El nuevo microscopio de la ISS y los estudios de materiales en microgravedad
Uno de los trabajos principales del jueves fue la configuración del NEMO (Nikon Experimentation Microscope in Orbit), un nuevo sistema instalado en el laboratorio estadounidense Destiny. Jessica Meir, fisióloga y bióloga marina, ensambló el microscopio, colocó muestras de tejido, preparó el hardware encargado de controlar y monitorear la concentración de dióxido de carbono alrededor de las muestras y verificó su alimentación eléctrica y funcionamiento.
El equipo permite obtener imágenes automatizadas de células en crecimiento para estudiar cómo la microgravedad influye sobre procesos relacionados con enfermedades, desarrollo de tejidos y respuesta a medicamentos. El sistema combina tecnología de observación de Nikon con equipamiento para cultivo, incubación y circulación controlada del medio que mantiene vivas las muestras, desarrollado junto con BioServe Space Technologies.
Meir también retiró equipos utilizados en experimentos de crecimiento de cristales dentro de la Microgravity Science Glovebox, una cámara cerrada que permite realizar ensayos de forma segura en microgravedad. Estas investigaciones buscan comprender mejor cómo se forman los materiales cristalinos cuando se reducen efectos como la sedimentación y la convección, un conocimiento que puede contribuir al desarrollo de procesos de fabricación de semiconductores más precisos.
Un día antes, Sophie Adenot, ingeniera aeroespacial y magíster en factores humanos, había trabajado en el Electrostatic Levitation Furnace (ELF) del módulo japonés Kibo. Se trata de un horno que mantiene pequeñas muestras suspendidas mediante fuerzas electrostáticas y las calienta con láseres a temperaturas superiores a 2.000 °C. Al no necesitar un recipiente o crisol que sostenga el material, se reduce la contaminación de la muestra y, gracias a la microgravedad, pueden medirse con mayor precisión propiedades de materiales fundidos como densidad, tensión superficial y viscosidad.
Al terminar los ensayos, Adenot retiró muestras, limpió componentes sensibles como ventanas y electrodos e instaló nuevo material para futuros ensayos.
Estudios sanguíneos y reacondicionamiento de trajes espaciales
En paralelo, la tripulación continuó las investigaciones sobre los efectos de los vuelos espaciales en el cuerpo humano. Meir utilizó el dispositivo Ultrasound 3 para realizar ecografías de las venas de Menon, Kikina y Dubrov, mientras especialistas médicos desde Tierra guiaban y observaban las exploraciones en tiempo real. El objetivo es determinar cómo la ausencia prolongada de gravedad modifica el flujo sanguíneo y evaluar riesgos como alteraciones circulatorias o formación de coágulos, información especialmente relevante para futuras misiones de meses o años hacia la Luna y Marte.
Al mismo tiempo continuó el mantenimiento de los trajes espaciales. Menon sustituyó una unidad de radiocomunicaciones y posteriormente intercambió equipos entre dos trajes, encendió el sistema, verificó diferentes bandas de frecuencia y confirmó la transmisión de datos con los controladores en Tierra. Una de las unidades retiradas se enviará de regreso para su reacondicionamiento. Meir, por su parte, inspeccionó y guardó los elementos de sujeción utilizados durante las cuatro caminatas espaciales realizadas desde comienzos de agosto.
El resto de las operaciones a bordo de la ISS
Las jornadas incluyeron además otros trabajos esenciales para mantener habitada la estación. Hathaway reemplazó filtros para retirar partículas, gases y olores de la atmósfera interna, realizó tareas sobre sistemas de plomería y comprobó computadoras. En paralelo, en el segmento ruso se efectuaron trabajos de ventilación, filtrado y revisión de equipamiento.
Kikina, Dubrov y Fedyaev también prepararon sistemas avanzados de observación terrestre para registrar la superficie en diferentes longitudes de onda, lo que permite estudiar tormentas, incendios forestales, erupciones volcánicas y otros fenómenos que no siempre son visibles para el ojo humano. Las cámaras se pueden apuntar manualmente por los astronautas o se pueden programar para fotografiar automáticamente determinadas coordenadas durante el paso de la estación.
Sophie Adenot, además, grabó recorridos por la ISS en francés e inglés, mientras Dubrov documentó en imágenes el trabajo cotidiano de sus compañeros.
Tal vez te interese: La ISS se prepara para sus últimos años: la NASA anuncia dos caminatas espaciales en enero
