Francia anunció su respaldo al desarrollo del VORTEX-S, el avión espacial reutilizable que Dassault Aviation impulsa junto con la compañía alemana OHB para realizar misiones de transporte, investigación y servicios en órbita. El presidente Emmanuel Macron confirmó el apoyo del Gobierno francés durante el International Space Summit celebrado en París el 9 y 10 de septiembre, donde presentó al proyecto como uno de los ejemplos de cooperación tecnológica entre Francia y Alemania. La iniciativa busca desarrollar en Europa una capacidad propia para transportar cargas hacia el espacio y recuperarlas en la Tierra mediante un vehículo capaz de regresar atravesando la atmósfera y aterrizar sobre una pista convencional.
El anuncio supone un nuevo respaldo político para un programa que actualmente ya está en desarrollo. En mayo de 2026, Dassault Aviation y OHB anunciaron formalmente su asociación para presentar el vehículo ante la Agencia Espacial Europea (ESA). Dassault tiene el rol de arquitecto principal e integrador del avión espacial y OHB de responsable de la arquitectura e integración de su módulo de servicio.
La idea es ampliar progresivamente el consorcio con otras empresas europeas y convertir al VORTEX-S en una plataforma capaz de transportar carga hacia futuras estaciones espaciales y de operar de manera autónoma en órbita. Macron afirmó ahora que el Gobierno francés estará “al lado de este proyecto” y señaló también el apoyo de Alemania, dentro de una estrategia más amplia para reforzar la autonomía espacial europea.
¿Qué es el VORTEX-S y para qué sirve un avión espacial?
El VORTEX-S es un avión espacial reutilizable, una alternativa de transporte espacial que tiene la capacidad viajar al espacio y regresar a la tierra y aterrizar en una pista, como un avión convencional.
En general, existen dos formas de transportar carga al espacio: los cohetes, que despegan desde la Tierra y depositan la carga en el espacio; y los llamados vehículos de reentrada, que ademas de llevar la carga a la órbita son capaces de traerla de vuelta. Los aviones espaciales entran en el segundo grupo.
Hoy en día, una solución relativamente común para los vehículos de reentrada son las cápsulas espaciales, que vuelven a la Tierra con muy poca sustentación. Consisten básicamente en grandes estructuras esféricas que desaceleran principalmente por la fricción con el aire y la resistencia aerodinámica, y suelen aterrizar con paracaídas. Un avión espacial, en cambio, genera sustentación con alas, puede maniobrar durante la reentrada y aterrizar en una pista.
En particular, durante la reentrada atmosférica, el VORTEX-S utilizará su configuración aerodinámica para controlar la trayectoria y podrá desplazarse lateralmente hasta 1.500 kilómetros respecto de su trayectoria de reentrada, una capacidad que amplía la cantidad de aeródromos disponibles para el aterrizaje. Dassault proyecta además mantener las aceleraciones por debajo de 2 g, muy útil para transportar experimentos, materiales o cargas sensibles. En general, este formato permite reducir los tiempos necesarios para recuperar la carga y preparar nuevamente el vehículo para otra misión.
En lo que respecta a las capacidades operativas, el avión europeo podrá transportar hasta 2.000 kg de carga tanto en el viaje de ida como en el regreso, alojadas en una bodega presurizable o adaptable de unos ocho metros cúbicos.
Podrá realizar maniobras de encuentro y acoplamiento con estaciones espaciales, liberar cargas en órbita y recuperar objetos para traerlos nuevamente a la Tierra. Dassault también contempla instalar brazos robóticos para intervenir sobre satélites y otros vehículos, incluyendo tareas de inspección, mantenimiento, reabastecimiento o asistencia para su retirada de órbita. El vehículo podrá operar además como plataforma independiente para investigación y producción en microgravedad, especialmente en áreas como materiales, aleaciones, fibras, medicina y biotecnología.
Antes de volar, hay que ensayar
Antes de intentar poner en servicio esa versión orbital, Dassault validará las tecnologías fundamentales mediante el VORTEX-D, un demostrador de cuatro metros de longitud y 1.000 kg de masa. Su desarrollo recibió en 2025 un aporte de 30 millones de euros de la Dirección General de Armamento francesa (DGA) y forma parte de un programa previsto inicialmente para tres años.
Su primer vuelo suborbital está programado para 2028 y deberá realizar una reentrada a velocidades superiores a Mach 10. La misión servirá para probar la configuración aerodinámica, las tecnologías necesarias para el vuelo hipersónico, los sistemas y leyes de control, componentes críticos y el concepto de lanzamiento del vehículo sin una cofia convencional.
El programa se inserta en una estrategia europea más amplia para recuperar capacidades propias de acceso, transporte y operación en el espacio. Durante el encuentro de París, Macron anunció que Francia prevé invertir 20.000 millones de euros en el sector espacial hasta 2030, una cifra que comprende múltiples programas y que no constituye un presupuesto específico para VORTEX.
Dassault, por su parte, ya proyecta que la arquitectura pueda crecer posteriormente hacia las variantes VORTEX-C y VORTEX-H, de mayores dimensiones y preparadas para transportar cargas más pesadas y, eventualmente, astronautas. La empresa sitúa esas versiones hacia mediados de la década de 2030.
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