Corea del Sur presentó un nuevo vehículo blindado equipado con un arma láser de 50 kilovatios para derribar drones, mientras que en China aparecieron las primeras imágenes de una variante del Type 19 equipada con una tecnología similar. Los dos desarrollos se conocieron con pocos días de diferencia y muestran cómo las armas de energía dirigida comienzan a trasladarse desde instalaciones fijas y demostradores hacia vehículos capaces de acompañar a las tropas. El objetivo es responder a una amenaza que se volvió central en los conflictos actuales: grandes cantidades de drones pequeños y relativamente baratos.
La aparición de ambos sistemas refleja el rápido crecimiento de las armas de energía dirigida dentro de los programas de defensa antidrones. Los conflictos recientes consolidaron el uso masivo de drones en el campo de batalla, tanto para reconocimiento como para ataque. Su bajo costo y rápida proliferación obligaron a desarrollar nuevas formas de defensa, ya que no resulta sostenible utilizar misiles antiaéreos costosos para derribar grandes cantidades de drones baratos. En ese contexto, los sistemas láser aparecen como una alternativa capaz de reducir considerablemente el costo de cada interceptación.
Corea del Sur presentó un blindado con un láser de 50 kW
La primera novedad llegó desde MSPO 2026, la feria internacional de defensa que comenzó este 8 de septiembre en Kielce, Polonia. Allí, la empresa surcoreana Hanwha Systems presentó su nuevo Laser Armored Vehicle, un vehículo blindado equipado con un láser de 50 kilovatios especialmente pensado para defensa contra drones. La compañía confirmó que ya desarrolló un prototipo y que proyecta comenzar su producción en serie hacia finales de 2027.
El desarrollo combina el sistema láser de Hanwha con el Tigon, un vehículo blindado de transporte 8×8. Según la empresa, la nueva plataforma responde a la necesidad de contar con un sistema móvil capaz de acompañar a las fuerzas terrestres y seguir objetivos en movimiento. Hanwha también informó que mantiene conversaciones sobre posibles exportaciones con países de Europa, Asia y Medio Oriente.
El arma deriva del Cheongwang, un sistema láser que Corea del Sur utiliza desde 2024 para proteger instalaciones estratégicas fijas. La diferencia está principalmente en la movilidad y la potencia: la nueva configuración lleva un láser más potente sobre un vehículo blindado que se puede desplazar junto con unidades terrestres.
Esto modifica considerablemente sus posibilidades de empleo, que hasta ahora solo podía usarse como sistema físico para proteger baes o posiciones fijas. Sobre un blindado, en cambio, el arma puede desplazarse con columnas de vehículos, unidades mecanizadas o posiciones de artillería y proporcionarles protección frente a drones a medida que cambia el despliegue de las tropas.
Por otro lado, otra de sus ventajas principales es el costo de utilización: efectuar un disparo con el actual Cheongwang demanda alrededor de 2.000 wones surcoreanos, cerca de tan solo 1,5 dólares en electricidad. Si bien esto no representa el costo total de operar el arma, que también requiere mantenimiento, generación eléctrica y refrigeración, demuestra la diferencia frente a un misil antiaéreo que se consume completamente después de cada lanzamiento.
China integró un láser sobre su nuevo blindado Type 19
Al otro lado del Mar Amarillo, China dió a conocer su propia alternativa láser. Recientemente comenzaron a difundirse en redes sociales imágenes de una nueva variante de un vehículo blindado 8×8 chino equipada con lo que parece ser un arma láser montada sobre la torre. Análisis especializados identificaron la plataforma como una variante basada en el Type 19, actualmente utilizado por el Ejército Popular de Liberación (EPL).
Si bien estas imágenes constituyen el primer registro público de esta configuración del vehículo, hasta el momento China no realizó una presentación oficial ni confirmó el estado del programa. A partir de las imágenes tampoco termina de quedar claro si se trata de un prototipo de pruebas, un demostrador tecnológico o una variante destinada a incorporarse operacionalmente al Ejército chino.
El vehículo combina una torre no tripulada con un cañón automático de 30 milímetros y un sistema láser C-UAS, específicamente orientado a combatir drones. También incorpora sistemas electroópticos para localizar y seguir los objetivos, ópticas diurnas y nocturnas, telémetro láser y una mira panorámica instalada sobre la torre. En las imágenes también pueden distinguirse componentes que se pueden relacionar con el sistema de refrigeración necesario para evitar el sobrecalentamiento del equipo.
En lo que respecta a a potencia, alcance y tiempo de exposición, fuentes especializadas estiman que estaría pensado principalmente para enfrentar drones lentos que operen a baja altura y dentro de la línea de visión del vehículo. Sin embargo, Pekín no ha confirmado ninguna prestación.
Los láseres también tienen limitaciones
Mas allá de su bajo costo de utilización y su capacidad de transporte, las armas láser también tienen limitaciones y no reemplazan completamente a los sistemas antiaéreos tradicionales. Para atacar, los láseres necesitan disponer de una línea de visión directa hacia el objetivo y mantener el haz concentrado durante cierto tiempo. La lluvia, niebla, humo, polvo y otras condiciones atmosféricas absorben o dispersan parte de la energía y reducen su efectividad.
También existe una diferencia fundamental respecto de un misil. Una vez disparado, un interceptor puede continuar volando y maniobrando hacia su objetivo. Un láser necesita permanecer apuntado al dron durante todo el proceso de ataque. Por eso resulta fundamental combinarlo con sensores y sistemas de seguimiento extremadamente precisos.
El modelo que empieza a extenderse entre las principales fuerzas armadas es entonces una defensa por capas. Los sistemas de guerra electrónica pueden interferir o cortar las comunicaciones de determinados drones. Los láseres y cañones permiten combatir amenazas cercanas y numerosas a bajo costo. Y, finalemnente, los misiles quedan disponibles para blancos más grandes, rápidos, lejanos o difíciles de interceptar.
La guerra de drones está transformando la defensa terrestre
China y Corea del Sur no son los únicos países que avanzan en esta dirección. Estados Unidos, Israel y diferentes países europeos desarrollan armas de energía dirigida para proteger bases, buques y unidades terrestres. Los proyectos abarcan desde láseres pequeños contra drones comerciales hasta sistemas más potentes para enfrentar aeronaves, cohetes y otras amenazas.
La presentación de los nuevos blindados chino y surcoreans demuestran, además, que el láser está empezando a convertirse en un arma móvil integrada directamente sobre vehículos militares. Ya no se busca solamente proteger instalaciones estratégicas, sino proporcionar a las tropas una capacidad que pueda acompañarlas durante sus movimientos.
El motivo detrás de esta transformación es también económico. La proliferación de drones convirtió el costo de cada interceptación en una variable central de la defensa aérea. Frente a ataques capaces de combinar decenas de sistemas baratos, disponer únicamente de interceptores costosos puede llevar rápidamente al agotamiento de las municiones.
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