La semana espacial: satélites militares que se persiguen en órbita, Rusia tropieza con su “Starlink” y la nave BepiColombo llega a Mercurio

La semana espacial: satélites militares que se persiguen en órbita, Rusia tropieza con su “Starlink” y la nave BepiColombo llega a Mercurio.

La semana espacial: satélites militares que se persiguen en órbita, Rusia tropieza con su “Starlink” y la nave BepiColombo llega a Mercurio.

EE.UU. y China ensayan nuevas capacidades orbitales, Rusia enfrenta problemas con Rassvet, el telescopio espacial Roman viaja hacia L2 y la nave BepiColombo finalmente llegó a Mercurio.

Después de 8 años de viaje, la nave BepiColombo llega a Mercurio para estudiar simultáneamente el planeta y su entorno con dos orbitadores especializados. Crédito: Agencia Espacial Europea (ESA).

La última semana dejó avances que ponen en evidencia que el sector espacial está entrando en una etapa en la que ya no alcanza con colocar un vehículo en órbita: cada vez es más importante qué puede hacer una vez que llega allí, cómo se relaciona con otros satélites y durante cuánto tiempo puede mantener sus operaciones. Estados Unidos y China continúan desarrollando tecnologías capaces de aproximarse y seguir otros objetos en el espacio, mientras Rusia intenta desplegar su propia alternativa a Starlink y enfrenta dificultades con sus primeros satélites. Al mismo tiempo, varias de las principales misiones científicas de los próximos años alcanzaron hitos importantes, desde la llegada de BepiColombo a Mercurio hasta el inicio del viaje del telescopio Nancy Grace Roman hacia el punto de Lagrange L2.

Los avances en el terreno de la seguridad espacial

Estados Unidos y China están desarrollando y ensayando satélites capaces de realizar maniobras de proximidad, seguir otros vehículos y experimentar con tecnologías que podrían permitir interferir con ellos o incluso capturarlos físicamente. Muchas de estas capacidades tienen aplicaciones civiles, como inspeccionar satélites, repararlos, reabastecerlos o retirar basura espacial, pero también pueden adquirir un papel militar. Un vehículo que se acerca con precisión a otro satélite puede inspeccionarlo, perturbar sus operaciones o actuar directamente sobre él.

La competencia entre ambas potencias está trasladando así parte de la disputa tecnológica desde el lanzamiento y las comunicaciones hacia las operaciones orbitales avanzadas.

Por otro lado, Rusia enfrenta un desafío diferente, desarrollar una constelación qe pueda escalarse lo suficiente como para competir con las grandes redes comerciales occidentales, como Starlink de SpaceX. El proyecto Rassvet comenzó a desplegar sus primeros 32 satélites, pero varios registraron fallas o dificultades para alcanzar correctamente las órbitas previstas

El problema es importante porque una constelación de comunicaciones de este tipo no depende de unas pocas unidades aisladas. Para ofrecer cobertura amplia y continua necesita cientos de satélites trabajando coordinadamente, además de una cadena industrial capaz de fabricarlos rápidamente, lanzarlos de manera recurrente, reemplazar las unidades que fallen y controlar toda la red desde tierra. Rassvet muestra así uno de los mayores desafíos de las megaconstelaciones: construir un satélite funcional es solo el primer paso; convertirlo en parte de una infraestructura orbital masiva requiere capacidad industrial, logística y operativa sostenida.

Rusia está desarrollando Rassvet, una constelación satelital de órbita baja (LEO) para telecomunicaciones, como la estadounidense Starlink.

Los nuevos hitos de exploración espacial e interplanetaria

La exploración planetaria tuvo uno de los hitos más importantes de la semana con BepiColombo, la misión conjunta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la agencia japonesa JAXA, que alcanzó Mercurio después de un viaje de casi ocho años.

Llegar al planeta más cercano al Sol es particularmente difícil porque una nave que viaja hacia el interior del Sistema Solar gana velocidad debido a la gravedad solar y necesita reducir una enorme cantidad de energía para poder quedar capturada alrededor de Mercurio. Por eso BepiColombo utilizó durante su recorrido una combinación de propulsión eléctrica y múltiples asistencias gravitatorias alrededor de la Tierra, Venus y el propio Mercurio.

La misión deberá completar ahora las maniobras necesarias para establecer su configuración orbital científica, desde donde sus dos orbitadores estudiarán la superficie, la composición, el interior, el campo magnético y el entorno del planeta.

Después de 8 años de viaje, la nave BepiColombo llega a Mercurio para estudiar simultáneamente el planeta y su entorno con dos orbitadores especializados. Crédito: Agencia Espacial Europea (ESA).

También comenzó una nueva etapa para la astronomía espacial con el lanzamiento del Nancy Grace Roman Space Telescope de la NASA, que ya inició su viaje hacia el punto de Lagrange L2, situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección opuesta al Sol.

Roman trabajará en una región similar a la utilizada por el telescopio James Webb, pero tendrá objetivos y capacidades complementarias. Su enorme campo de visión permitirá estudiar grandes regiones del cielo con una eficiencia difícil de alcanzar para otros observatorios, buscando comprender mejor fenómenos como la energía oscura y la evolución de la estructura del Universo, además de descubrir y caracterizar exoplanetas mediante técnicas como la microlente gravitacional. El observatorio incorporará además un coronógrafo tecnológico destinado a demostrar métodos avanzados para bloquear la luz de una estrella y observar objetos mucho más débiles en sus proximidades.

Mientras Roman comienza su misión, James Webb sigue transformando la imagen que tenemos del Universo primitivo. Uno de los fenómenos que desconcertó a los astrónomos desde las primeras observaciones profundas del telescopio fueron los llamados little red dots, pequeños objetos extremadamente compactos y rojizos detectados cuando el Universo tenía apenas una fracción de su edad actual.

Nuevos estudios están aportando evidencia de que al menos una parte importante de estos objetos puede corresponder a galaxias compactas que albergan agujeros negros jóvenes en rápida evolución, rodeados por material que modifica la luz que llega hasta nosotros. Comprender estos sistemas es relevante porque puede ayudar a explicar cómo algunos agujeros negros alcanzaron masas enormes apenas unos cientos de millones de años después del Big Bang.

El telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA buscará estudiar la energía oscura y la evolución de la estructura del Universo. Además, está diseñado para descubrir y caracterizar exoplanetas mediante técnicas como la microlente gravitacional. Crédito: NASA.

Avances en defensa planetaria

La semana también estuvo marcada por dos tecnologías que muestran cómo desarrollos espaciales y de defensa comienzan a cruzarse cada vez más. La misión europea Hera continúa aproximándose al sistema Didymos-Dimorphos, donde estudiará en detalle las consecuencias del impacto de la sonda DART de la NASA.

En 2022, DART chocó deliberadamente contra Dimorphos y consiguió modificar su período orbital, demostrando por primera vez que la humanidad podía alterar de manera medible el movimiento de un cuerpo celeste. Hera permitirá determinar con mucha mayor precisión cómo quedó el asteroide, cuánto material fue desplazado y qué tan eficiente fue realmente la transferencia de energía, información fundamental para convertir la defensa planetaria en una técnica reproducible.

La nave Hera de la Agencia Espacial Europea (ESA) se acerca a Didymos y Dimorphos, el sistema binario de asteroides utilizado en 2022 para realizar la primera prueba de desvío de un cuerpo celeste. Crédito: ESA.

Nuevos pasos en tecnología de seguridad internacional

En la Tierra, Estados Unidos llevó una tecnología asociada con demostraciones experimentales a un escenario operativo. El sistema de de defensa AMP-HEL, basado en un láser de alta energía, se utilizó para derribar drones durante una operación real en la frontera con México.

A diferencia de un misil convencional, un arma de energía dirigida es un sistema no cinético que concentra un haz de gran potencia sobre un punto del objetivo durante el tiempo suficiente para dañarlo estructuralmente, afectar sus sensores o provocar su caída. Su principal atractivo frente a pequeños drones es el costo reducido de cada disparo una vez desplegado el sistema y la posibilidad de realizar múltiples interceptaciones sin consumir grandes cantidades de munición convencional.

EE.UU. empleó el Army Multi-Purpose High Energy Laser (AMP-HEL), un láser de alta energía, para derribar tres drones en una operación real en la frontera con México.

Siete acontecimientos, una misma transformación

Los acontecimientos de la semana apuntan, desde ámbitos diferentes, hacia la misma transformación. La capacidad espacial se mide cada vez menos por el hecho de alcanzar la órbita y cada vez más por la posibilidad de operar allí de forma sostenida, autónoma y precisa. Eso vale para una constelación de comunicaciones rusa, para satélites capaces de maniobrar alrededor de otros vehículos, para un observatorio situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra o para una nave enviada a medir las consecuencias de haber modificado deliberadamente la órbita de un asteroide.

El desafío actual ya no consiste únicamente en llegar al espacio, sino en convertirlo en un entorno donde sistemas cada vez más complejos puedan trabajar durante años y cumplir funciones científicas, comerciales y estratégicas.

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