Rusia aceleró durante 2026 el despliegue de Rassvet, su futura constelación nacional de internet satelital destinada a reducir la dependencia de infraestructuras extranjeras como Starlink, pero sus primeras dos tandas operativas ya muestran problemas. De los 32 satélites lanzados desde marzo, al menos tres probablemente sufrieron fallas completas y varios otros todavía no alcanzaron las órbitas inicialmente previstas, mientras Moscú mantiene el objetivo de desplegar cerca de 300 aparatos para fines de 2027.
El programa es desarrollado por Bureau 1440, una compañía rusa que busca construir una red de satélites en órbita baja capaz de ofrecer internet de alta velocidad en regiones donde las conexiones terrestres son limitadas o inexistentes. La primera tanda de 16 satélites fue lanzada el 23 de marzo desde el cosmódromo de Plesetsk. Otros 16 aparatos fueron enviados al espacio durante julio.
Sin embargo, el despliegue orbital avanzó más lentamente de lo previsto. Según un análisis publicado este miércoles por Ars Technica a partir de datos de seguimiento independientes, ninguno de los 32 satélites alcanzó todavía los aproximadamente 800 kilómetros que figuraban como altitud de operación en las especificaciones originales del programa. Doce de los aparatos lanzados en marzo lograron estabilizarse alrededor de los 500 kilómetros. Uno nunca realizó maniobras significativas y reingresó en la atmósfera durante junio, mientras otros dos dejaron de elevar su órbita durante los últimos meses.
La segunda tanda presenta todavía más interrogantes. De acuerdo con datos orbitales analizados por especialistas y por el Institute for the Study of War, ninguno de los 16 satélites enviados al espacio en julio alcanzó hasta fines de agosto la altitud esperada. Al menos dos prácticamente no realizaron maniobras después del lanzamiento y actualmente muestran trayectorias compatibles con un futuro reingreso atmosférico. El panorama permite afirmar que al menos tres de los primeros 32 satélites probablemente sufrieron fallas completas, aunque todavía es demasiado pronto para determinar cuántos de los restantes presentan problemas definitivos.
Rusia necesita multiplicar los lanzamientos para cumplir el calendario
Los problemas aparecen en un momento especialmente sensible para Rassvet. El propio Gobierno ruso anunció que pretende disponer de casi 300 satélites hacia finales de 2027, cuando está previsto que el sistema comience a ofrecer servicios comerciales. Bureau 1440 plantea además una expansión mucho mayor: alcanzar aproximadamente 924 aparatos hacia 2035.
Para conseguirlo, la velocidad de despliegue deberá aumentar drásticamente. Los documentos del proyecto federal ruso contemplaban que Bureau 1440 realizara nueve lanzamientos durante 2026 y terminara el año con unos 156 satélites de Rassvet en órbita. Hasta comienzos de agosto solamente se habían concretado dos. Eso dejaba a la compañía con la necesidad de realizar otros siete lanzamientos antes de terminar el año si pretendía mantener intacto el cronograma original.
El desafío no pasa solamente por colocar satélites en el espacio. Una megaconstelación necesita producir aparatos prácticamente en serie, disponer de suficientes cohetes, construir terminales terrestres, coordinar decenas de planos orbitales y conseguir que cada satélite pueda elevarse y mantenerse en su posición durante años.
Ese salto industrial representa una dificultad considerable para un sector espacial ruso acostumbrado a fabricar cantidades mucho menores de vehículos. El propio exdirector de Roscosmos Yuri Borisov reconoció en 2023 que la industria rusa no estaba preparada para producir satélites a la escala necesaria para este tipo de constelaciones. Espacio Tech ya había informado en agosto que Moscú estaba acelerando Rassvet como alternativa nacional a Starlink. Los nuevos datos orbitales agregan ahora el problema industrial: Rusia no necesita solamente diseñar una red propia, sino conseguir fabricarla y desplegarla con suficiente velocidad y confiabilidad.
La guerra convirtió al internet satelital en infraestructura militar
Rassvet es presentado oficialmente como un sistema destinado a ampliar el acceso a internet de alta velocidad dentro de Rusia y eventualmente en otros países. La guerra en Ucrania, sin embargo, mostró que una infraestructura de estas características también tiene una utilidad militar directa. Starlink se convirtió desde 2022 en una de las principales redes de comunicación utilizadas por las fuerzas ucranianas para sostener mando y control, transmitir información, operar drones y mantener conectividad en regiones donde las redes terrestres fueron destruidas o interferidas.
Rusia también terminó utilizando terminales Starlink obtenidas mediante canales no oficiales. SpaceX restringió en febrero el acceso de las fuerzas rusas a terminales no autorizadas, una decisión que provocó problemas de comunicación reconocidos incluso por fuentes vinculadas al esfuerzo militar de Moscú. La interrupción expuso una vulnerabilidad elemental: parte de las comunicaciones rusas dependían de una infraestructura estadounidense sobre la cual Moscú no tenía ningún control.
Rassvet ofrece, al menos en teoría, la solución. Los 12 satélites de la primera tanda que lograron estabilizarse ya pasan sobre Ucrania varias veces por día y permiten establecer ventanas de comunicación de aproximadamente una hora a una hora y media. Ese tiempo todavía está muy lejos de brindar cobertura permanente, pero podría utilizarse para comunicaciones con unidades desplegadas y sistemas no tripulados. Para alcanzar una cobertura cercana a las 24 horas sobre Ucrania, Rusia necesitaría varias tandas adicionales de satélites correctamente distribuidas en diferentes planos orbitales.
Construir un “Starlink ruso” implica fabricar cientos de satélites
La comparación con SpaceX muestra la escala del desafío. Starlink logró reducir progresivamente la tasa de fallas de sus satélites después de varias generaciones de diseño y miles de unidades fabricadas. Sus primeros lotes también presentaron problemas: aproximadamente un 5% de los primeros 60 prototipos fallaron casi inmediatamente y el porcentaje acumulado terminó siendo mayor.
Rassvet está recién comenzando ese proceso. Por eso, tres fallas sobre 32 aparatos no permiten concluir que el proyecto haya fracasado. El problema para Rusia es el calendario. Moscú pretende pasar de apenas 32 satélites operativos lanzados durante dos misiones a una constelación de varios cientos de unidades en poco más de un año. Para lograrlo, necesita aumentar simultáneamente la fabricación, la frecuencia de lanzamientos y la confiabilidad de los sistemas de propulsión orbital.
Y esa infraestructura también está expuesta a la guerra. Ucrania atacó durante agosto el Centro Espacial Progress, responsable de fabricar los cohetes Soyuz utilizados para colocar los satélites Rassvet en órbita. Kiev también intentó atacar instalaciones vinculadas con lanzamientos espaciales rusos. La carrera por construir una alternativa soberana a Starlink se convirtió así en algo más que un proyecto comercial.
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