El Radiotelescopio Chino-Argentino (CART), una de las mayores infraestructuras científicas en construcción en el país, se encuentra aproximadamente en un 90% de avance, pero no puede terminarse. La Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) llevó esta semana la situación del proyecto al Senado de la Nación y pidió resolver los obstáculos administrativos que mantienen frenada su instalación en el Observatorio Astronómico Carlos U. Cesco, en Calingasta. El instrumento cuenta con una antena parabólica de 40 metros de diámetro, tendrá unos 60 metros de altura y está diseñado para realizar observaciones de radioastronomía de alta precisión desde aproximadamente 2.400 metros sobre el nivel del mar.
La presentación fue realizada el 25 de agosto ante la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado por Jorge Castro, decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ. El principal problema es que el convenio que sostiene al proyecto, firmado en junio de 2015 entre la Academia China de Ciencias, la UNSJ, el Gobierno de San Juan y el Estado nacional a través del CONICET, venció en junio de 2025 y aún no fue renovado.
La Universidad asegura haber realizado gestiones ante el CONICET, la Secretaría de Ciencia y la Cancillería para definir cómo continuar el acuerdo, pero hasta el momento no se estableció una vía administrativa que permita completar el proceso. A esto se suma un cargamento enviado desde China con pinturas y componentes metálicos para terminar la estructura, que permanece retenido en Aduana desde hace aproximadamente un año por inconsistencias entre la documentación y algunos elementos transportados.
¿Qué es y cómo funciona el CART?
El CART no observará el Universo utilizando luz visible como un telescopio convencional, sino que detectará ondas de radio emitidas por objetos y fenómenos astronómicos. Estas señales llegan a la Tierra con una intensidad extremadamente baja, por lo que requieren grandes superficies capaces de recolectarlas. En este caso, un reflector principal de 40 metros concentra la radiación recibida hacia un sistema de receptores, que amplifica y acondiciona la señal antes de enviarla a los equipos de adquisición y procesamiento.
El proyecto prevé trabajar inicialmente en las bandas S, entre 2 y 4 GHz, y K, entre 18 y 26 GHz, mientras que su configuración final podrá cubrir distintas bandas entre aproximadamente 1 y 45 GHz. Esa capacidad permitirá estudiar regiones de formación estelar, nubes interestelares, fuentes de radio y otros objetos que pueden ser difíciles o imposibles de analizar únicamente en luz visible.
También podrá integrarse mediante interferometría de muy larga base (VLBI) con radiotelescopios ubicados a grandes distancias. Esta técnica combina las señales registradas simultáneamente por diferentes antenas y permite trabajar como si existiera un único instrumento cuyo tamaño estuviera determinado por la distancia entre ellas, aumentando de forma considerable la resolución de las observaciones.
El CART también tendrá aplicaciones geodésicas. Podrá contribuir a mejorar los sistemas internacionales que determinan con precisión la posición y orientación de la Tierra, estudiar irregularidades en su rotación, perfeccionar la red geodésica argentina y aportar datos para determinar órbitas y realizar seguimiento y telemetría de misiones satelitales.
Una de las posibilidades más relevantes es su trabajo conjunto con LLAMA, el radiotelescopio argentino-brasileño de 12 metros actualmente en desarrollo en la Puna salteña. Ambos instrumentos podrán operar en frecuencias comunes, particularmente entre 31 y 45 GHz, lo que abre la posibilidad de realizar observaciones interferométricas utilizando la separación entre San Juan y Salta como una extensa línea de base.
El CART también fue concebido para incorporarse a redes internacionales de VLBI, incluida la red de radiotelescopios operada por China. Esto es especialmente importante porque gran parte de los instrumentos utilizados para este tipo de mediciones está concentrada en el hemisferio norte, por lo que sumar una antena de estas características en Argentina mejoraría la cobertura disponible en el hemisferio sur.
Según la UNSJ, el reflector principal del CART quedó completamente ensamblado en julio de 2024, después del traslado desde China de las piezas necesarias para montar una estructura que supera las mil toneladas.
El CART, en medio de la competencia estratégica entre EE.UU. y China
La paralización del CART se produce además en un escenario de creciente competencia entre Estados Unidos y China por la presencia tecnológica y estratégica en América Latina. Durante los últimos años, Washington comenzó a señalar con especial atención las inversiones chinas en puertos, telecomunicaciones, energía, minerales e infraestructura espacial, bajo el argumento de que determinadas instalaciones civiles podrían tener también aplicaciones estratégicas o militares.
En marzo de 2024, la entonces jefa del Comando Sur estadounidense, general Laura Richardson, incluyó expresamente a las instalaciones espaciales de “doble uso” entre las actividades chinas que preocupaban a Estados Unidos en la región. Esa posición continuó bajo su sucesor, el almirante Alvin Holsey, cuyo informe al Congreso de 2025 volvió a colocar la expansión tecnológica china en América Latina entre las principales cuestiones de seguridad observadas por el comando estadounidense.
Argentina ya ocupaba un lugar particular dentro de esas preocupaciones debido a la Estación de Espacio Lejano CLTC-CONAE instalada en Neuquén, construida a partir de acuerdos con China y utilizada para brindar telemetría, seguimiento y control a las misiones chinas de exploración lunar y de espacio profundo. La CONAE sostiene que la instalación desarrolla estas actividades espaciales y contempla tiempo de utilización para investigadores argentinos. Sin embargo, Washington cuestionó durante años el grado de vinculación de la infraestructura espacial china con organismos relacionados con el aparato militar del país y manifestó dudas sobre la posibilidad de usos adicionales.
El tema llegó directamente a la relación bilateral en abril de 2024, durante una visita de Richardson a Buenos Aires. La estación de Neuquén formó parte de sus conversaciones con el Gobierno de Javier Milei y, poco después, las autoridades argentinas avanzaron con una visita técnica a las instalaciones.
El CART apareció, por lo tanto, en un contexto en el que cualquier nueva infraestructura espacial vinculada con China comenzó a recibir un análisis político y de seguridad mucho mayor que cuando el proyecto había sido concebido. En abril de 2025, apenas dos meses antes del vencimiento del acuerdo del radiotelescopio, el Gobierno argentino estableció además que la instalación y funcionamiento de estaciones terrestres, radares de observación aeroespacial y sistemas similares debían contar con la intervención previa del Ministerio de Defensa. Ese mismo año, Estados Unidos profundizó su cooperación espacial y militar con los países de la región: en agosto, durante la Conferencia Sudamericana de Defensa celebrada en Buenos Aires, el jefe del Comando Espacial estadounidense, general Stephen Whiting, llamó a ampliar la cooperación regional en el dominio espacial frente al crecimiento de la influencia de China y Rusia.
Esta política terminó de formalizarse a fines de 2025 en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que estableció el denominado Trump Corollary a la Doctrina Monroe. El documento sostiene que Washington buscará impedir que competidores externos al continente puedan instalar capacidades amenazantes o controlar activos estratégicos dentro del hemisferio occidental.
En el caso concreto del CART, si bien el Gobierno argentino ha explicado la situación mediante problemas administrativos, como el vencimiento del convenio cuatripartito, dificultades para acordar su renovación y supuestas irregularidades encontradas en el cargamento procedente de China, las autoridades de la UNSJ cuestionaron esa explicación y fueron más allá.
En octubre de 2025, su Consejo Superior advirtió oficialmente sobre una “evidente injerencia de intereses extranjeros” que, según la institución, estaba condicionando la cooperación científica argentina con China y afectando directamente al CART. Marcelo Segura, responsable del proyecto por el CONICET, también señaló que el freno coincidía con el alineamiento del Gobierno argentino con Estados Unidos y con la oposición estadounidense a la expansión de determinadas instalaciones chinas en el país.
Una historia de más de dos décadas
Las primeras gestiones del CART comenzaron en 2004, sobre la base de una cooperación astronómica previa entre San Juan y China, y en 2009 la Academia China de Ciencias planteó formalmente su interés en instalar en el hemisferio sur un radiotelescopio de estas características. El proyecto recibió la aprobación del entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología en 2014 y, un año después, quedó formalizado mediante el acuerdo entre los Observatorios Astronómicos Nacionales de China, la UNSJ, el CONICET y el Gobierno de San Juan.
Desde entonces atravesó diferentes administraciones nacionales y provinciales hasta alcanzar su actual estado de construcción. Con cerca del 90% de la instalación realizada, la UNSJ planteó ahora ante el Senado que la prioridad es renovar el marco institucional, liberar los componentes retenidos y completar el montaje necesario para que el CART pueda comenzar finalmente su etapa de puesta en servicio y operación científica.
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