Reino Unido puso en marcha Storm Fighter, un programa para desarrollar aviones de combate autónomos que operarán junto con los cazas tripulados de la Royal Air Force (RAF). El proyecto comenzó con una inversión inicial de 300 millones de libras y en primera instancia busca disponer de un demostrador de Collaborative Combat Aircraft (CCA) en vuelo hacia 2030. El objetivo es incorporar aeronaves no tripuladas para asumir tareas de alto riesgo y trabajar de manera coordinada con los futuros sistemas de combate británicos.
El programa se inscribe en una transformación más amplia de las Fuerzas Armadas británicas, para la que el Gobierno anunció inversiones superiores a 5.000 millones de libras en sistemas no tripulados y autónomos.
En este contexto, la RAF no comienza sus desarrollos desde cero. Reino Unido lleva años investigando y probando tecnologías de autonomía, vehículos remotamente pilotados y sistemas de guerra electrónica. La idea de Storm Fighter es reunir ese trabajo en un programa nacional integrado y aprovechar, al mismo tiempo, tecnologías y técnicas de fabricación que están siendo desarrolladas para el Global Combat Air Programme (GCAP), un proyecto impulsado por Reino Unido, Italia y Japón para desarrollar un nuevo caza de sexta generación a partir de 2035.
El rol de los CCA en la defensa moderna
Un CCA no es simplemente un dron armado de gran tamaño y controlado a distancia, sino una aeronave con un grado elevado de autonomía. La idea es que sea capaz de recibir objetivos generales y ejecutar parte de la misión mediante sistemas de navegación, procesamiento y toma de decisiones a bordo.
En particular, puede actuar por delante de un caza tripulado para ampliar su cobertura de sensores, transportar armamento adicional, efectuar reconocimiento, generar interferencias electrónicas o ingresar en áreas donde el riesgo para una aeronave y su piloto sería demasiado elevado. La combinación permite distribuir las capacidades que antes debían concentrarse en un único avión y aumentar la cantidad de plataformas disponibles sin multiplicar en la misma proporción el número de pilotos.
Una propuesta sobre la mesa: Brontanax
El programa británico todavía se encuentra en una etapa temprana y no existe una configuración definitiva seleccionada. Ante la necesidad británica, BAE Systems presentó en Farnborough el diseño Brontanax, una propuesta de CCA comparable en tamaño al avión entrenador Hawk de la misma compañía, con características furtivas, arquitectura modular y un diseño pensado para recibir actualizaciones. BAE pretende comenzar los ensayos en vuelo del Brontanax en 2027, y poder comercializarla como una aeronave con una fracción del costo de un caza tripulado. Sin embargo, Reino Unido aún no seleccionó a esa propuesta como la aeronave de Storm Fighter.
El concepto detrás del programa británico tiene similitudes con el YFQ-44A desarrollado por Anduril para la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Se trata de un avión de combate semiautónomo que ya se encuentra en ensayos de vuelo y que se concibió para operar a velocidades cercanas a las de un caza, transportar sensores y cargas de misión y actuar de manera coordinada con aeronaves tripuladas. Durante 2026, el YFQ-44A realizó vuelos con diferentes paquetes de software de autonomía y avanzó en la integración de armamento. En julio efectuó además un ensayo de fuego real con un misil aire-aire AIM-120.
La comparación permite anticipar el tipo de capacidades que podría buscar Reino Unido con Storm Fighter: una aeronave relativamente económica, producida en mayores cantidades que un caza convencional y capaz de aportar sensores, armamento y autonomía adicional sin necesidad de incorporar otro piloto a la formación.
La nueva iniciativa británica se enmarca dentro una familia más amplia de sistemas autónomos proyectados por la RAF: Storm Chrome estará orientado a guerra electrónica, mientras que Storm Fire apunta a misiones de ataque de largo alcance. La idea es disponer de plataformas diferentes y especializadas que puedan combinarse según cada operación, en lugar de exigir que una única aeronave realice todas las funciones.
La defensa moderna apunta hacia el combate autónomo
El movimiento de Reino Unido forma parte de una tendencia internacional que comenzó a impulsarse con la guerra moderna y el aumento de los desarrollos en vehículos autónomos de combate. Estados Unidos ya tiene en vuelo los demostradores YFQ-42A y YFQ-44A de su propio programa CCA, mientras distintas industrias europeas trabajan sobre conceptos similares.
La experiencia de los conflictos recientes también aceleró el interés por sistemas que puedan fabricarse más rápido, asumir mayores riesgos y distribuir las capacidades de combate. Reino Unido busca ahora trasladar esa lógica desde los drones relativamente simples hacia aeronaves autónomas de altas prestaciones capaces de integrarse con Typhoon, F-35 y, posteriormente, con GCAP.
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