SABIA-Mar, IA orbital y Luna: la tecnología que esta semana pasó de proyecto a capacidad

SABIA-Mar, IA orbital y Luna: la tecnología que esta semana pasó de proyecto a capacidad.

SABIA-Mar, IA orbital y Luna: la tecnología que esta semana pasó de proyecto a capacidad.

La semana tecnológica estuvo marcada por una serie de avances que, más que presentar nuevos proyectos, mostraron capacidades que comienzan a materializarse. En el eje satelital, Argentina completó la integración del SABIA-Mar y prepara al satélite para sus ensayos finales, mientras que China puso en órbita plataformas de observación que procesan imágenes mediante inteligencia artificial. Sobre la nueva carrera lunar, la NASA avanzó con la integración de Orion para Artemis III. Y en capacidades de acceso al espacio, SpaceX alcanzó los 90 lanzamientos en menos de ocho meses. En paralelo, también aparecieron los límites de ese proceso: Estados Unidos comenzó a discutir cómo evaluar los riesgos de los agentes de IA más avanzados y Blue Origin identificó una falla crítica durante las pruebas del motor BE-4.

Imagen de la cápsula Orion, la nave protagonista del nuevo programa lunar Artemis de la NASA. Crédito: NASA

El eje satelital: de Argentina a China

Uno de los avances más importantes para Argentina llegó desde el sector espacial. El nuevo satélite nacional SABIA-Mar, llamado a convertirse en la próxima gran misión nacional de observación de la Tierra, completó la fabricación e integración de su modelo de vuelo en las instalaciones de Bariloche, en la sede central de INVAP, y entró en la campaña de ensayos ambientales. Si mantiene el cronograma previsto, se lanzará durante el primer semestre de 2027. El proyecto está gestionado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y es parte del Plan Espacial Nacional.

Con 550 kg de masa y una vida útil proyectada de cinco años, el satélite operará desde una órbita heliosincrónica (SSO) de 702 km de altitud. Su misión estará concentrada especialmente en el estudio del Mar Argentino, las costas y los ecosistemas oceánicos mediante instrumentos ópticos capaces de analizar parámetros como la concentración de clorofila, la turbidez, los sedimentos en suspensión y la productividad biológica marina. Antes del lanzamiento todavía deberá superar ensayos de vibración, vacío térmico, compatibilidad electromagnética y verificaciones integrales de sus sistemas de comunicación y operación.

El satélite SABIA-Mar está diseñado para estudiar el mar, las costas y los ecosistemas oceánicos desde órbita. Crédito: INVAP.

Mientras Argentina se prepara para incorporar una nueva capacidad de observación, China dio un paso más en la integración entre satélites e inteligencia artificial. El 5 de agosto lanzó desde una plataforma marítima frente a la provincia de Shandong los Oriental Smart Eye 01 y 02, dos satélites de 300 kg desarrollados por la Universidad de Wuhan y equipados con cámaras hiperespectrales. Los vehículos pueden observar la superficie en 22 bandas del espectro electromagnético, con una resolución de cinco metros y una franja de cobertura de 300 kilómetros.

La principal novedad, sin embargo, está en el procesamiento: cada satélite incorpora sistemas de computación con inteligencia artificial para procesar la información directamente en órbita. En lugar de transmitir todo el material en bruto hacia estaciones terrestres, pueden detectar anomalías, identificar características relevantes y comprimir los datos antes de enviarlos. El objetivo es acelerar aplicaciones en agricultura, monitoreo ambiental y respuesta frente a fenómenos como incendios, inundaciones o contaminación del agua.

China lanzó con éxito los satélites Oriental Smart Eye 01 y 02, que pueden procesar la información en el espacio con inteligencia artificial.

La nueva carrera espacial

Estados Unidos también avanzó esta semana en uno de sus proyectos tecnológicos más ambiciosos: su programa lunar moderno. La NASA completó la unión del módulo de tripulación y el módulo de servicio de Orion para Artemis III, comenzando a conformar la nave integrada que utilizarán cuatro astronautas durante la misión prevista para 2027.

Tras modificar su arquitectura durante este año, Artemis III será una demostración tripulada en órbita terrestre baja. Su nuevo objetivo será probar operaciones de encuentro y acoplamiento entre Orion y sistemas vinculados a los futuros módulos de alunizaje. La experiencia será utilizada para reducir riesgos antes del regreso estadounidense a la superficie lunar, actualmente previsto dentro de Artemis IV.

La NASA integró el módulo de la tripulación y el módulo de servicio de Orion, la nave que protagoniza su programa lunar Artemis. Crédito: NASA.

SpaceX y su capacidad de reutilización completamente consolidada

Pero quizás el mejor ejemplo de cómo la competencia espacial está pasando de la capacidad técnica a la escala industrial volvió a ser SpaceX. La compañía llegó esta semana a su lanzamiento número 90 en menos de ocho meses, después de una nueva misión Falcon 9 desde California.

La primera etapa utilizada, identificada como B1063, completó además su vuelo número 34 y volvió a aterrizar para otra eventual reutilización. El dato muestra hasta qué punto la compañía consiguió convertir operaciones que hace apenas una década eran excepcionales en una rutina logística de alta frecuencia.

El cohete Falcon 9 desde la base de la Fuerza Espacial Vandenberg en California, transportando una nueva tanda de satélites pertenecientes a la megaconstelación Starlink.

Traspiés en IA y acceso al espacio

El rápido crecimiento tecnológico, sin embargo, también comienza a generar nuevos problemas. La Casa Blanca reunió esta semana a representantes de Meta, Anthropic, OpenAI y Google para discutir pruebas de seguridad aplicadas a agentes avanzados de inteligencia artificial.

El foco está puesto especialmente sobre sistemas capaces de utilizar herramientas, ejecutar código y desarrollar tareas con niveles crecientes de autonomía, incluyendo acciones relacionadas con ciberseguridad. El esquema planteado contempla evaluaciones voluntarias destinadas a determinar hasta qué punto estos modelos podrían encontrar vulnerabilidades o facilitar operaciones ofensivas.

En el sector espacial apareció un recordatorio similar. Blue Origin identificó una anomalía en la turbobomba de oxígeno líquido del BE-4, el motor de metano que utiliza el New Glenn y que también equipa al Vulcan Centaur de United Launch Alliance. La falla ocurrió durante un ensayo terrestre y terminó con la destrucción de la unidad de prueba. Para Blue Origin, comprender y corregir este tipo de problemas será fundamental para consolidar la confiabilidad de un sistema en el que siete motores BE-4 deben funcionar simultáneamente durante el ascenso del New Glenn.

Tras la explosión del cohete New Glenn de Blue Origin, que ocurrió el 28 de mayo de 2026, la compañía implementará un sistema híbrido horizontal/vertical. Crédito: Blue Origin.

Nuevas observaciones astronómicas

Y mientras la industria trabaja para construir más satélites, lanzar con mayor frecuencia y desarrollar sistemas cada vez más autónomos, el telescopio James Webb volvió a mostrar el resultado científico que puede obtenerse de esa infraestructura. Observaciones espectroscópicas de los anillos y pequeñas lunas interiores de Neptuno revelaron minerales ricos en magnesio que podrían proceder del interior de antiguos cuerpos de mayor tamaño.

Los investigadores consideran que estos objetos pudieron ser destruidos hace miles de millones de años después de que la captura gravitatoria de Tritón alterara profundamente la dinámica del sistema neptuniano. Parte de aquellos escombros habría terminado formando las pequeñas lunas y anillos que hoy rodean al planeta.

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