Este 5 de agosto, China lanzó con éxito los satélites Oriental Smart Eye 01 y 02, dos plataformas de observación terrestre que, además de obtener imágenes, podrán procesarlas con inteligencia artificial (IA) en órbita. Ambos ejemplares despegaron a bordo de un cohete Smart Dragon-3 desde una plataforma marítima frente a la ciudad de Haiyang, en la provincia de Shandong. Luego de haber alcanzado las órbitas previstas, los satélites comenzarán una etapa de pruebas antes de comenzar su operación, orientada a las tareas agrícolas, ambientales y de gestión de recursos naturales.
La misión estuvo a cargo del Centro de Lanzamiento de Satélites de Taiyuan y representó el vuelo número 12 del cohete Smart Dragon-3, también conocido como Jielong-3. El lanzamiento fue particularmente llamativo debido a que el cohete despegó desde el mar. Esta modalidad permite elegir con flexibilidad la ubicación y orientación de la trayectoria, mientras que reduce algunas restricciones geográficas y facilita el acceso a determinadas órbitas sin que las primeras etapas tengan que sobrevolar zonas pobladas.
Oriental Smart Eye 01 y 02
Los protagonistas de la misión son dos satélites de 300 kg cada uno, desarrollados por la Universidad de Wuhan, a través del equipo vinculado al Laboratorio Estatal Clave de Ingeniería de Información en Topografía, Cartografía y Teledetección. Están equipados con cámaras hiperespectrales que observarán la superficie terrestre en 22 bandas del espectro electromagnético, con una resolución espacial de 5 metros y una cobertura de bandas de 300 kilómetros en cada pasada.
Trabajando en conjunto, los satélites podrán volver a observar una misma región del planeta cada 5 días. Esta frecuencia de revisita es muy útil para el seguimiento de fenómenos que cambian con rapidez, como el crecimiento de los cultivos, la calidad del agua o los efectos de una sequía.
Otro aspecto llamativo de la misión es que la observación será hiperespectral, ofreciendo más información que una fotografía convencional. Una cámara común registra principalmente la intensidad de la luz visible en tres bandas amplias, el rojo, verde y azul. Un instrumento hiperespectral divide la radiación reflejada en una cantidad mucho mayor de intervalos, lo que permite obtener una especie de “firma espectral” para cada punto de la imagen.
Como distintos materiales absorben y reflejan la energía de maneras diferentes, los datos pueden utilizarse para identificar tipos de vegetación, estimar el contenido de clorofila y humedad, evaluar la calidad del agua, estudiar la materia orgánica del suelo o detectar determinadas composiciones minerales.
Una vez operativos, ambos ejemplares trabajarán junto con otro satélite de mayor resolución que ya se encuentra en órbita. Los Oriental Smart Eye revisarán áreas extensas y localizarán regiones de interés, mientras que el satélite de mayor resolución estudiará sectores más pequeños con mayor detalle.
El procesamiento inteligente en órbita
Además de sus cámaras, la novedad de Oriental Smart Eye está en la capacidad de interpretar parte de la información recopilada antes de enviarla a la Tierra. Cada satélite lleva módulos de computación con inteligencia artificial que pueden realizar hasta 400 billones de operaciones por segundo. Según información oficial, esa capacidad equivale a la de 20 computadoras portátiles de altas prestaciones.
El objetivo es trasladar a la órbita tareas que normalmente se realizan en centros de procesamiento terrestres. Los satélites, entonces, podrán recopilar los datos, identificar anomalías, reconocer características de la superficie, extraer información relevante y comprimirla. Todo eso mientras aún se encuentran en el espacio, para no tener que transmitir todas las imágenes en bruto para su análisis posterior. La idea es reducir el volumen de información que se envía a las estaciones terrestres y acortar el tiempo necesario para obtener resultados utilizables. Esto permite acortar el tiempo de respuesta frente a incendios, inundaciones, contaminación del agua u otros acontecimientos en los que la rapidez es determinante.
Por su parte, los dos satélites tendrán aplicaciones internacionales específicas. Oriental Smart Eye 01 forma parte de un proyecto de cooperación entre China e Indonesia y se utilizará para observar el desarrollo de los cultivos y evaluar riesgos vinculados con desastres naturales que puedan afectar la producción agrícola. Oriental Smart Eye 02 está asociado a un programa con Uzbekistán y acompañará el ciclo completo del cultivo de algodón.
El responsable de la puesta en órbita: Smart Dragon-3
El encargado de colocar los satélites en órbita fue el Smart Dragon-3, un lanzador comercial de cuatro etapas impulsado por combustible sólido. El cohete, de 31,8 metros de largo y 2,65 metros metros de diámetro, tiene una masa de despegue de 140 toneladas. Puede transportar hasta 1.500 kg hacia una órbita heliosincrónica (SSO) de 500 kilómetros de altura, una trayectoria muy utilizada por satélites de observación.
El vehículo está desarrollado por la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento (CALT) y está orientado al mercado de satélites pequeños y constelaciones comerciales. Puede operar desde tierra o desde plataformas marítimas y dispone de cofias de 2,9 o 3,35 metros de diámetro adaptables a diferentes cargas. Además, su preparación para el despegue sería sumamente rápida: la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CASC) sostiene que el sistema puede completar la preparación técnica del cohete y los satélites dentro de un plazo de 72 horas una vez iniciada la campaña final.
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