La posibilidad de que la Argentina incorpore submarinos Scorpène volvió a ganar relevancia a partir de la eventual participación de Brasil en la propuesta presentada por la empresa francesa Naval Group. Según un análisis de Zona Militar, el país vecino podría aportar capacidad industrial, apoyo logístico y un esquema de financiamiento que facilite la operación. Por ahora, la alternativa francesa continúa bajo análisis junto con otras opciones, entre ellas el submarino alemán Tipo 209NG, dentro del programa con el que la Armada Argentina busca recuperar una capacidad inactiva desde la pérdida del ARA San Juan en 2017.
Argentina firmó en 2024 una carta de intención con Francia para avanzar en la posible adquisición de unidades nuevas, pero las negociaciones no tuvieron una definición. Pese a eso, los submarinos franceses volvieron al centro de la conversación porque Brasil ya dispone de astilleros, personal especializado, simuladores, infraestructura de mantenimiento y experiencia operativa con una versión adaptada del Scorpène.
A través del Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB), Brasil construyó en Itaguaí los submarinos Riachuelo, Humaitá y Tonelero, ya incorporados por su Marina. En paralelo, el Almirante Karam ya se botó y atraviesa la etapa de pruebas previa a su entrada en servicio. Esa estructura podría reducir los costos de fabricación y sostenimiento de eventuales unidades argentinas y evitar que las reparaciones mayores deban realizarse en Europa.
¿Qué capacidades puede ofrecerle el Scorpène a la Argentina?
El Scorpène es un submarino convencional de ataque (SSK) diseñado para combatir buques de superficie y otros submarinos, patrullar áreas marítimas, hacer inteligencia, sembrar minas y desplegar fuerzas especiales. Estos ejemplares se destacan porque no se comercializan en un modelo único, sino que la desarrolladora francesa Naval Group adapta el diseño a las necesidades de cada cliente.
Como referencia, las variantes modernas tienen un desplazamiento de 1.600 a 2.000 toneladas, presentan unos 70 metros de eslora, superan los 20 nudos en inmersión y pueden operar a profundidades superiores a los 300 metros. Además, su propulsión es diésel-eléctrica. En superficie o utilizando el snorkel, los motores diésel generan electricidad y recargan las baterías. Luego, cuando navega completamente sumergido, el submarino apaga esos motores y utiliza propulsión eléctrica, mucho más silenciosa. Las versiones más recientes también pueden incorporar baterías de ion-litio, que almacenan más energía y permiten permanecer más tiempo bajo el agua.
Más allá de las capacidades de potencia y velocidad, la ventaja principal de esta plataforma es poder operar sin que la detecten. Por eso, el diseño hidrodinámico del casco, el aislamiento de la maquinaria, la reducción de vibraciones y el funcionamiento eléctrico disminuyen el ruido que puede revelar su posición.
Sus equipos de observación combinan sensores acústicos, electrónicos y ópticos. Los sonares pasivos escuchan hélices, motores y otros sonidos bajo el agua, mientras que los sonares activos emiten pulsos y analizan el eco que regresa desde un objeto. A ellos se suman los sistemas de vigilancia electrónica y los mástiles optrónicos, que utilizan cámaras diurnas y térmicas sin depender exclusivamente del periscopio tradicional. La información se concentra en el sistema de combate SUBTICS, que integra los datos de los sensores, construye una imagen táctica del entorno y ayuda a identificar amenazas y calcular soluciones de tiro.
El submarino cuenta con seis tubos de 533 milímetros y puede transportar hasta 18 armas, según la configuración, entre torpedos pesados, misiles antibuque y minas. La automatización permite operar el diseño estándar con alrededor de 31 tripulantes, aunque las versiones modificadas pueden requerir una dotación mayor.
El rol de Brasil en la transacción argentina
Brasil aparece como un socio posible porque ya completó gran parte del proceso industrial que la Argentina debería reconstruir: transferencia tecnológica, fabricación de secciones del casco, integración de sistemas, capacitación de tripulaciones y mantenimiento durante todo el ciclo de vida.
Una construcción o un esquema de apoyo regional desde Itaguaí podría acortar las distancias logísticas y favorecer una cooperación sostenida, pero su alcance dependerá del financiamiento, de la configuración solicitada y de los acuerdos entre los tres países.
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