El programa Artemis tiene cohete, cápsula, tripulaciones asignadas y una hoja de ruta política cada vez más urgente. Pero todavía enfrenta una pregunta básica: ¿con qué módulo van a bajar los astronautas de la NASA hasta la superficie de la Luna? Esa es la advertencia que puso sobre la mesa Jim Bridenstine, ex administrador de la NASA, al cuestionar la arquitectura elegida para los módulos lunares comerciales de Artemis.
Su planteo apunta a uno de los puntos principales de la misión, puesto que sin un sistema de alunizaje certificado, el regreso humano a la Luna no puede ocurrir. NASA trabaja con SpaceX y Blue Origin para desarrollar esos vehículos, pero ambos proyectos arrastran demoras, desafíos técnicos y una integración mucho más compleja que la del programa Apolo.
La comparación de Bridenstine: Artemis vs. Apolo
La crítica de Bridenstine tiene peso porque, en lugar de limitarse a una preferencia técnica, señala una diferencia de filosofía entre Apolo y Artemis. En Apolo, el Saturno V lanzaba en una sola arquitectura integrada a la cápsula de retorno, el módulo de servicio y el módulo lunar. Era una misión difícil, pero el sistema estaba diseñado para reducir interfaces críticas entre vehículos lanzados por separado.
Sin embargo, Artemis tomó un camino muy distinto, en el que el cohete Space Launch System (SLS) lanzará la nave Orion con la tripulación, mientras que el módulo lunar se desarrollará y lanzará aparte por empresas privadas. Ese lander deberá llegar por su cuenta al punto de encuentro con Orion y estar listo para recibir a los astronautas.
Para Bridenstine, “el genio de Apolo fue su simplicidad”. En Artemis, en cambio, la promesa de reutilización, participación comercial y capacidad futura trae una arquitectura más ambiciosa, pero también más expuesta a fallas de calendario, integración y madurez tecnológica.
El punto más criticado: el reabastecimiento en el espacio
El módulo lunar de SpaceX está basado en Starship, una nave de gran escala que no puede completar una misión lunar tripulada solo con el combustible cargado en el lanzamiento inicial. La arquitectura requiere lanzar Starship, transferir propelente criogénico en órbita y acumular suficiente combustible antes de enviar el vehículo hacia la Luna.
Esto implica cargar, almacenar y transferir fluidos extremadamente fríos, como oxígeno y metano líquidos, entre vehículos espaciales. Esta no es una operación sencilla ni rutinaria. De hecho, según el Inspector General de la NASA, la transferencia criogénica vehículo a vehículo a esa escala todavía no está demostrada y figura entre los riesgos técnicos más importantes del programa. Mucho más importante aún, el sistema Starship en general aún no se consolidó como una nave realmente operativa, y sigue en fase de pruebas.
Además, el esquema depende de una cadencia alta de lanzamientos, con varias misiones de reabastecimiento y tiempos de reutilización del sitio de lanzamiento que aún deben validarse. Blue Origin, con su lander Blue Moon, enfrenta un desafío distinto pero relacionado. La compañía también necesita madurar tecnologías de gestión de fluidos criogénicos, almacenamiento en el espacio y transferencia de propelente dentro de una arquitectura que incluye vehículos de transporte, órbitas intermedias y operaciones cerca de la Luna.
El cambio en el cronograma del programa Artemis
La propia NASA ya ajustó su plan original, porque con el calendario y los landers en su estado actual, no podría cumplir los plazos prometidos. Artemis III, que durante años estuvo pensada como la misión del primer alunizaje tripulado del programa, ahora aparece como una demostración en órbita baja terrestre prevista para 2027. Allí, Orion deberá probar operaciones de encuentro y acoplamiento con uno o ambos landers. La agencia también contempla pruebas de sistemas integrados, soporte vital, comunicaciones, propulsión y trajes de actividad extravehicular.
El primer retorno de astronautas a la superficie lunar quedó trasladado a Artemis IV, proyectada hacia 2028. En esa misión, cuatro astronautas viajarán en Orion hacia la órbita lunar. Dos de ellos pasarán al sistema de alunizaje, descenderán cerca del Polo Sur lunar, trabajarán una semana en la superficie y luego volverán a la órbita para reencontrarse con Orion.
En términos operativos, la nueva Artemis III indica que la NASA necesita ensayar más cerca de la Tierra antes de comprometer una misión de descenso lunar.
Artemis no está condenado, pero tampoco avanza
El informe del Inspector General resume el problema. La NASA logró mantener relativamente controlados los costos contractuales del sistema de alunizaje, pero el desarrollo de los landers ya está afectando el calendario. SpaceX acumula al menos dos años de demora en el desarrollo de Starship para Artemis, con retrasos adicionales esperados. Blue Origin también enfrenta demoras y debe cerrar problemas de diseño vinculados a propulsión, masa, márgenes de propelente e integración con otros sistemas del programa.
Esto no significa que Artemis esté condenado ni que la decisión comercial haya sido equivocada. Significa que el programa apostó por una arquitectura que puede dar capacidades mucho mayores que Apolo, pero que exige resolver varias tecnologías nuevas casi al mismo tiempo.
Ese es el riesgo que Bridenstine intenta subrayar. Estados Unidos puede tener el cohete más potente en operación, una cápsula diseñada para volver desde la Luna y una presión geopolítica creciente frente a China, pero el alunizaje depende de una pieza que todavía no está lista. La pregunta ya no es solo cuándo despega Artemis, sino cuándo la NASA tendrá un lander capaz de llevar astronautas a la superficie lunar y traerlos de regreso con seguridad.
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