Blue Origin ha iniciado formalmente las labores de reconstrucción en el Complejo de Lanzamiento 36 (LC-36) de Cabo Cañaveral, tras la explosión sufrida el pasado 28 de mayo durante una prueba de fuego estático del cohete New Glenn. A pesar de los daños materiales iniciales, que incluyeron el colapso de una torre de protección contra rayos y la destrucción del sistema transportador-erector, la compañía aeroespacial ha descartado retrasos plurianuales. Basándose en la preservación de infraestructuras críticas y en un cambio en la estrategia operativa de la plataforma, los directivos de la firma aseguran que el vehículo reanudará sus misiones antes de que finalice el año.
Evaluación de daños y preservación de infraestructura crítica
El análisis posterior al incidente determinó que el impacto en los sistemas de soporte terrestre fue selectivo. Si bien el fallo del vector destruyó el transportador-erector, mecanismo hidráulico encargado del traslado horizontal y la posterior verticalización del cohete, los componentes de largo plazo orientados al almacenamiento de fluidos criogénicos no sufrieron daños estructurales. El parque de tanques de propulsor, que alberga las reservas de oxígeno líquido (LOX) y gas natural licuado (GNL), permaneció intacto y aislado del epicentro de la detonación.
Asimismo, un segundo propulsor New Glenn, asignado a cronogramas de lanzamiento posteriores, se encontraba resguardado en el hangar de integración adyacente y no fue alcanzado por la metralla derivada de la explosión. La remoción de escombros en la zona de exclusión se completó mediante el despliegue coordinado de 400 unidades de equipo pesado, permitiendo que las obras civiles de restauración civil y de cableado de diagnóstico comenzaran formalmente a mediados de junio.
Modificación del concepto de operaciones de la plataforma
Para eludir el prolongado tiempo de manufactura que requeriría la sustitución del transportador-erector original, Blue Origin implementará una alternativa en su concepto de operaciones (ConOps). Esta estrategia sustituirá el proceso de erigido horizontal por un sistema de ensamblaje e instalación vertical directa sobre la mesa de lanzamiento. Este cambio metodológico simplifica los requisitos de la infraestructura de soporte inmediato en la plataforma y optimiza los plazos de certificación de seguridad exigidos por la Administración Federal de Aviación (FAA).
La viabilidad de reanudar los vuelos en un plazo inferior a los siete meses responde a la alta demanda del mercado de lanzamiento satelital, caracterizado actualmente por un déficit en la oferta de vectores de carga pesada. La reactivación de New Glenn busca mitigar la saturación de los manifiestos de carga globales, permitiendo a la compañía dar salida a su cartera de contratos comerciales y gubernamentales sin alterar estructuralmente la arquitectura general del cohete de dos etapas.
Sostenibilidad del cronograma para las misiones lunares Artemis
La rápida recuperación de la infraestructura de lanzamiento evita la necesidad de que la NASA desvincule contractualmente los módulos de aterrizaje de la campaña Artemis de sus vectores originales. El cronograma de la compañía mantiene para principios del próximo año el debut del módulo robótico Blue Moon Mark 1, enmarcado en la misión de suministro “Base Lunar 1”. Adicionalmente, se prevé el lanzamiento de un prototipo Mark 2 a mediados de año para la validación de tecnologías asociadas a Artemis III, seguido por un segundo Mark 1 que transportará el rover VIPER de la NASA hacia el polo sur lunar.
En paralelo a las obras en el LC-36, el desarrollo de los sistemas de descenso ha continuado sin interrupciones operativas. Recientemente, el motor BE-7, que propulsa la arquitectura Blue Moon mediante una mezcla de hidrógeno y oxígeno líquidos, completó una prueba de encendido estático continuo de 41 minutos. Este ensayo de resistencia, el más extenso registrado para este modelo, tuvo como objetivo principal recopilar datos sobre el comportamiento térmico y la degradación de los componentes de la tobera bajo condiciones de empuje sostenido, garantizando los márgenes de redundancia necesarios para las maniobras de inserción orbital y alunizaje.
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