El equipo CanSat UNLP CDR, integrado por estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), finalizó en el puesto 12 de la CanSat Competition 2026. La instancia internacional se realizó del 4 al 7 de junio en Virginia, Estados Unidos, y reunió a 40 equipos universitarios seleccionados entre proyectos de distintos países. El resultado ubicó al grupo platense entre los mejores desarrollos de la competencia y marcó una nueva participación argentina destacada en un certamen de tecnología aeroespacial aplicada.
La CanSat Competition es una competencia universitaria de diseño, construcción, prueba y operación de sistemas espaciales a escala. En este concurso, el desafío lleva a los equipos a llevar a cabo un ciclo completo de ingeniería: definir la misión, desarrollar el hardware, integrar sensores y electrónica, realizar ensayos, operar el sistema durante el lanzamiento y analizar los datos obtenidos. En ese marco, el equipo de la UNLP llegó a la final con un nanosatélite funcional del tamaño de una lata, desarrollado por estudiantes de Ingeniería Aeroespacial, Electrónica y Computación, con acompañamiento docente de la propia facultad.
Una secuencia de misión compleja a escala
El desafío de 2026 no consistía solo en construir un dispositivo pequeño, sino en demostrar que podía cumplir una secuencia de misión compleja. El sistema debía estar compuesto por una carga útil y un contenedor montado sobre el cohete. Tras alcanzar la altitud máxima, el conjunto debía separarse del vehículo lanzador y descender con paracaídas. Luego, a una fracción determinada de la altitud de vuelo, la carga útil debía separarse del contenedor y continuar el descenso mediante un sistema de control tipo parapente, orientándose hacia una posición definida para liberar un instrumento cerca del suelo.
Durante la misión, además, el CanSat debía medir y transmitir datos como temperatura interna, voltaje y corriente de batería, altitud, inclinación, velocidad de rotación y posición GPS a una estación en tierra.
La participación del grupo platense también dejó aprendizajes de gestión y operación. Según la Facultad de Ingeniería, el equipo enfrentó imprevistos técnicos durante la competencia y debió resolver fallas en tiempo real, una situación habitual en proyectos experimentales donde el diseño se pone a prueba bajo condiciones reales. Para los estudiantes, el balance más importante estuvo en la experiencia adquirida, en la que se validaron decisiones de diseño, se detectaron puntos a mejorar y ya proyectan una reorganización del equipo para futuras ediciones, con mayor foco en la planificación, los tiempos de trabajo y los procesos internos.
Ese punto es muy importante, porque una competencia CanSat no evalúa únicamente si un dispositivo vuela, sino que también exige documentación, revisiones de diseño, integración entre áreas, ensayos ambientales, operación de misión, análisis de datos y presentación de resultados. Por eso, la incorporación de perfiles vinculados a la gestión, como ingeniería industrial o un rol especial dedicado a la ingeniería de sistemas es fundamental. En proyectos aeroespaciales, el desempeño técnico depende tanto de la calidad del diseño como de la coordinación del equipo, la trazabilidad de los cambios y la capacidad de llegar a la campaña de lanzamiento con un sistema probado y confiable.
Argentina, líder en competencias aeroespaciales internacionales
El desempeño de la UNLP se suma a una presencia argentina cada vez más visible en competencias estudiantiles vinculadas al espacio. En la misma edición 2026, el equipo SEDS ITBA quedó entre los cinco mejores del certamen, mientras que en 2025 había alcanzado el primer puesto internacional. Estos resultados muestran que las universidades argentinas están formando equipos capaces de competir en escenarios exigentes, con proyectos que combinan electrónica, software, estructuras, aerodinámica, recuperación, comunicaciones y operación de misión.
Para la Facultad de Ingeniería de la UNLP, la participación de CanSat UNLP CDR representa una experiencia de formación práctica en la que los estudiantes deben convertir conocimientos de aula en un sistema funcional, sometido a restricciones de masa, volumen, energía, comunicaciones y confiabilidad. El equipo quedó entre los 12 mejores participantes del mundo, pero sobre todo le da una base concreta para volver con un diseño más maduro, una organización más sólida y una hoja de ruta más clara para la próxima competencia.
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