La constelación argentina SAOCOM suma 7 años de operación desde el lanzamiento del SAOCOM 1A, el primer satélite de la misión, puesto en órbita en 2018. Su gemelo, el SAOCOM 1B, se sumó en 2020 y completó la constelación de observación terrestre desarrollada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Desde entonces, la Argentina cuenta con una capacidad propia para obtener datos de radar desde el espacio, incluso de noche y en cualquier condición climática, una gran limitación para los satélites ópticos.

El objetivo de los SAOCOM
En general, se suele imaginar a los satélites de observación terrestre como una nave espacial con una cámara fotográfica a bordo. Si bien ese concepto es acertado para los satélites con cámaras ópticas, no lo es para los SAOCOM.
A diferencia de las misiones de observación convencionales, los SAOCOM fueron diseñados para generar datos físicos sobre el territorio, no para simplemente “sacar fotos”. Para ello, estos ejemplares utilizan un Radar de Apertura Sintética (SAR), que emite pulsos de microondas hacia la superficie de la Tierra y mide la señal que regresa al satélite. Esa respuesta, llamada retrodispersión, cambia según la rugosidad del terreno, la presencia de agua, la estructura de la vegetación, la humedad del suelo y las características de los materiales que se observan. Por eso, las imágenes generadas por estos satélites no se interpretan como una foto común, sino como productos que permiten analizar procesos agrícolas, hidrológicos y ambientales.
El instrumento principal de cada satélite es un radar SAR polarimétrico en banda L, con una frecuencia central de 1,275 GHz. La banda L implica que las ondas emitidas son de mayor longitud de onda que las de otros ejemplares, lo que les permite interactuar con capas superficiales del suelo y con estructuras vegetales de una forma muy útil para medir humedad, diferenciar coberturas y detectar cambios. Según el modo de adquisición, SAOCOM obtiene imágenes con resoluciones de 10 a 100 metros y anchos de barrido de 20 a 350 kilómetros. Esa flexibilidad permite elegir entre mayor detalle espacial o mayor cobertura territorial, según la necesidad del usuario.

Los datos que recopila SAOCOM y su aplicación
El dato más importante que recopila la agencia espacial argentina con los SAOCOM es la humedad del suelo. La misión construye mapas de humedad superficial y series temporales que muestran cómo cambia el contenido de agua en el tiempo. Esta información es clave para agricultura, riego, manejo de cultivos y evaluación de sequías. En zonas productivas, por ejemplo, ayuda a decidir fechas de siembra, fertilización, aplicación de agroquímicos o cosecha. En regiones áridas y semiáridas, por su parte, aporta información para optimizar el uso del agua.
Otro grupo de datos importante está relacionado con el seguimiento de vegetación y cobertura terrestre. A partir de la respuesta radar, la CONAE puede generar productos como índices de vegetación, clasificación de coberturas y mosaicos provinciales construidos con varias escenas SAOCOM. Estos mosaicos permiten observar provincias completas mediante composiciones polarimétricas de color, donde distintos tonos representan diferencias en la forma en que la superficie devuelve la señal del radar. Así, se logra una lectura complementaria para las imágenes satelitales convencionales, con detalles de textura, humedad, estructura y cambios físicos del terreno.
Otro eje de aplicación de la misión es en emergencias. El radar puede detectar cuerpos de agua, áreas inundadas, derrames de hidrocarburos y cambios en la superficie aún con humo o mal tiempo. Esa capacidad es muy útil, por ejemplo, durante inundaciones, cuando los sensores ópticos pueden quedar limitados por las nubes asociada al evento. En esos casos, SAOCOM permite delimitar zonas anegadas, alimentar modelos hidrológicos y mejorar la evaluación de daños.

Potencial de desarrollo y futuro de la constelación
Después de estos años de operación, además de los datos obtenidos, un gran avance está en la transformación de esos datos en productos accesibles. La CONAE dispone de catálogos, visores, productos derivados y herramientas para consultar imágenes adquiridas, mosaicos, humedad de suelo y planes de adquisición. Esa infraestructura es tan importante como el satélite, puesto que sin procesamiento, calibración, georreferenciación y distribución, la imagen radar no puede ser directamente utilizada por el usuario final. El desafío es que esa información llegue de forma más simple a productores, organismos provinciales, universidades, áreas de emergencia y empresas que puedan convertirla en decisiones concretas.
Recientemente, y según comunicó Espacio Tech a partir de conversaciones con la CONAE, la agencia espacial argentina explicó que los SAOCOM tienen por detrás 7 años de operación, pero que les quedan por delante unos 10 años más. De esta forma, con la operación y procesamiento de datos ya convertidos en un proceso sistemático y sinérgico, el punto de desarrollo de la misión SAOCOM podría ser ampliar el uso sistemático de sus datos y sostener la continuidad de la serie. En observación de la Tierra, este último concepto es central, puesto que una medición aislada sirve, pero una serie histórica permite comparar campañas agrícolas, ciclos hídricos, sequías, inundaciones y cambios territoriales durante años.
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