3 experimentos científicos argentinos que seguro no conocías

Argentina tiene una historia científica mucho más rica de lo que suele aparecer en los titulares, con experimentos ue incluso terminaron en premios Nobel.

Argentina tiene una historia científica mucho más rica de lo que suele aparecer en los titulares, con experimentos ue incluso terminaron en premios Nobel.

Argentina tiene una historia científica mucho más rica de lo que suele aparecer en los titulares. Algunos experimentos terminaron en premios Nobel, otros fueron grandes fracasos que dejaron aprendizajes enormes, y otros siguen funcionando hoy en silencio, mirando fenómenos que vienen desde los rincones más extremos del universo. En este artículo, te traemos 3 experimentos científicos argentinos que muestran que la ciencia nacional también tuvo momentos rarísimos, ambiciosos y decisivos.

1. Los experimentos de Houssay que ayudaron a entender la diabetes

Bernardo Houssay fue uno de los científicos argentinos más importantes de la historia. En 1947 ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones sobre el papel de la hipófisis, una pequeña glándula ubicada en el cerebro, en el metabolismo del azúcar. Sus experimentos ayudaron a entender mejor cómo el cuerpo regula la glucosa y qué relación existe entre las hormonas, la insulina y la diabetes.

Lo interesante es que Houssay trabajó con animales de laboratorio, especialmente perros y sapos, para estudiar qué pasaba cuando se modificaba el funcionamiento de la hipófisis. Al remover partes de esa glándula en perros, observó que los animales se volvían muy sensibles a dosis bajas de insulina. Eso indicaba que la parte anterior de la hipófisis producía alguna hormona capaz de contrarrestar el efecto de la insulina.

Sus experimentos mostraron que el metabolismo del azúcar no dependía solo del páncreas y la insulina. También había otras glándulas y hormonas participando en ese equilibrio. Ese descubrimiento fue clave para la endocrinología moderna y convirtió a Houssay en el primer científico latinoamericano en recibir un Nobel en ciencias.

Bernardo Houssay fue uno de los científicos argentinos más importantes de la historia, que en 1947 ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

2. El Proyecto Huemul: el experimento nuclear secreto que no salió como se esperaba

Uno de los capítulos más extraños de la ciencia argentina fue el Proyecto Huemul. A fines de la década de 1940 y comienzos de los años 50, el físico austríaco Ronald Richter convenció al gobierno argentino de que podía lograr fusión nuclear controlada en la isla Huemul, en Bariloche. La idea era reproducir en laboratorio un proceso similar al que alimenta al Sol, para obtener una fuente de energía revolucionaria.

El problema fue que los resultados no resistieron una evaluación científica seria. En 1952, José Antonio Balseiro integró una comisión que inspeccionó las instalaciones y elaboró un informe técnico demoledor. Allí analizó las condiciones físicas que decía haber alcanzado Richter y mostró que las temperaturas necesarias para iniciar ciertas reacciones nucleares estaban muy lejos de lo que podía lograrse con los dispositivos disponibles.

El experimento terminó clausurado, pero el fracaso de Huemul empujó a ordenar la investigación nuclear argentina sobre bases mucho más rigurosas. De ese proceso surgieron instituciones fundamentales para el país, como el Centro Atómico Bariloche y el Instituto Balseiro. Si bien no fue el gran triunfo científico que se anunció en su momento, pero sí terminó siendo parte del origen de una tradición nuclear argentina muy fuerte.

El físico Ronald Richter junto al general Juan Domingo Perón y funcionarios argentinos de la época.

3. Pierre Auger: el experimento en Mendoza que estudia partículas del espacio profundo

En Malargüe, Mendoza, funciona uno de los experimentos científicos más impresionantes del mundo, el Observatorio Pierre Auger. Su objetivo es estudiar rayos cósmicos de ultra alta energía, partículas que llegan desde el espacio y golpean la atmósfera terrestre casi a la velocidad de la luz. Son tan energéticas y tan raras que, para detectarlas, hace falta cubrir una superficie enorme.

El observatorio combina dos métodos de detección. Por un lado, usa tanques con agua distribuidos en la superficie para registrar las partículas secundarias que se producen cuando un rayo cósmico choca contra la atmósfera. Por otro, utiliza telescopios que observan la tenue luz ultravioleta generada por esas cascadas de partículas en el cielo. Esa combinación permite reconstruir de dónde vino el rayo cósmico y cuánta energía tenía.

La escala del experimento es enorme. El arreglo principal tiene 1.660 detectores de superficie distribuidos sobre unos 3.000 kilómetros cuadrados, además de telescopios de fluorescencia ubicados en edificios alrededor del área de detección. Es una iniciativa internacional, pero está instalada en Argentina y cuenta con participación científica y técnica local.

El Observatorio Pierre Auger estudia rayos cósmicos de ultra alta energía en Malargüe, Mendoza.

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