Argentina consolida su camino hacia el acceso autónomo al espacio mediante el desarrollo de los cohetes MET (Modelo de Exposición Tecnológica). El desarrollo de la familia MET es el resultado de una política de reactivación tecnológica liderada por la Fuerza Aérea Argentina y CITEDEF (Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa), retomando la histórica tradición de sondas del país. Estos cohetes representan hitos fundamentales en la ingeniería nacional, actuando como bancos de pruebas para el desarrollo de cohetes argentinos.
El programa MET no sólo valida la resistencia estructural de los materiales ante vibraciones extremas, sino que también pone a prueba el software de control y los sistemas de telemetría en tiempo real desarrollados íntegramente en el país.
MET-1: El éxito del prototipo inicial
El 22 de mayo, la Fuerza Aérea lanzó el cohete sonda MET 1-SO “Escorpio”, impulsado por un motor de combustible sólido nacional. Se trató de un vehículo suborbital de una sola etapa, que llevaba una cápsula recuperable en su punta. El objetivo principal fue probar en vuelo los subsistemas del lanzador.
La cápsula incorporaba un sistema de inteligencia artificial para facilitar su localización tras el descenso. Luego de alcanzar el punto más alto de su trayectoria, el cohete se separó de la cápsula, que descendió por paracaídas y amerizó en el Atlántico Sur. Un equipo de la Armada Argentina la recuperó exitosamente con apoyo de drones y sistemas de posicionamiento. Este resultado marcó la primera experiencia nacional con recuperación de carga útil sobre el mar argentino.
Las autoridades calificaron el lanzamiento como “un hito histórico” que consolidó a la FAA “como un actor central en el desarrollo de tecnología estratégica”. En paralelo, el lanzador contaba con aviónica desarrollada en el país, sistemas avanzados de telemetría de alta frecuencia y un diseño modular escalable, que fueron validados en vuelo.
MET-2: Potencia y propulsión líquida
El segundo lanzamiento del año ocurrió el 13 de noviembre con el cohete sonda MET 2-SO “Crux”. Al igual que en mayo, la prueba se realizó desde el CELPA II Atlántico. El MET 2-SO continuó la línea de trabajo iniciada con el Escorpio, pero incorporó la reutilización del motor sólido.
El objetivo principal fue calificar en vuelo un tubo motor en su segundo ciclo de utilización, bajo el concepto de lanzar y recuperar para reducir costos operativos. Durante la misión se verificaron parámetros técnicos, sistemas de telemetría, registros ópticos de seguimiento y la capacidad de predecir el punto de recuperación del vector.
En esta ocasión, la FAA logró recuperar simultáneamente la cápsula de carga útil y el motor propulsor, poniendo a prueba nuevos sistemas de geolocalización y flotabilidad autónoma. Tras el vuelo, ambos elementos se recuperaron exitosamente del Atlántico, confirmando el modelo de cohete como parcialmente reutilizable.
Proyecciones y futuro del programa
El programa MET ingresa ahora en una etapa de consolidación técnica. Después de los ensayos realizados, el objetivo inmediato no es presentar un lanzador orbital terminado, sino sostener una línea de pruebas que permita acumular datos de vuelo, validar subsistemas críticos y formar personal especializado en operaciones de cohetería. En ese sentido, cada lanzamiento funciona como una plataforma de aprendizaje para reducir riesgos antes de avanzar hacia vehículos de mayor escala.
El valor del programa está en las capacidades que deja instaladas. Los cohetes MET permiten ensayar estructuras sometidas a cargas dinámicas elevadas, sistemas de telemetría, aviónica, procedimientos de seguridad, operaciones de lanzamiento y recuperación, además de tecnologías asociadas a la propulsión. Ese conjunto de conocimientos es indispensable para cualquier país que busque desarrollar acceso propio al espacio, porque permite pasar de ensayos aislados a una cadena técnica más madura y repetible.
Ahora, el desafío será transformar los ensayos en una política sostenida. Para eso, el programa necesita continuidad presupuestaria, planificación técnica, infraestructura de ensayo, proveedores especializados y una coordinación clara entre organismos de Defensa, ciencia, industria y sector espacial. Sin esos elementos, los vuelos pueden quedar como hitos importantes pero aislados; con ellos, pueden convertirse en la base de una capacidad nacional más ambiciosa.
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