El satélite argentino que operó 13 años en el espacio y que el 90% de los argentinos no supo que existía: conocé al SAC-C

Argentina tuvo durante casi trece años al SAC-C, un satélite propio de observación de la Tierra funcionando en órbita. Se trató de la tercera misión de la serie SAC en llegar al espacio y de la primera misión satelital argentina operativa de observación terrestre, lanzada en el 2000 y activa hasta 2013. Pero mientras enviaba datos útiles para la producción, el ambiente, la ciencia y la educación, la mayor parte del país ni siquiera supo que existía.

Imagen de las Islas Malvinas, tomada por el satélite argentino SAC-C. Crédito: CONAE.

El SAC-C nació como parte de la serie SAC (Satélite de Aplicaciones Científicas) del Plan Espacial Nacional y fue un proyecto liderado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), con la empresa nacional INVAP como contratista principal para la construcción de la plataforma. La misión fue el fruto de una cooperación internacional que incluyó la participación de la NASA, Francia, Italia, Brasil y Dinamarca. Estados Unidos aportó el lanzamiento, apoyo operativo y parte de la instrumentación. Brasil colaboró en ensayos ambientales, mientras Italia suministró componentes de energía y equipos de orientación. Francia sumó un experimento para medir radiación espacial, y Dinamarca aportó instrumentación para el estudio del campo magnético terrestre.

Características técnicas y capacidades del primer “ojo en el cielo” argentino

El SAC-C pesaba 485 kg, medía 1,85 x 1,68 metros de base y 2,2 metros de alto, y se colocó en una órbita circular, cuasi polar y heliosincrónica a 705 km de altura, con revisita de 9 días. Despegó desde Vandenberg, en California, a bordo de un cohete Boeing Delta II 7320, junto con el ejemplar EO-1. Ambos pasaron a integrar la Constelación Matutina junto con los ejemplares Landsat 7 y Terra, una configuración que permitía obtener imágenes casi en simultáneo de los mismos lugares de la Tierra pero con distintos sensores y resoluciones. El satélite fue operado por la Argentina desde la estación terrena de Córdoba.

El instrumento principal a bordo del SAC-C era la MMRS, una cámara multiespectral de cinco bandas en visible, infrarrojo cercano e infrarrojo de onda corta. Con 175 metros de resolución y 360 km de barrido, estaba pensada para observar grandes extensiones de territorio y extraer información sobre vegetación, suelo, agua y costas. A eso se sumaban la HRTC, una cámara pancromática de 35 metros y 90 km de barrido, que servía para agregar detalle espacial; y la cámara de alta sensibilidad del satélite, capaz de captar eventos nocturnos con 300 metros de resolución y 700 km de ancho de barrido. El orbitador también contaba con un sistema de recolección de datos para plataformas en tierra y sistemas italianos de orientación y navegación.

Primera imagen que transmitió el satélite de observación argentino SAC-C.

Además de los instrumentos de observación y guiado, el SAC-C llevaba una serie de instrumentos y experimentos científicos: el equipo ICARE para radiación espacial, el experimento GOLPE de ocultación GPS para perfiles atmosféricos y dos magnetómetros para estudiar el campo geomagnético de la Tierra.

En conjunto, toda esa arquitectura le daba un perfil muy particular dentro de su época. Por ejemplo, frente a Landsat 7 de la NASA y el U.S. Geological Survey (USGS), que también volaba a 705 km pero ofrecía 30 metros en bandas multiespectrales, 15 metros en pancromático y una faja de 185 km, el SAC-C resignaba algo de detalle en su cámara principal para ganar cobertura y adaptar mejor la observación a un país extenso como la Argentina.

Imagen del SAC-C, el primer satélite de observación terrestre de la Argentina.

El valor del SAC-C

Más allá del avance tecnológico que constituyó y las capacidades técnicas que dejó instaladas, el SAC-C aportó imágenes satelitales muy valiosas para el país. Sus datos se aplicaron en más de 200 proyectos de investigación y en convenios de cooperación vinculados con agricultura, hidrología, estudio de costas, geología, salud y gestión de emergencias. Entre sus principales aplicaciones, la cámara de alta sensibilidad generó imágenes nocturnas que usaron la Prefectura Naval y la Armada para apoyo a la vigilancia marítima. Además, la MMRS tenía un diseño espectral especialmente útil sobre el mar: sus bandas en la zona del azul permitían distinguir tonalidades y materiales en suspensión que ayudaban a seguir recursos marinos y aportar a la actividad pesquera.

El satélite también hizo una diferencia en situaciones de emergencia como la inundación de Santa Fe en 2003, los incendios del Delta en 2008 y la erupción del volcán Chaitén ese mismo año. Organismos como el INTA, el INA y el entonces Ministerio de Agricultura usaron sus datos para tomar decisiones sobre anegamientos, manejo de cultivos y seguimiento hidrológico.

La misión terminó el 15 de agosto de 2013, cuando se perdió repentinamente la comunicación con el satélite. Según CONAE, en sus últimos meses la agencia ya estaba trabajando en la preparación de su bajada de órbita porque el sistema venía mostrando un deterioro progresivo. Pero incluso su cierre dejó en claro la magnitud del proyecto: el SAC-C había sido diseñado para operar entre 4 y 5 años y terminó funcionando casi 13.

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