Ucrania enfrenta una escasez de motores de drones que atasca la expansión de su flota de ataque de largo alcance

Ucrania enfrenta una escasez de motores de drones que atasca la expansión de su flota de ataque de largo alcance.

Ucrania enfrenta una escasez de motores de drones que atasca la expansión de su flota de ataque de largo alcance. Crédito: REUTERS.

La expansión del programa ucraniano de drones de ataque de largo alcance se encuentra atascada debido a la escasez de pequeños motores a reacción que los impulsan. Fabricantes europeos están aumentando producción e inversión para evitar que ese faltante termine frenando una de las capacidades que Kiev más utiliza para golpear objetivos lejanos en territorio controlado por Rusia. Para Ucrania, estos drones representan una opción más veloz que los modelos convencionales con hélice y mucho más barata que los misiles occidentales de largo alcance.

Un militar de las Fuerzas Armadas de Ucrania transporta un dron FPV con un sistema de puntería asistido por IA. Crédito: REUTERS/Sofiia Gatilova.

El problema gira en torno a los llamados mini turbojets, pequeños motores a reacción que equipan drones de ataque, municiones merodeadoras e incluso interceptores. Los drones impulsados por hélice suele priorizar sencillez y el bajo costo. En cambio, un dron con turbojet puede alcanzar velocidades mucho más altas y recorrer largas distancias con una carga militar útil. Esa ventaja lo vuelve valioso para operaciones de ataque profundo, porque allí son fundamentales la velocidad, el alcance y la capacidad de penetrar defensas. De hecho, algunos drones ucranianos de este tipo pueden alcanzar velocidades de hasta 900 km/h, muy por encima de los 185 km/h de los drones de hélice.

Del lado ruso también existe una evolución en la misma dirección, con modelos a reacción capaces de volar a varios cientos de kilómetros por hora, cubrir largas distancias y transportar cargas explosivas significativas. El resultado es una competencia tecnológica en la que el motor pasa a ser un componente decisivo.

Un militar de las Fuerzas Armadas de Ucrania transporta un dron FPV con un sistema de puntería asistido por IA. Crédito: REUTERS/Sofiia Gatilova.

Ucrania y el faltante de motores

El cuello de botella aparece porque estos motores son pequeños pero complejos. Suelen tener menos de 30 centímetros de diámetro, deben ser livianos, resistentes y capaces de sostener empuje durante trayectos extensos. Para fabricarlos se usan materiales como aleaciones de titanio y, en muchos casos, componentes producidos con impresión 3D. Eso exige una base industrial especializada, proveedores precisos y procesos de manufactura avanzados. El problema es que en Europa había muy pocos fabricantes produciendo este tipo de motores a escala antes de la invasión rusa de 2022, por lo que ampliar la oferta con rapidez resultó mucho más difícil de lo que Ucrania necesita.

Esa limitación ya impacta sobre la producción. Dentro del sector ucraniano se considera que la falta de estos motores es uno de los principales factores que hoy restringen la cantidad de drones de ataque de largo alcance que pueden fabricarse. A eso se suma la dificultad para conseguir ciertos materiales necesarios para su construcción.

Trabajadores prueban un componente de un motor de turbina en la empresa PBS, en República Checa, en marzo de 2026. Crédito: REUTERS/Eva Korinkova.

La respuesta de Europa

Frente a esa demanda, varias compañías europeas están tratando de expandirse con rapidez. Algunas multiplicaron varias veces su producción en los últimos años, trabajan al límite de su capacidad e impulsan acuerdos con firmas ucranianas para desarrollar nuevos motores y avanzar hacia esquemas de coproducción. Otras empresas más nuevas también están entrando en este mercado, atraídas por una demanda que crece con rapidez y por la expectativa de que estos sistemas sigan ocupando un lugar central en la guerra moderna.

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