Mientras Estados Unidos sigue conquistando el espacio y vuelve a llegar a la Luna, China sufre un nuevo traspié en su carrera espacial. El primer lanzamiento del cohete Tianlong-3 de la empresa comercial china Space Pioneer fracasó tras sufrir una anomalía durante su fase de ascenso. El lanzador forma parte de un proyecto de cohetes reutilizables y podría posicionarse como la competencia directa del Falcon 9 de SpaceX.
Un golpe para Space Pioneer
El Tianlong-3 despegó el 3 de abril desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan. Poco después el cohete sufrió fallos en el ascenso, durante la prueba de encendido estático. Segundos más tarde, el cohete se precipitaba poco a poco al vacío.
La agencia estatal Xinhua confirmó el fallo con un breve comunicado publicado pocas horas después del despegue. La empresa se comprometió a investigar las causas específicas para garantizar el éxito de futuras misiones.
Además, la propia Space Pioneer emitió un comunicado donde incluyó una disculpa a sus socios y a los sectores de la sociedad interesados en el desarrollo de los vuelos espaciales comerciales. La compañía afirmó que trabajará para garantizar el éxito total de las próximas misiones de lanzamiento. La empresa no reveló si se perdió alguna carga útil.
Este cohete formaba parte de un conjunto de nuevos cohetes potencialmente recuperables desarrollados por entidades comerciales y estatales que se preparaban para sus vuelos inaugurales, entre ellos el Zhuque-3 y el Long March 12A, que alcanzaron la órbita con éxito, pero fracasaron en los intentos de recuperación de la primera etapa en diciembre.
SpaceX vs Space Pioneer: una carrera espacial
Con esto, China quiere entrar en la carrera de fabricación de cohetes parcialmente reutilizables, construyendo cohetes con etapas recuperables, más eficientes y económicos.
Técnicamente, el Tianlong-3 es un espejo del Falcon 9 Block 5, compartiendo una arquitectura de 70 metros de altura y un diámetro de 3,8 metros. Ambos vehículos utilizan una configuración de nueve motores en su primera etapa, los Merlin 1D en el caso de SpaceX y los TH-12 en el de Space Pioneer, alimentados por una mezcla de queroseno y oxígeno líquido para generar un empuje que supera los 7,600 kN.
Esta paridad se extiende a su rendimiento operativo, ya que ambos buscan una capacidad de carga de unas 22 toneladas en órbita baja (LEO) en modo no recuperable, integrando sistemas de aterrizaje vertical y aletas de rejilla para la reutilización, aunque el cohete estadounidense cuenta con la ventaja de ser un sistema plenamente activo y probado frente al estado experimental del prototipo chino.
La nueva tendencia de cohetes reutilizables
SpaceX, tras realizar su primer vuelo en 2010 y lograr el hito del primer aterrizaje vertical exitoso en 2015, ha consolidado al Falcon 9 como un sistema robusto con lanzamientos casi semanales y un historial que supera las veinte reutilizaciones por unidad, lo que le ha permitido liderar el mercado global con una fiabilidad probada.
En contraste, Space Pioneer, aunque logró un éxito significativo en 2023 con el Tianlong-2, convirtiéndose en la primera empresa privada china en alcanzar la órbita con combustible líquido, se encuentra actualmente en una fase de desarrollo crítico donde los recientes incidentes técnicos, incluyendo la anomalía del vuelo inaugural en abril de 2026.
El Tianlong-3 es fundamental para los planes de China de desplegar su propia “megaconstelación” de satélites de internet, similar al Starlink de la empresa de Musk, denominada Qianfan o “G60 Starlink”. Para que este proyecto sea económicamente viable, China necesita cohetes que puedan lanzar decenas de satélites a la vez y ser recuperados para reducir costes, exactamente el modelo que SpaceX ya domina.
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