Si no aparece ningún condicionante de último momento, hoy 1 de abril a las 19:24 hora argentina despegará desde el Centro Espacial Kennedy la misión Artemisa II, el vuelo que devolverá astronautas al entorno lunar por primera vez desde 1972. Será el debut tripulado del SLS y de la nave Orion, con una tripulación integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, que realizará un viaje de unos 10 días alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra. Para la NASA es el primer gran paso operativo hacia una presencia sostenida en la superficie lunar; para la Argentina, además, será el día en que un desarrollo nacional vuelva a quedar asociado a una misión histórica de espacio profundo.

Ese vínculo argentino tiene nombre propio: ATENEA, el CubeSat de la CONAE que viajará como carga secundaria en Artemisa II. No se trata de un acompañamiento simbólico ni de un experimento lateral sin peso técnico. La NASA seleccionó a la Argentina como uno de los cuatro socios internacionales que aportan CubeSats para la misión, junto con Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita, y definió para ATENEA una tarea concreta dentro del paquete científico: evaluar métodos de blindaje frente a radiación, medir el espectro de radiación alrededor de la Tierra, recolectar datos GPS y validar un enlace de comunicaciones de largo alcance. En otras palabras, mientras Orion lleva a la tripulación hacia el borde del espacio cislunar, ATENEA pondrá a prueba tecnologías que sirven para diseñar mejor las futuras misiones de exploración.
ATENEA es un CubeSat 12U desarrollado en la Argentina para operar muy por encima de la órbita baja y sostener comunicaciones a distancias de hasta 70.000 kilómetros, algo inédito para un microsatélite nacional. Su misión incluye medir radiación en órbitas altas y en espacio profundo, evaluar el comportamiento de componentes electrónicos en condiciones extremas, analizar señales GNSS por encima de las constelaciones de navegación y validar enlaces de comunicación de gran alcance con estaciones terrenas argentinas en Tierra del Fuego y Córdoba. En términos tecnológicos, no es solo un satélite que “viaja con la NASA”: es un demostrador de espacio profundo hecho en el país para probar capacidades que hasta ahora estaban fuera del alcance operativo argentino.

Espacio Tech vino siguiendo ese recorrido paso a paso, y esa secuencia hoy le da todavía más espesor al lanzamiento. Primero contó cómo la NASA cerró el acuerdo para llevar a ATENEA en Artemisa II; después mostró que el CubeSat argentino ya estaba en Kennedy Space Center para su integración; más tarde explicó, con testimonios de la FIUBA, la UNLP, la CONAE, VENG y otros actores del proyecto, qué significaba cumplir con los estándares de una misión tripulada; luego reveló el aporte del IAR en la precalificación electromagnética de las antenas para garantizar comunicaciones a 70.000 kilómetros; y finalmente siguió la cuenta regresiva que vinculó el regreso humano a la Luna con una pieza tecnológica argentina a bordo. Vista en conjunto, esa cobertura deja algo claro: el lanzamiento de hoy no es un rayo en el cielo, sino la culminación de un desarrollo nacional que llegó a la rampa después de meses de integración, validaciones y trabajo coordinado entre organismos, universidades y empresas.

La propia NASA subrayó que los CubeSats de Artemisa II serán desplegados en órbita alta terrestre y tendrán objetivos independientes de la misión primaria, lo que coloca a ATENEA dentro de una arquitectura internacional de ciencia y demostración tecnológica asociada a uno de los programas espaciales más ambiciosos del mundo. Y, como también remarcó Espacio Tech, que el CubeSat argentino haya sido aceptado en una misión tripulada tiene una exigencia adicional: en este tipo de vuelos, cada carga secundaria debe cumplir requerimientos especialmente estrictos de seguridad, compatibilidad e integración, porque nada puede comprometer a la tripulación ni interferir con el sistema principal.

La propia NASA subrayó que los CubeSats de Artemisa II serán desplegados en órbita alta terrestre y tendrán objetivos independientes de la misión primaria, lo que coloca a ATENEA dentro de una arquitectura internacional de ciencia y demostración tecnológica asociada a uno de los programas espaciales más ambiciosos del mundo. Y, como también remarcó Espacio Tech, que el CubeSat argentino haya sido aceptado en una misión tripulada tiene una exigencia adicional: en este tipo de vuelos, cada carga secundaria debe cumplir requerimientos especialmente estrictos de seguridad, compatibilidad e integración, porque nada puede comprometer a la tripulación ni interferir con el sistema principal.
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