Este miércoles 1 de abril abre la ventana de lanzamiento para Artemisa II, la misión de la NASA que volverá a llevar astronautas al entorno lunar después de más de 50 años. El cohete Space Launch System (SLS) ya aguarda en el Centro Espacial Kennedy para poner en órbita la nave Orion, que llevará a la tripulación a sobrevolar la Luna en un viaje de 10 días. El objetivo es probar el conjunto SLS-Orion con astronautas a bordo, validar el soporte de vida, la navegación y comunicaciones, las maniobras en vuelo y operaciones manuales, y el comportamiento general del cohete y nave antes de intentar un alunizaje completo.

Hoy la campaña está en su tramo final. A mediados de enero, el cohete se trasladó por primera vez desde el Vehicle Assembly Building (VAB) hacia la plataforma de lanzamiento dentro del Centro Espacial Kennedy. Allí, la NASA realizó un primer ensayo general de carga de combustible o wet dress rehearsal, que debió detenerse por una fuga de hidrógeno, que fue posteriormente recuperada. Sin embargo, en un segundo wet dress rehearsal el 21 de febrero, se encontró una obstrucción de helio, por lo que el conjunto de lanzamiento, cohete y nave, tuvo que ser trasladado nuevamente al VAB. Allí, los equipos localizaron una obstrucción de la etapa superior, reemplazaron baterías de vuelo y trabajaron también sobre un sello de la línea de oxígeno líquido de la etapa central. Con esas tareas completas, el SLS y Orion volvieron a la plataforma 39B el 20 de marzo y aguardan allí al despegue. Ahora, NASA mantiene como objetivo de lanzamiento la ventana que comienza el 1 de abril, con oportunidades adicionales hasta el 6 de abril.
Últimos pasos en la Plataforma 39B
En estos días, con el sistema de lanzamiento reparado y listo en plataforma, los trabajos pasan por la configuración final para vuelo. La NASA informó que los equipos están asegurando las interfaces de energía y comunicaciones entre el lanzador, la nave y la infraestructura de tierra. Ya conectaron las cestas de escape de emergencia y extendieron el brazo de acceso de la tripulación hacia la White Room, que es la sala donde esperan los astronautas previo a abordar el cohete.
Antes de entrar en la cuenta regresiva, la NASA todavía debe completar una serie de tareas de validación en la plataforma 39B. Entre ellas figuran los ensayos para comprobar la conectividad del sistema de terminación de vuelo, el circuito de seguridad que permitiría neutralizar el cohete si se desviara de su trayectoria y representara un riesgo para las personas e instalaciones en tierra. También deben realizarse pruebas de radiofrecuencia sobre la etapa principal y la nave Orion, para verificar que las comunicaciones, la telemetría y el intercambio de comandos funcionen correctamente entre el vehículo y los sistemas de tierra. A eso se suman los cierres finales del lanzador y de la nave, en donde se sellan accesos y paneles de trabajo, y preparan todo el conjunto para pasar al modo de lanzamiento.

Finalmente, dos días antes del despegue comenzará la cuenta regresiva formal, clásica de una campaña tripulada, pero muy exigente. Allí, en primer lugar, se energizarán Orion, la etapa central y la etapa superior ICPS (Interim Cryogenic Propulsion Stage), y se cargarán las baterías de vuelo. En particular, la ICPS es la etapa superior del cohete SLS, y es la encargada de realizar las maniobras que terminan de ubicar a Orion en órbita terrestre y luego la impulsan hacia la Luna. Luego, se hará el go/no-go para el llenado de los tanques: una serie de chequeos excluyentes que habilitan a comenzar el tanking. Posteriormente, se empezará la carga criogénica de oxígeno e hidrógeno líquidos en el cuerpo central y en la etapa superior. Más cerca de la hora H, la tripulación recibirá el informe meteorológico, viajará a la plataforma y abordará Orion unas cuatro horas antes del despegue. Por último, se cerrará la escotilla y se realizarán las verificaciones finales antes de las últimas encuestas de lanzamiento.
El viaje a la Luna
Tras el despegue, Orion y la ICPS quedarán primero en una órbita elíptica baja, y luego subirán a una órbita alta alrededor de la Tierra, a unos 70.000 km de altitud. Después de separarse de la ICPS, Orion no seguirá de inmediato su camino hacia la Luna. La tripulación primero comprobará los sistemas de la nave todavía “cerca” de casa. Luego, usará a la etapa superior como un blanco pasivo para una demostración manual de proximidad, en la que se acercará de manera controlada, maniobrará alrededor de ella y evaluará cómo responde la nave en una operación similar a las que serán necesarias en futuras misiones de encuentro con otros vehículos. Finalmente, Orion ejecutará la inyección translunar, seguirá una trayectoria de retorno libre y sobrevolará la Luna. En su regreso a la Tierra, realizará correcciones menores de trayectoria y un reingreso de alta velocidad.

Una misión secundaria con ciencia y tecnología internacional a bordo
Más allá de la Luna, Artemisa II también tiene una misión secundaria: aprovechará el viaje para transportar a cuatro CubeSats internacionales a la órbita terrestre alta, a 70.000 km de altitud. Estos pequeños satélites están desarrollados por agencias de países signatarios de los Acuerdos Artemisa:
- TACHELES, del Centro Aeroespacial Alemán (DLR);
- K-Rad Cube, de la Administración Aeroespacial de Corea del Sur (KASA);
- un CubeSat de la Agencia Espacial Saudi (SSA);
- y ATENEA, de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) de Argentina.
Todos ellos viajarán integrados dentro del Orion Stage Adapter (OSA), el anillo estructural que incorpora a Orion a la etapa superior del SLS. Una vez que la nave se separe de la ICPS y se encuentre a una distancia segura, los CubeSats se desplegarán en el espacio. Esos satélites no acompañarán a la tripulación hasta la Luna, sino que aprovecharán el entorno de órbita alta para hacer ensayos científicos y demostraciones tecnológicas útiles para futuras campañas de espacio profundo.

En particular, ATENEA es un CubeSat argentino de clase 12U, desarrollado por la CONAE junto con varias universidades e instituciones del ecosistema espacial argentino: la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martin (UNSAM), la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), y VENG. Su objetivo es validar componentes y procesos nacionales en un ambiente espacial mucho más severo que la órbita baja, más fácil de acceder y altamente investigada.
Según la NASA y los organismos argentinos involucrados, ATENEA va a:
- medir dosis de radiación con distintos niveles de blindaje,
- relevar el espectro de radiación alrededor de la Tierra,
- captar datos GNSS por encima de la constelación GPS para mejorar el diseño de futuras trayectorias, y
- validar un enlace de comunicaciones de largo alcance.
Para la Argentina, además, el proyecto es una oportunidad de maduración tecnológica para procesos, tecnología y profesionales locales, además de que le permite ganar experiencia en una misión real en diseño, integración, despliegue y operación de pequeños satélites en un marco de exploración lunar. En paralelo, también refuerza su posicionamiento internacional como socio tecnológico en una misión de alta visibilidad de la NASA y puede ampliar las posibilidades de futuras cooperaciones con otras agencias y actores del sector espacial.

Artemisa II: el primer paso hacia una presencia sostenida en la Luna, con ciencia de Argentina a bordo
Que ATENEA viaje en Artemisa II también le da una dimensión particular a la participación argentina al tratarse de una misión tripulada. En ese tipo de vuelos, cada elemento que viaja a bordo debe cumplir exigencias de seguridad, compatibilidad y validación mucho más estrictas, ya que nada puede poner en riesgo a la tripulación ni interferir con la misión principal. De esta forma, la NASA incorporó a la Argentina como socia tecnológica en una de las misiones espaciales más importantes de la década, dentro de una arquitectura diseñada con estándares especialmente altos por llevar astronautas a bordo.
Artemisa II será, en ese sentido, la misión que debe confirmar si el sistema completo concebido por la NASA para volver a la Luna está realmente listo para operar. El objetivo es demostrar que todo el conjunto puede despegar, llevar a cabo una misión tripulada en espacio profundo, rodear la Luna y regresar a casa, y todo eso con seguridad. Si la misión se concreta con éxito, Estados Unidos no sólo dará un paso decisivo hacia el regreso humano a la superficie lunar, sino que también quedará a la cabeza de la nueva carrera lunar, con la posibilidad de ser el país que finalmente establezca primero una presencia humana sostenida en la Luna.
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