Rusia ejecutó su mayor ataque aéreo contra Ucrania desde el inicio de la guerra, en una jornada que combinó una oleada nocturna con un inusual ataque masivo a plena luz del día. El nuevo balance difundido por Kiev y resumido en una infografía oficial elevó el total a 999 drones en 24 horas, con una tasa de 94,6% de blancos derribados o suprimidos, aunque la ofensiva igualmente dejó impactos, víctimas y daños en varias regiones del país.

Durante la noche previa, Rusia lanzó 34 misiles y 392 drones, de los cuales las defensas ucranianas informaron haber derribado o neutralizado 25 misiles y 365 drones. Horas después, Moscú añadió una segunda oleada con más de 550 drones en un raro ataque diurno de gran escala, un formato mucho menos habitual que las salvas nocturnas que se repiten casi a diario. En ese segundo tramo, la Fuerza Aérea ucraniana informó que logró neutralizar 541 de 556 drones.
El dato más llamativo de la jornada fue justamente el horario. La mayor parte de los ataques masivos rusos con drones de largo alcance suele ejecutarse durante la noche, cuando la detección visual es más difícil y la presión sobre la red eléctrica, las ciudades y la defensa aérea se multiplica. Esta vez, en cambio, Rusia sostuvo una oleada de gran volumen también durante el día, obligando a Ucrania a mantener activados de forma continua sus medios de intercepción sobre varios ejes del país.
Según las autoridades ucranianas, en la respuesta participaron aviación tripulada, drones antiaéreos, guerra electrónica y sistemas de defensa aérea terrestres. Esa combinación volvió a mostrar el modelo escalonado que Kiev viene utilizando para absorber salvas cada vez más grandes: misiles y sistemas de mayor costo para amenazas más complejas, guerra electrónica para desviar o suprimir drones, y medios más livianos para interceptar blancos de menor velocidad o menor firma. Aun así, Ucrania reconoció que hubo impactos confirmados en distintas zonas del país.
La amplitud geográfica del ataque también fue significativa. Hubo actividad sobre Kiev, daños en Lviv, donde resultaron heridas al menos 22 personas, y ataques en otras regiones del oeste y del centro del país. En Ivano-Frankivsk, autoridades locales informaron la muerte de un integrante de la Guardia Nacional y de su hija adolescente, mientras que en la región de Vinnytsia se reportó al menos un muerto y varios heridos. En Ternópil, además, se registraron ataques contra instalaciones energéticas.
El caso de Lviv fue uno de los más sensibles de la jornada. Materiales visuales difundidos tras los ataques mostraron el impacto de un dron sobre un edificio antiguo junto a una iglesia en el centro histórico de la ciudad, y autoridades locales señalaron daños en parte del complejo del monasterio bernardino, dentro del área protegida por la UNESCO. La ubicación del blanco volvió a mostrar que, aun con tasas altas de intercepción, una fracción de los drones logra atravesar la red defensiva y producir efectos en profundidad, incluso lejos del frente.
En términos operativos, la jornada volvió a dejar dos conclusiones. La primera es que Rusia mantiene capacidad para lanzar ataques de volumen muy alto, combinando drones de largo alcance y misiles sobre una ventana relativamente corta de tiempo. La segunda es que Ucrania sigue sosteniendo un nivel de eficacia elevado para degradar esas oleadas, pero a costa de una presión constante sobre sus medios de defensa aérea y sobre sus reservas de munición. Tras los ataques, Volodímir Zelenski volvió a reclamar más apoyo de sus socios y advirtió sobre el riesgo de déficit en sistemas antiaéreos mientras la atención de Washington se concentra cada vez más en Medio Oriente.
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