A 240 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, dos soldados de la unidad de reconocimiento de largo alcance de las Fuerzas Armadas noruegas eran casi imperceptibles entre los árboles durante el ejercicio Cold Response 2026 de la OTAN. La única señal de su presencia era un pequeño dron gris de primera persona posado sobre la nieve, el Skydio X10D, un sistema estadounidense que también opera en las fuerzas ucranianas. Esa imagen sintetiza el objetivo central del ejercicio: trasladar las lecciones de la guerra de Ucrania al teatro operacional más exigente del mundo.

Cold Response 2026, celebrado entre el 9 y el 19 de marzo en el norte de Noruega y Finlandia, reúne a 32.500 efectivos de 14 naciones aliadas. Es el primer ejercicio de este tipo bajo el paraguas Arctic Sentry, la nueva iniciativa de la OTAN para el Ártico lanzada en febrero de 2026, que por primera vez unifica toda la actividad militar aliada en la región bajo un mando coordinado único liderado por el Comando de Fuerza Conjunta de Norfolk, con coordinación directa entre NORAD, el Comando Norte de EE.UU. y el Comando Europeo de EE.UU. El ejercicio se conduce desde un cuartel general conjunto noruego-estadounidense en Reitan, cerca de Bodø, y opera en los dominios terrestre, marítimo, aéreo, cibernético y espacial de forma simultánea.
El Ministerio de Defensa noruego adjudicó en julio un contrato de 9,4 millones de dólares para adquirir el Skydio X10D. Un oficial noruego que participó en el ejercicio explicó sin identificarse el objetivo de la adopción: “Estamos intentando implementar las lecciones de Ucrania en Noruega. Para nosotros, se trata cada vez más de usar drones FPV y de reconocimiento, pero adaptados a nuestro entorno.” El Centro de Guerra Terrestre del Ejército noruego, responsable del entrenamiento y desarrollo de sistemas de armas, equipó a casi todas las unidades del Ejército con el Skydio durante el ejercicio para practicar maniobras de recopilación de inteligencia. El mismo oficial mencionó que hay interés en incorporar estos sistemas en operaciones contra objetivos de alto valor, aunque el entrenamiento con simuladores es reciente y aún no está formalmente integrado en los programas de instrucción.

El desafío técnico central de operar drones FPV en el Ártico es la autonomía de la batería. En condiciones normales, los drones FPV están configurados con baterías pequeñas que proveen cinco a seis minutos de vuelo, pensadas para ataques de corto alcance donde el objetivo ya fue identificado por drones ISR separados. En temperaturas polares, ese tiempo se reduce drásticamente. Noruega también probó durante el ejercicio un FPV de fabricación propia, construido con componentes de bajo costo, diseñado como drone de ataque unidireccional para transportar explosivos y medir su alcance operativo real.
Los Marines de EE.UU. sumaron su propio experimento. Probaron un FPV experimental provisto por la Universidad Johns Hopkins, equipado con una jaula protectora diseñada para el entrenamiento: impide que el sistema se destruya en colisiones, permite reparaciones rápidas en campo y reduce el costo de adquisición de competencias. Las tropas lo usaron en escenarios de fuerza contra fuerza, donde una fuerza amiga enfrenta a un adversario real. El sargento mayor Patrick Harrington, director del centro de excelencia en sistemas no tripulados de la 2a División de Marines, confirmó que la batería es también el principal obstáculo que enfrentan los estadounidenses en el Ártico y destacó el valor del intercambio entre aliados: “Hay interés en cómo cada país los usa, qué vuela, cómo los vuela.”

El general Lars Lervik, jefe del Ejército noruego, confirmó a Defense News que los drones de ataque y los robots terrestres no tripulados en roles tierra-tierra y aire-tierra están siendo evaluados de forma paralela al componente de reconocimiento. La apuesta más antigua sigue en pie junto a la más nueva: mientras los drones FPV buscan el objetivo desde el aire, los soldados de élite árticos construyen a mano quinzhees, cuevas de nieve de 1,5 metros de alto y 2 metros de ancho, para esconderse de los sensores de esos mismos drones. La guerra en Ucrania convirtió al dron FPV en una herramienta estándar. El Ártico es el primer laboratorio donde esa herramienta tiene que demostrar que funciona cuando el frío le quita la mitad del tiempo de vuelo.
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