Estados Unidos volvió a poner la lupa sobre la presencia espacial de China en América Latina. Un nuevo informe del Congreso norteamericano sostiene que lo que Pekín presenta como cooperación científica y tecnológica también funciona como infraestructura de apoyo para operaciones militares. En el centro de la discusión está una red de estaciones terrestres, radiotelescopios y sistemas de seguimiento que, según el documento, permitiría rastrear satélites y recolectar inteligencia en el hemisferio occidental.
La investigación fue publicada por el Select Committee on the Chinese Communist Party de la Cámara de Representantes, y afirma haber identificado al menos once instalaciones vinculadas a China en Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil. El texto, titulado Pulling Latin America into China’s Orbit, presenta estas capacidades como parte de una estrategia más amplia de “fusión civil-militar” y de expansión global del segmento terrestre chino, la infraestructura en tierra que permite comandar satélites, bajar datos y seguir objetos en órbita.

El informe de Washington
Es claro que tener satélites en órbita no sirve de nada si no se tienen antenas en tierra que reciban los datos y comanden la operación. El informe sostiene que China habría asegurado acceso a nodos clave en América Latina para mejorar sus capacidades para detectar, seguir y predecir movimientos de satélites y basura espacial. Para Washington, además de tener valor científico, eso también puede apoyar operaciones de inteligencia, contraespacio y planificación militar.
En su comunicado, el comité enmarca el tema como un riesgo directo para los sistemas satelitales de los que dependen comunicaciones, navegación y servicios críticos. Además, recomienda que la NASA revise cooperaciones para evitar violaciones a la “Wolf Amendment”, una restricción legal a la cooperación bilateral con China. Finalmente, sugiere que el gobierno estadounidense busque frenar la expansión de infraestructura espacial china en la región.
El informe agrupa tres tipos de infraestructura. Primero, las estaciones terrenas, con antenas que realizan telemetría, seguimiento y comando (TT&C). Éstas monitorean el estado de salud de un satélite, le envían órdenes y bajan datos. Segundo, los radiotelescopios, que en astronomía detectan señales muy débiles del espacio, pero también pueden contribuir a detectar emisiones y tareas de seguimiento de objetos en órbita. Tercero, los sitios de Satellite Laser Ranging (SLR), que miden distancias con pulsos láser reflejados por satélites y permiten calcular órbitas con gran precisión. En particular, el reporte afirma que esa precisión puede ser relevante para sistemas militares que requieren geodesia fina y referencias exactas.
Ubicada en China, una antena solo puede comunicarse con un satélite pasa relativamente cerca de su territorio y tiene contacto con él. Pero, cualdo los satélites pasan por el otro hemisfero, Pekín pierde el contacto. Para lograr cobertura casi continua, hacen falta estaciones distribuidas por el planeta, y América Latina es parte de esa lógica.
El caso argentino: Neuquén, San Juan y Río Gallegos
Argentina aparece como uno de los ejes del informe. El documento destaca la Estación CLTC–CONAE de Neuquén, parte de la red china de espacio profundo y operada en cooperación con la agencia espacial argentina. En la visión estadounidense, la preocupación no es tanto la antena, sino el control y la supervisión sobre qué tráfico se cursa y con qué fines.
Del lado argentino, hay información pública que describe un uso civil y científico. La CONAE explica que la estación brinda soporte de telemetría, seguimiento y control para misiones del programa chino de exploración lunar. También hay comunicados oficiales que muestran su uso como apoyo a misiones específicas, como el satélite Queqiao y el programa interplanetario hacia Marte.
Además de Neuquén, el informe menciona un proyecto SLR en el Observatorio Astronómico Félix Aguilar, en San Juan, y una estación en Río Gallegos vinculada a servicios satelitales comerciales. En este último caso, el documento afirma que el sitio tendría antenas en bandas X y C y lo conecta con empresas y personal que, según su análisis, tendrían lazos con estructuras militares chinas. Se trata de señalamientos que el comité presenta como parte de su argumento de doble uso.
Chile, Brasil, Bolivia y Venezuela: ciencia, datos y geopolítica
En Chile, el debate se cruzó con proyectos astronómicos y de procesamiento de datos. Un caso citado fue el de un observatorio chino en el desierto de Atacama, que quedó bajo revisión en medio de presiones políticas y cuestionamientos de seguridad. China, por su parte, defiende estas iniciativas como científicas y acusa a Estados Unidos de politizar la cooperación.
Brasil aparece asociado a cooperación académica y a proyectos de radioastronomía. A fines de 2025, por ejemplo, se anunció la creación de un laboratorio conjunto China–Brasil para tecnologías de radioastronomía. El informe del comité toma este tipo de infraestructura como potencialmente reutilizable para tareas de seguimiento de satélites y clasificación de emisiones, aun cuando su objetivo declarado sea científico.
En Bolivia y Venezuela, el foco pasa por estaciones de control de satélites ligadas a programas nacionales desarrollados con soporte chino. El reporte describe nodos TT&C como parte de una red regional más amplia. Además, sostiene que, una vez instaladas, estas capacidades pueden prestar servicios a terceros, desde control de satélites hasta apoyo a enlaces y transferencia de datos.
Un capítulo más de la competencia espacial global
El informe refleja un cambio de época, en el que las discusiones geopolíticas sobre poder ya no pasan solo por infraestructura militar terrestre, sino por bases o estaciones espaciales. La carrera espacial contemporánea no es únicamente por desarrollar cohetes reutilizables o llegar a la Luna. También es por la red de antenas y centros de cómputo que hacen funcionar a los satélites que orbitan allá arriba y permiten saber qué hay en el espacio.
Para América Latina, representa un problema a nivel tecnológico: la cooperación espacial con China trajo satélites, financiamiento, formación y capacidades locales en varios países. Sin estos vínculos, muchas naciones no podrían desarrollar esas tecnologías por cuenta propia. Pero el debate por el doble uso pone sobre la mesa dudas sobre la operación, los datos que circulan y los controles. Sin embargo, la mayor incógnita de todas será coómo se seguirá moviendo cada país entre dos potencias que hoy tratan al espacio no como un bien común abstracto, sino como un terreno central de su competencia estratégica.
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