A diez años del registro de la supernova SN 2016gkg, el astrónomo argentino Víctor Buso continúa siendo el único observador que capturó el inicio de una explosión estelar en tiempo real desde la Tierra. El fenómeno ocurrió en la galaxia NGC 613 y permitió documentar el llamado “shock breakout”, una fase extremadamente breve en la evolución de una supernova.

El registro se realizó en 2016 desde la terraza de su casa en Rosario, utilizando un telescopio de aficionado equipado con una cámara CCD (Charge-Coupled Device), que permite convertir las observaciones en imágenes digitales. Posteriormente, el hallazgo fue analizado por equipos internacionales y publicado en la revista Nature, convirtiéndose en un caso de referencia para el estudio de las fases tempranas de las explosiones estelares.

La precisión del momento estimado de la explosión es, a lo sumo, de tres horas. El progenitor pudo identificarse en imágenes de archivo del telescopio espacial Hubble del 2001.
La precisión del momento estimado de la explosión es, a lo sumo, de tres horas. El progenitor pudo identificarse en imágenes de archivo del telescopio espacial Hubble del 2001.

Un evento casi imposible de observar

Las supernovas marcan el colapso final de estrellas masivas. Sin embargo, la fase inicial de la explosión ocurre en escalas de tiempo extremadamente cortas. En particular, el shock breakout dura apenas unas horas, por lo que rara vez se observa de forma directa.

Lo más importante es que ese instante contiene información crítica sobre la estructura interna de la estrella. Cuando la onda de choque generada en el núcleo alcanza la superficie, se libera una enorme cantidad de energía en un aumento abrupto de luminosidad. Después de ese momento, la evolución de la supernova ya no permite reconstruir con precisión las condiciones iniciales. Por lo tanto, la mayoría de los estudios se basan en modelos teóricos o en observaciones tardías. En ese contexto, la captura de Buso representa un caso excepcional.

Una detección desde su hogar

El 20 de septiembre de 2016, a la medianoche, Víctor Buso, de oficio cerrajero y aficionado a la astronomía desde los 11 años, subió a la terraza de su casa en Rosario para probar una nueva cámara que había comprado para adosar a su telescopio de 40 cm de diámetro. Mientras tomaba imágenes consecutivas de la galaxia, detectó un aumento progresivo de brillo en una de las regiones. En un primer momento, consideró la posibilidad de un error instrumental. Sin embargo, la secuencia temporal mostraba un crecimiento consistente de luminosidad. Esa continuidad fue clave, porque permitió reconstruir la evolución del fenómeno minuto a minuto.

“Esa noche justo había comprado una cámara con más resolución y me puse a probarla sobre objetos que venía estudiando. Y cuando vi ese pixel… Uno por ahí tiene el temor de dar una falsa alerta; especialmente, porque en ese momento no brillaba como una supernova… Pero ser la única persona del mundo que ha podido ver esto es terrible.”

Luego, el material fue analizado por equipos del Instituto de Astrofísica de La Plata y del Instituto de Astrofísica de Andalucía. A partir de esos datos, se confirmó que se trataba de una supernova tipo IIb, originada en una estrella masiva que había perdido gran parte de su envoltura.

Ya que la observación comenzó antes del pico de luminosidad, los investigadores pudieron modelar el radio estelar, la temperatura inicial y la dinámica de la onda de choque. Ese nivel de detalle no era accesible con observaciones convencionales.

Qué cambió en la comprensión de las supernovas

El impacto del hallazgo no radica solo en la rareza del evento, sino en la calidad de los datos obtenidos. A diferencia de otros casos, la secuencia capturada permitió analizar directamente la física del instante inicial de la explosión.

En primer lugar, los datos mostraron que el brillo inicial evoluciona en escalas de horas, un comportamiento previsto por modelos teóricos pero nunca antes observado con ese nivel de detalle. Además de eso, la forma de la curva de luz permitió inferir el radio de la estrella progenitora, un parámetro que rara vez puede determinarse de manera directa.

Por otro lado, el análisis mostró que la envoltura estelar era más compacta de lo esperado para ese tipo de supernovas. Eso implica que los procesos de pérdida de masa en estrellas masivas pueden ser más complejos de lo que se asumía.

Como las supernovas son una de las principales fuentes de elementos pesados en el universo, entender su dinámica inicial resulta fundamental. Estos eventos no solo dispersan material al medio interestelar, sino que también condicionan la formación de nuevas estrellas y sistemas planetarios. En consecuencia, el registro permitió contrastar directamente simulaciones numéricas con datos reales, reduciendo la incertidumbre en los modelos de evolución estelar.

Un caso que redefine el rol de la observación amateur

El descubrimiento también destaca un aspecto clave de la astronomía moderna. A diferencia de otras disciplinas, el cielo puede ser monitoreado a múltiples escalas, incluso desde observatorios personales. Además, muchos fenómenos son impredecibles, por lo que contar con una red distribuida de observadores aumenta significativamente la probabilidad de registrar eventos transitorios. De hecho, varios programas internacionales incorporan estos aportes en sus sistemas de alerta temprana, integrando observaciones de aficionados y profesionales para capturar fenómenos astronómicos únicos.

Así, el registro de SN 2016gkg no solo constituye un hito científico, sino que marca un precedente. Desde una terraza en Argentina, una secuencia de imágenes documentó uno de los procesos más fugaces del universo, demostrando que la observación cuidadosa puede generar aportes de alcance global.

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Melina Blanco
Redactora colaboradora en Espacio Tech. Divulgadora científica especializada en astronomía y educación no formal, con experiencia en investigación, redacción y comunicación pública de la ciencia. Colabora con la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía en actividades de difusión, visitas educativas y producción editorial. Actualmente cursa la Licenciatura en Ciencias Físicas, integrando formación académica y divulgación para acercar el conocimiento científico a públicos diversos de manera clara, accesible y rigurosa.

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