Irán estaría cerca de cerrar con China la compra de misiles de crucero antibuque supersónicos CM-302, conocidos en el mercado de exportación como YJ-12E. De confirmarse, sería un salto para la capacidad iraní de amenazar buques de superficie en el Golfo Pérsico, en un momento de gran presión militar estadounidense en la zona.

Según fuentes con conocimiento de las conversaciones citadas por Reuters, las negociaciones vienen de al menos dos años. Estas conversaciones se aceleraron después del conflicto del año pasado entre Israel e Irán, que habría desgastado el inventario iraní. El informe añade, por un lado, que todavía no habría una fecha de entrega acordada. Y, además, que el Ministerio de Relaciones Exteriores de China dijo no tener conocimiento del asunto.
Un misil veloz, maniobrable e invisible para el radar
El CM-302/YJ-12E es un misil antibuque supersónico que busca reducir al mínimo el tiempo de reacción de las defensas navales. Diversas fuentes lo describen con un alcance de 290 km, coherente con el techo de 300 km que marca el umbral político del régimen MTCR (Missile Technology Control Regime) para exportaciones. El MTCR es un acuerdo voluntario entre paises para frenar la proliferación de misiles y tecnologías que podrían usarse para llevar armas de destrucción masiva. En ese esquema, 290 km es un rango de exportación que maximiza alcance sin cruzar ese límite cooperativo.
Sin embargo, este modelo se destaca por su perfil de ataque: está asociado a vuelo muy bajo sobre el mar en fase terminal, y a alta velocidad, lo que complica la detección temprana por el horizonte radar. Aun con sensores modernos, un blanco supersónico que aparece tarde deja pocos segundos para encadenar la secuencia de detección, clasificación, asignación de tiro y lanzamiento de interceptores. Fuentes abiertas también le atribuyen a este misil guiado inercial con apoyo satelital y buscador radar activo en la etapa final. Además, también se los asocia con maniobras evasivas terminales para degradar la solución de tiro del buque.
En lo que respecta a la velocidad, en misiles supersónicos antibuque, la velocidad real depende del perfil de vuelo. Agunos maximizan alcance con un tramo de vuelo alto y luego bajan a ras del agua, y otros priorizan penetración con trayectorias más bajas. Por eso, el rango de velocidades estimado suele ubicarse entre Mach 2,5 y 4, y no necesariamente sostenido durante todo el vuelo.
De cualquier forma, lo importante a nivel operativo no es en sí ninguna de estas caracteristicas por separado, sino su combinación: baja altura de vuelo, alta velocidad y guiado terminal autónomo.

Un panorama más amplio
En el tablero regional, la posible incorporación iraní de misiles CM-302/YJ-12E se interpreta como una capa más dentro de una estrategia A2/AD (anti-access/area denial) orientada a dificultar o encarecer la operación de fuerzas navales adversarias en el Golfo Pérsico y, en particular, en el estrecho de Ormuz. Irán ya sostiene su disuasión con una combinación de misiles costeros, drones, lanchas rápidas y una lógica de saturación que busca sobrecargar sensores e interceptores. Un misil antibuque supersónico reduce el tiempo de reacción defensivo y vuelve más exigente el último tramo del combate.
En ese marco, la amenaza crece sobre todo para buques grandes y de alto valor porque obliga a operar con paraguas de protección más robustos, con capas de escoltas y defensa aérea y, muchas veces, a mantener mayores distancias de seguridad. Especialistas y SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) señalan que una compra de este tipo implicaría una mejora significativa para un arsenal iraní que habría quedado presionado por los episodios recientes en la región.
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