El administrador de la NASA, Jared Isaacman, dijo que está interesado en reunirse cara a cara con su contraparte rusa, el director general de Roscosmos Dmitry Bakanov, y que además planea viajar a Baikonur para ver el próximo lanzamiento tripulado de una nave Soyuz hacia la Estación Espacial Internacional (ISS). La señal, aunque todavía preliminar, apunta a sostener el único proyecto espacial grande que hoy siguen compartiendo Estados Unidos y Rusia, la operación de la ISS. La declaración llegó días después del lanzamiento de la misión Crew-12 de SpaceX y demuestra que, pese al conflicto geopolítico, la estación continúa funcionando como un sistema mixto donde conviven astronautas de ambos países.

Isaacman habló del tema en una conferencia de prensa posterior al despegue de Crew-12, el 13 de febrero de 2026, desde Florida. La misión llevó cuatro tripulantes —dos de NASA, una astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y un cosmonauta ruso—, a convivir varios meses a la órbita terrestre baja (LEO). En ese marco, Isaacman planteó que le interesa “la primera oportunidad” para conversar con Bakanov y que su foco seguiría siendo la continuidad de la estación, que hoy tiene horizonte operativo hacia 2030.
El próximo despegue ruso hacia la ISS
El hecho concreto alrededor del cual se ordena esta posible visita es el próximo Soyuz MS-29. Se trata de un vuelo tripulado ruso que llevará al astronauta norteamericano Anil Menon y a los cosmonautas Pyotr Dubrov y Anna Kikina a la ISS en 2026, desde el cosmódromo de Baikonur. El Soyuz es el sistema ruso de transporte tripulado, compuesto por una nave con módulos orbital, de descenso y de servicio, y un cohete lanzador. Hoy en día, sigue siendo una de las rutas principales de acceso a la estación, junto con las naves estadounidenses, como la Crew Dragon. En la práctica, la ISS depende de que ambos sistemas sigan volando para asegurar rotación de tripulaciones, redundancia y capacidad de respuesta ante contingencias.
Si Isaacman concreta el viaje, sería un gesto poco frecuente a ese nivel. De hecho, el último administrador de NASA que asistió a un lanzamiento Soyuz fue Jim Bridenstine en octubre de 2018. En ese entonces, la misión Soyuz MS-10 sufrió un aborto en vuelo y la tripulación aterrizó de forma segura. Aquella visita también fue el último encuentro presencial entre jefes de NASA y Roscosmos durante años, hasta que en julio de 2025 el administrador interino de NASA, Sean Duffy, se reunió con Bakanov en Estados Unidos.
Desde 2022, las sanciones estadounidenses vinculadas a la invasión rusa a Ucrania restringieron el alcance de la cooperación bilateral y dejaron a la ISS como el canal de trabajo conjunto que sobrevivió a la crisis. En conversaciones y declaraciones públicas de 2025, Roscosmos deslizó interés en ampliar el vínculo más allá de la estación. Sin embargo, del lado estadounidense la prioridad es mantener la operación diaria, la seguridad y la transición ordenada hacia el final de vida del complejo.
Una estación de arquitectura segmentada
Vale recordar que la cooperación internacional en la ISS es fundamental puesto que la estación funciona como una arquitectura integrada. En la práctica, está compuesta por el Russian Orbital Segment (ROS), el segmento ruso, y el U.S. Orbital Segment (USOS), el segmento dirigido por NASA, Europa, Japón y Canadá. Esa interdependencia operativa involucra desde control de actitud y maniobras de mantenimiento orbital hasta provisión de potencia y soporte de sistemas. Por eso, ambos países sostienen acuerdos como el intercambio de asientos para asegurar presencia cruzada permanente y capacidad de respuesta ante fallas o problemas.
Isaacman y un panorama internacional más amplio
El posible acercamiento con Roscosmos también aparece en una agenda internacional más amplia para Isaacman. Días antes del comentario sobre Baikonur, el administrador se reunió con Josef Aschbacher, director general de la ESA, uno de los socios más importantes de NASA tanto en órbita baja como en exploración más allá de la Tierra. Según Aschbacher, “ambas agencias están alineadas” en objetivos compartidos que van de la Luna a Marte, pasando por la órbita baja. Así, mientras en el frente ruso el objetivo es sostener la ISS, con Europa el diálogo se proyecta a la próxima fase de exploración espacial.
Por ahora, la idea de que Isaacman se siente con Bakanov no cambia el mapa geopolítico espacial, pero sí se lee como un movimiento práctico. La estación seguirá en servicio varios años, y cada paso que reduzca fricciones entre agencias mejora el margen para operar de forma coordinada y segura. Además, permitirá planificar el cierre ordenado del programa cuando llegue el momento. Así, por ahora, la ISS es el proyecto que obliga a cooperar a EE. UU. y Rusia incluso cuando en la Tierra la relación está en su punto más tenso.
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