Inteligencia de Alemania detectó chips en drones rusos pese a las sanciones y Ucrania alerta por compras vía intermediarios

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El dron armado Geran-3, ensamblado en Rusia, causa un nuevo problema importante para los sistemas de defensa aérea operados por Ucrania. Crédito; Ministerio de Defensa Ucrania
El dron armado Geran-3, ensamblado en Rusia, causa un nuevo problema importante para los sistemas de defensa aérea operados por Ucrania. Crédito; Ministerio de Defensa Ucrania
  • Componentes alemanes, especialmente transistores de Infineon, aparecen en drones rusos usados contra Ucrania pese a las sanciones europeas.
  • La inteligencia ucraniana documentó 137 ítems de origen alemán en sistemas rusos y sostiene que parte del flujo se canaliza mediante intermediarios y empresas pantalla.
  • Se estima que Rusia podudo requerir cerca de 500.000 transistores alemanes en 2025 solo para producir drones Geran-2, lo que vuelve crítico el control de reventa de chips de uso civil.
Dron Geran de Rusia. Crédito: Policía Nacional de Ucrania.
Dron Geran de Rusia. Crédito: Policía Nacional de Ucrania.

Componentes electrónicos fabricados en Alemania siguen apareciendo en drones rusos empleados en ataques contra Ucrania, pese al régimen de sanciones aplicado desde 2022. Investigaciones periodísticas basadas en análisis de restos de UAV derribados identificaron transistores y otras piezas de origen alemán en plataformas como la familia Geran, incluyendo el Geran-5, lo que reabre el debate sobre cómo se filtran al complejo militar ruso chips de uso dual y de mercado masivo.

De acuerdo con Deutsche Welle, expertos vinculados a la inteligencia de Defensa de Ucrania revisaron componentes hallados en drones utilizados contra ciudades ucranianas y registraron una presencia recurrente de transistores de la empresa bávara Infineon Technologies. El relevamiento citado identifica además piezas de otros fabricantes alemanes, desde componentes pasivos hasta bombas, en distintos sistemas, con un patrón que ubica a los UAV como principal “destino” de estos insumos dentro del inventario ruso analizado.

El punto no es menor por dos razones operativas. Primero, porque los drones de ataque tipo Shahed/Geran se convirtieron en un vector de desgaste sostenido para Ucrania: su bajo costo relativo y su empleo masivo amplifican la demanda de electrónica confiable. Segundo, porque el tipo de piezas mencionadas, transistores, capacitores, inductores, transformadores, son productos de amplio uso civil, difíciles de trazar una vez que ingresan al circuito global de distribución.

Según el detalle atribuido a la DIU, los componentes alemanes identificados en material ruso suman 137 ítems, con Infineon representando una porción significativa del total. La inteligencia ucraniana sostiene que, si bien Rusia busca reducir dependencia de tecnología occidental, la ecuación entre disponibilidad, fiabilidad y estandarización hace que ciertos componentes europeos sigan siendo atractivos frente a reemplazos de menor calidad.

Sanciones, mercado civil y la grieta del reexport

Las empresas aludidas afirman cumplir con las sanciones y, en el caso de Infineon, señalan que las entregas a Rusia se detuvieron tras el inicio de la invasión a gran escala. El problema, plantean, aparece después: la reventa y el redireccionamiento a través de cadenas de distribución globales, donde productos diseñados para electrónica de consumo pueden terminar integrados en sistemas militares. En una respuesta citada por fuentes periodísticas, la compañía remarca la dificultad de controlar la reventa durante todo el ciclo de vida de bienes que se fabrican en volúmenes industriales.

En paralelo, la investigación citada indica que parte de estos componentes podría ser adquirida mediante intermediarios que ocultan la trazabilidad, ya sea triangulando por terceros países o utilizando estructuras comerciales en Europa para “blanquear” el punto de partida. Incluso se menciona la utilización de empresas pantalla como mecanismo para reducir exposición del circuito de suministro, un dato sensible para la política de control de exportaciones porque desplaza el foco desde la frontera externa de la Unión Europea hacia la fiscalización interna de compras y reventas.

Transistores alemanes en el sistema de control de un dron ruso mostrados a periodistas de DW por un empleado de la Inteligencia de Defensa de Ucrania. Créditos de la foto: Mykola Berdnyk/DW
Transistores alemanes en el sistema de control de un dron ruso mostrados a periodistas de DW por un empleado de la Inteligencia de Defensa de Ucrania. Créditos de la foto: Mykola Berdnyk/DW

Se estima que Rusia pudo requerir cerca de 500.000 transistores alemanes en 2025 solo para la producción de drones Geran-2, una magnitud que sugiere un abastecimiento sostenido más cercano a logística comercial que a “casos aislados” de contrabando. Si esa escala es correcta, el desafío para las autoridades europeas no se limita a detectar envíos directos, sino a mapear patrones de compra, reexportación y desvío de componentes de catálogo.

En el plano estratégico, el caso vuelve a exponer una tensión estructural: el régimen de sanciones intenta degradar capacidades militares rusas, pero la base tecnológica contemporánea, especialmente en UAV, puede ensamblarse con electrónica de uso general, adquirible en múltiples mercados y difícil de bloquear sin afectar cadenas legítimas. Por eso, el control efectivo suele desplazarse hacia inteligencia financiera, auditorías sobre distribuidores, listas dinámicas de “productos sensibles” y cooperación aduanera con países de tránsito.

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