Hoy, 5 de febrero de 2026, vence el New START, el último tratado que ponía límites a las armas nucleares de Estados Unidos y Rusia. En ese marco, el ex presidente ruso y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvedev, afirmó que Donald Trump “no quiere discutir” una prórroga. La realidad es que, si no hay reemplazo, el mundo queda sin reglas claras para contener una escalada en los arsenales.

Dmitri Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, en una reunión partidaria en Moscú.
Dmitri Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, en una reunión partidaria en Moscú. Crédito: Sputnik Pool Photo vía AP.

La advertencia rusa llega después de que el Kremlin dijera que Rusia había propuesto mantener por un año, de forma voluntaria, los límites centrales del acuerdo para ganar tiempo y negociar un marco nuevo, pero que no recibió una respuesta oficial de Norteamérica. La preocupación también escaló en Naciones Unidas. El secretario general António Guterres calificó la expiración como un “momento grave” para la paz y la seguridad internacionales y pidió retomar negociaciones urgentes.

Con el fin del New Start, ¿qué se pierde?

El New START era el acuerdo que evitaba que ambas potencias aumentaran sin control su capacidad de ataque estratégico. El tratado fijaba un máximo de 1.550 ojivas desplegadas por país y limitaba los sistemas que pueden llevarlas (misiles intercontinentales terrestres, misiles balísticos desde submarinos y bombarderos pesados) a 700 desplegados, con un tope adicional de 800 lanzadores en total, desplegados y no desplegados. Más allá del detalle de las cantidades, lo más importante era que había un esquema de control que reducía la incertidumbre sobre lo que cada parte tenía realmente en servicio.

El trasfondo de la no-renovación

La arquitectura de control de armas nucleares viene deteriorándose hace años, y este vencimiento deja un vacío justo cuando el clima internacional es más tenso. En la práctica, el problema no es que los involucrados desarrollen de un día para el otro. Lo que ocurre es que sin un marco vigente, se vuelve más difícil saber qué arsenales tiene cada nación y qué está haciendo, porque se pierden reglas comunes, mecanismos de transparencia y un canal formal para administrar la desconfianza. Eso aumenta el margen para malas interpretaciones y para decisiones tomadas “por si a caso”, una lógica que en el terreno nuclear suele ser peligrosa.

Con el New START ya vencido, el mundo entra en una etapa en la que el principal freno no es un tratado, sino la voluntad política de sostener límites y volver a sentarse a negociar. Y cuando el tema es el arsenal estratégico de las dos potencias con mayor capacidad nuclear, la ausencia de reglas no es un detalle diplomático, sino un agujero en la seguridad global.

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