El Ministerio de Economía compartió dos hitos muy importantes para el sector de la energía.
- En 2025, la balanza comercial energética cerró con el superávit más alto registrado, sumando US$ 7.815 millones.
- Diciembre de 2025 marcó la mayor producción de petróleo de la historia argentina, con 868.712 barriles por día.

Según un informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) del INDEC, en 2025, el sector de Combustibles y Energía exportó US$ 11.086 millones e importó US$ 3.271 millones. En contraste, en 2024, las exportaciones sumaron US$ 9.677 millones y las importaciones US$ 4.009 millones, marcando el máximo de los últimos 18 años. En paralelo, el récord de producción petrolera de diciembre viene acompañado de tasas de crecimiento que apuntan a continuidad, con un aumento del 2,3% mensual y del 14,8% interanual.
¿A qué le debe Argentina estos máximos?
Los dos récords llegan después de un aumento de la producción, y de la capacidad de exportación. En comercio exterior, el crecimiento se dio incluso con precios más bajos a nivel internacional. El INDEC atribuye el crecimiento a la exportación de más cantidades, un 28,5% más que el período anterior, que compensaron una baja de precios del 11,2%. Mientras tanto, las importaciones energéticas cayeron 18% interanual.
En producción, el récord de diciembre rompe otra marca reciente. Ya en octubre de 2025 se había informado un récord de 859.500 barriles diarios, superando un máximo histórico de 1998. En comparación, en 2024 el promedio anual había sido 717,1 mil barriles por día.
Contexto internacional
El contexto global en el que se dan estos récords hace que valgan el doble. Por un lado, el mercado del petróleo está condicionado por la geopolítica y la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que varían constantemente los precios y los márgenes. En general, tener un mayor volumen exportable ayuda, pero el ingreso no depende solo de producir más, sino de a qué precio se vende.
Por otro lado, Argentina está intentando cambiar su posición en el mercado energético, y pasar de años de déficit a un esquema donde los hidrocarburos y derivados aporten ingresos con continuidad. En esa lectura, el 2025 no quedaría como un máximo histórico, sino un capítulo de transición hacia una economía energética cada vez más sólida.
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