El 7 de enero de 1985, en Ginebra, Estados Unidos y la Unión Soviética reanudaron el diálogo tras cuatro años de Guerra Fría. El secretario de Estado norteamericano George Shultz y el canciller ruso Andrei Gromyko dieron comienzo a un nuevo ciclo de negociaciones sobre desarme nuclear y defensa estratégica, en plena disputa política por la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) de Ronald Reagan. La Casa Blanca buscaba desarrollar un escudo antimisiles, parecido al actual Golden Dome, mientras Moscú advertía que podía desbalancear la disuasión.
En ese momento, el tablero mundial estaba cerca del pico histórico de arsenales. El stock oficial de Estados Unidos individualmente en 1985 era de 23.368 ojivas. La URSS, por su parte, tendría unos 39.000 ejemplares. Era la época de los misiles con múltiples ojivas (MIRV), como los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) pesados soviéticos tipo SS-18 (R-36M) y los estadounidenses Minuteman III, y de una Europa tensionada por el despliegue de Pershing II y misiles de crucero.
El acuerdo político de Ginebra ordenó la agenda en tres ejes: las armas estratégicas nucleares de largo alcance (Strategic Arms Reduction Talks, START), los misiles nucleares de alcance intermedio (Tratado INF) y un tercer bloque sobre defensa y sistemas espaciales.

2026: menos ojivas, más incertidumbre
Hoy en día, el número total global de ojivas es mucho menor que en los años 80. Sin embargo, sigue siendo una cantidad preocupante para un mundo que supuestamente tendía al desarme. El Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) estima 12.241 ojivas en el mundo, con 9.614 en stock militar, 3.912 desplegadas y unas 2.100 en alerta alta, casi todas de EE.UU. y Rusia.
Como inventario total, incluyendo las ojivas retiradas esperando desmantelamiento, la Federation of American Scientist (FAS) estima que Rusia tendría 5.580 ejemplares y EE.UU. 5.044. Ambos contarían con alrededor de 1.700 ojivas estratégicas desplegadas. En cambio, el dato oficial de norteamérica para su stock, sin contar las retiradas, fue 3.748 en 2023. Rusia no ha publicado un equivalente.
El problema hoy es doble: político, porque no hay confianza, y técnico, porque todo se moderniza, sobre todo el armamento militar. New START, el último acuerdo grande entre Washington y Moscú, vence en febrero de 2026, pero ya funciona a medias. Rusia frenó la cooperación y las inspecciones quedaron trabadas, así que el control y la transparencia se desgastaron.
Mientras tanto, los dos renuevan su tríada nuclear: tierra, mar y aire. Estados Unidos apuesta a los submarinos Columbia, al nuevo misil terrestre Sentinel y al bombardero B-21. Rusia actualiza sus fuerzas con Yars, impulsa el ICBM pesado Sarmat y suma armas hipersónicas como Avangard.
Y ya no es un mano a mano, de hecho China es la que más crece. SIPRI estima 600 ojivas en 2025. India y Pakistán siguen ampliando capacidades, y Corea del Norte busca consolidar las suyas. En este escenario, la carrera no se mide solo por sumar ojivas, sino por qué tan rápido y preciso es el sistema, qué tan difícil es destruirlo y por el soporte que lo hace funcionar: satélites, radares, comunicaciones y sistemas de control.
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