El asteroide Bennu continúa dándonos gratificantes sorpresas. Según los últimos análisis, es una mezcla de materiales de nuestro sistema solar, pero también de mucho más allá.

En 2020, la nave espacial OSIRIS-REx de la NASA recogió muestras del asteroide. Y hace poco tiempo, mientras sobrevolaba la Tierra, dejó caer una cápsula con unos 120 gramos de material en nuestro planeta.

Pero ahora, un equipo de investigadores, coordinados por la Universidad de Arizona, acaban de presentar los resultados sobre la composición y la historia del asteroide.

Un primer informe revelador

Un primer informe, publicado en Nature Astronomy y liderado por UA-NASA, dice que los materiales de Bennu proceden de un asteroide “padre” más grande. Este se habría fracturado tras colisionar con otro, probablemente en el cinturón de asteroides que hay entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Este asteroide padre, surgido hace 4.000 millones de años, en plena formación del sistema solar, se ensambló con materiales cercanos al Sol y de otras estrellas.

Así, al examinar las muestras, el equipo halló abundante polvo estelar, “un material que existió antes de que se formara” el sistema solar. Este es fácilmente identificable por su inusual composición isotópica en comparación con los materiales formados en el sistema solar.

“Esos son pedazos de polvo estelar de otras estrellas que están muertas hace mucho tiempo. Y estos pedazos se incorporaron a la nube de gas y polvo de la que se formó nuestro sistema solar”, explica Jessica Barnes, coautora principal del estudio e investigadora en la Universidad de Arizona.

“Además, encontramos material orgánico que es altamente anómalo en sus isótopos. Probablemente se formó en el espacio interestelar. Incluso tenemos sólidos que se formaron más cerca del Sol. Por primera vez, mostramos que todos estos materiales están presentes en Bennu”, agrega.

Las similitudes químicas e isotópicas entre las muestras de Bennu y un asteroide similar, Ryugu, el cual la misión japonesa Hayabusa 2 analizó en 2019, y los meteoritos más primitivos encontrados en la Tierra sugieren que sus asteroides padres se formaron en una región del sistema solar temprano.

Los análisis también revelan que algunos de los materiales del asteroide progenitor sobrevivieron a diversos procesos químicos que involucraron calor y agua, e incluso la colisión energética que resultó en la formación de Bennu.

Dos estudios complementarios de Bennu

Pero, según un segundo artículo publicado en Nature Geoscience, la mayoría de los materiales se transformaron por procesos hidrotermales. En él se revela que los minerales en el asteroide padre probablemente se formaron, disolvieron y reformaron con el tiempo debido a las interacciones con el agua.

“Creemos que el asteroide progenitor de Bennu acumuló una gran cantidad de material helado del sistema solar exterior, que se derritió con el tiempo”, comenta Tom Zega, director del Laboratorio Kuiper-Arizona.

El equipo encontró evidencia de que los minerales silicatos habrían reaccionado con el agua líquida resultante a temperaturas relativamente bajas de unos 25 grados Celsius, o temperatura ambiente.

Ese calor podría haber persistido del propio proceso de acreción, cuando el asteroide progenitor de Bennu se formó por primera vez. O también pudo haber sido generado por impactos más tarde en su historia, posiblemente en combinación con la descomposición de elementos radiactivos en su interior. El calor atrapado podría haber derretido el hielo dentro del asteroide.

“Ahora tienes un líquido en contacto con un sólido y calor; todo lo que necesitas para comenzar a hacer química. El agua reaccionó con los minerales y formó lo que vemos hoy. Estas son muestras en las que el 80 % de los minerales contienen agua en su interior. Fueron creadas hace miles de millones de años cuando el sistema solar aún se estaba formando”, detalla el científico.

Por último, un  tercer artículo, también en Nature Geoscience, y realizado por la NASA y la Universidad de Purdue (Estados Unidos), afirma que el asteroide recibió impactos de micrometeoritos que se sumaron a los efectos del viento solar –lo que se conoce como “meteorización espacial”– porque Bennu carece de atmósfera.

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